Diana Matos es médica especialista en Emergencias y Desastres.
Diana Matos es médica especialista en Emergencias y Desastres.

“¿Voluntarios?”. Esta interrogante trazó una línea. Un momento que estaba esperando. Un tiempo para el que se preparó. Si cruzaba esa línea, era como ir a la guerra. Esa línea tal vez dividía la vida de la muerte. Ella alzó la mano y la cruzó. Así fue el día cero de Diana Matos, cuando se puso el traje para ser parte del equipo que lucharía contra el COVID-19 en el hospital donde laboraba al inicio de la . Especialista en Medicina de Emergencias y Desastres, hoy es coordinadora de Hospitalización y UCIN (Unidad de Cuidados Intermedios) del hospital de Ate y trabaja en dos clínicas limeñas.

En 1990 no solo dejó el poder Alan García y entró Alberto Fujimori. Aquel año, en Chile, Los Prisioneros publicó Corazones, y en Lima, Voz Propia lanzó El sueño. Bandas que podríamos hallar en el playlist de la doctora Matos, que antes de la Medicina tuvo como opciones la y la ciencia política. Ella también es cantante, aunque prefiere que le digan gritante de rocknroll. Alias La Gringa, Perra Vida y Dr. Didi son parte de su geografía personal. Y en 1990 también nació Diana Matos.

MIRA: José-Carlos Mariátegui sobre la obra de su abuelo: “Ayuda a entender el presente y el futuro”

-¿Cómo están en la denominada primera línea?

En un tsunami, una segunda ola bien grande. Se esperaba la segunda ola, pero no sabíamos que se iba acelerar tanto. Es una consecuencia de las reuniones familiares de Navidad y Año Nuevo, porque 15 días después, se presentan un montón de casos. Es estresante conseguir camas. Pero es un trabajo en equipo.

-¿Comparativamente al año pasado, en qué etapa estamos?

Como en mayo, sin camas.

-Han pasado 10 meses desde que empezó el estado de emergencia por la pandemia. ¿Cómo sintetizar lo vivido?

Es como una guerra que se vive un día a la vez. Ha sido como meterte a tus miedos y luego darte cuenta, día a día, que no pasa nada mientras estés bien protegida.

-¿No dudaste?

Hemos sido preparados para esto. Incluso, yo quise ser médico sin fronteras, que van a las zonas donde hay epidemias, a los desastres. Desde el día uno trabajé con todo, enfrentándolo. Yo tengo una analogía, que esto es como escalar una montaña: ves el pico de la montaña, paso a paso te vas dando cuenta de cómo llegar, es fuerte; pero cuando llegas, es una sensación increíble de satisfacción. Han sido meses de miedo, de incertidumbre, de caminar sola por la calle. Es un día a la vez.

-¿No te contagiaste?

Hasta ahora no, felizmente. Yo me cuido. No le tengo miedo al COVID, le tengo respeto. Uso mascarilla, me lavo las manos y como bien. Imagina que tu cuerpo es un Ferrari al que lo harás correr una carrera: ese Ferrari debe tener la mejor gasolina, el mejor aceite. Entonces, mi dieta básicamente es vegetales, frutas, nada de gluten, cero azúcar, cero alcohol. Trato de que mi alimentación, mi sueño, mi humor estén muy bien. Quienes tienen mala alimentación y viven estresados son los que terminan en ventilación mecánica. Entonces, yo preparo mi Ferrari dándole lo mejor.

-Debes de haber vivido episodios difíciles.

Como la primera vez que se murió una persona en mis manos. Tenía el 100% del pulmón comprometido, quise entubarlo pero no soportó. Fue una impotencia, pero conversando con la familia, el señor ya había estado enfermo una semana y no lo habían llevado al hospital.

-¿Qué se hace en ese momento?

Di todo lo que pude. Entiendo que la muerte es parte de la vida. Mi función es darlo todo y evitar la muerte. Otra cosa que me tuvo enojadísima es el sistema de salud. Al principio de la pandemia, trabajé en un hospital al que tuve que renunciar, porque no nos querían dar equipos de protección, no nos querían cambiar de mascarilla. Ese abandono hacia el médico era lo que más me daba cólera. Hoy en el hospital que trabajo en Ate y en las clínicas tengo trato A1, tenemos todos los equipos, todo lo necesario.

MIRA: Alina Gadea, escritora: “Es una decadencia del arte entrar en la compostura”

-Hablamos de que esta pandemia es como una guerra. ¿El COVID es el único enemigo?

No. El enemigo también es el ego. Si pensáramos en comunidad, no estaríamos así. El problema es “yo quiero salir de fiesta, porque yo estoy estresado”. No entendemos que las consecuencias de nuestra falta de empatía es el caos. Si fuéramos comunidad, nos preocuparíamos en usar bien la mascarilla. Hay gente que simplemente no cree en las mascarillas, no cree en las vacunas y te dicen “lo siento, yo estoy bien”. El lunes un señor que toma cloro me dijo que quería que le dé cloro a su familiar porque él estaba bien. Es ese egoísmo el que nos está destruyendo. La gente piensa que hay medicinas mágicas; la única sería la vacuna. Hay que pensar en cómo resolver esto con sentido de comunidad.

-¿Por qué elegiste emergencias y desastres?

Cuando era interna me desesperaba ver la indiferencia; ver que una persona se está muriendo y que no haya cardiólogo de guardia. Todo lo que sea salvarle la vida a una persona en segundos era la medicina de emergencia, y me fascinaba. Es adrenalínico y gratificante.

-¿Primero fue la música o la curiosidad por la medicina?

La música. La primera vez que vine a Lima por un partido de básquet estaba en Miraflores y vi un concierto de punk, vi un pogo en el bowling, y dije: “Qué es esto, cómo se llama, cómo se hace, que alguien me diga” (risas). Aprendí lo que era el punk. Aprendí de Leusemia, Narcosis. Luego fui a los conciertos en Arequipa, donde hay una banda que se llama Los Flechados. Y comencé a caer a las tocadas. A la par, quería estudiar Medicina. La primera banda que me atreví a hacer fue en 2012, cuando yo estaba en medio del internado. Lo que más me encantaba era terminar la guardia e irme a ensayar con mis amigos.

-¿Por qué no elegiste estudiar Música en vez de Medicina?

Mis opciones eran Música, Ciencias Políticas y Medicina. También quise ser monja, pero comencé a escuchar reggae (ríe) y me ganó, porque me comencé a cuestionar. Entonces, me incliné por la Medicina, porque era una forma de ayudar y porque me encanta la ciencia. Veía a la gente entrar al laboratorio de Química, de Anatomía y pensaba que eso quería.

-¿La música suma en cómo eres como doctora?

Claro que sí. A veces los médicos somos muy fríos. Yo creo que la música te da una sensibilidad mayor, y también para pensar de una forma más holística, que ha permitido que yo no solo piense en ciencia, sino también en cómo está tu alma. La música cura.

-¿Qué discos te han curado?

Los de Sumo. Para mí, Luca Prodan es un chamán.

-Sumo también es denso.

Sí, pero tiene mensajes.

-¿De qué te curó la música?

Del alma. El lunes llegué del trabajo estresada y mi novio puso Ave de paso de Voz Propia. Sentí que la música me estaba abrazando. Es más, me sentí en el Centro de Lima, a las 3 de la mañana, mirándolos tocar en vivo. Y fue lindo.

-Ese disco tiene una canción que se llama “Mil muertes”.

Sí (risas). Siempre dark.

MIRA: Julio Suaña: “El Titicaca me da energía, esperanza, amor, es la vida”

AUTOFICHA:

- “Soy Diana Lucía Matos Zegarra. Nací en 1990, Arequipa. Estudié Medicina en la U. Católica Sta. María. Hice internado en el Honorio Delgado y servicio rural en Mejía. En 2015, postulé a la residencia en el hospital de la FF.AA., en Lima, para Medicina de Emergencias y Desastres”.

- “Hice varios cursos y el último fue virtual sobre ventilación mecánica en COVID de Harvard. Trabajo en el hospital de emergencias de Ate, soy la coordinadora de hospitalización y UCIN, y en las clínicas Anglo Americana y Sanna del Golf”.

- “Mi primera banda la hice en 2012, se llamó Alias La Gringa. Vine a Lima y quise hacer un proyecto solista y empecé Dr. Didi. Pero me pasaron la voz para una banda hardcore y así con Perra Vida sacamos un EP que tiene una edición en vinilo, luego un CD que se llama Eterno retorno. Paramos y saqué el disco de Dr. Didi”.

ESTE VIDEO TE PUEDE INTERESAR

Es viral luego de intentar robar auto sin desactivar freno de mano

TE PUEDE INTERESAR

TAGS RELACIONADOS