El explora la bancarrota. Conocer la noticia de que la productora circense más grande del mundo está a punto de desmoronarse es una ilustración de la gran crisis provocada por la pandemia del nuevo coronavirus. Apenas han pasado tres meses para que el imperio de la ilusión toque fondo.

Fundado en 1984 en Canadá, el Circo del Sol parecía no tener techo. Con más de 270 espectáculos al año producidos en distintos países en simultáneo, la productora ha recibido innumerables galardones. Y se lo debe a la innovación. En 2017, el Perú disfrutó de su espectáculo inspirado en la banda Soda Stereo y hace unos meses estrenó en España un show sobre el argentino Lionel Messi. En total, una veintena de programas estaban de gira hasta antes de la pandemia. ¿Por qué la hecatombe?

No todo ha sido culpa del . La empresa arrastra desde 2015 una deuda de 815 millones de euros. Y en este escenario complicado, agravado por las disputas entre sus fundadores e inversionistas, llegó la crisis. Es de temer: actualmente el 95% de sus 5,000 trabajadores en Canadá han sido despedidos temporalmente. A ellos hay que sumar a los artistas y técnicos que estaban de gira. , logrando que las funciones pactadas no sean canceladas sino solo suspendidas. Por ahora, aún respiran, pero el futuro es incierto.

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HISTORIA MILENARIA

Así como en Cien años de soledad, José Arcadio Buendía amaba cuando el circo llegaba a Macondo porque por fin podía ver qué novedades le traía Melquiades, las compañías circenses no solo han sido sinónimo de entretenimiento, sino también de novedades. Su origen se remonta a las antiguas civilizaciones, pero serían los romanos quienes bautizarían con el nombre de circo a ciertas actividades de ocio. Ya en el Renacimiento cobrarían un importante interés en la población y las compañías comenzarían a recorrer las ciudades. Animales, carpas, inventos y malabaristas eran las principales atracciones. El primer circo, tal como lo conocemos hoy, sería inaugurado en 1768, en Inglaterra.

Con una historia milenaria y cambios profundos (como dejar de usar animales en sus actos), el circo sigue siendo una de las expresiones artísticas que fascina a la humanidad.

Y hay una explicación. “El circo históricamente se ha sobrepuesto a guerras mundiales, catástrofes nacionales, conmociones políticas, hambrunas, plagas. Y justamente aquellos circos que han estado en los momentos difíciles cerca del público son los que, a través de la historia, han marcado los rumbos del arte circense”, explica Fernando Zevallos, director de La Tarumba, la compañía circense más importante del Perú.

ACTO DE SOBREVIVENCIA

Fundada en 1964 por un grupo de jóvenes artistas liderados por Zevallos, la aventura de ha recorrido casi todas las regiones del país, Latinoamérica y Europa. Y no es solo un circo. También ha operado como un gran laboratorio de artistas. No han parado nunca, ni siquiera en las épocas más funestas de nuestra historia reciente, pero ahora la situación es distinta.

“Es algo que nunca imaginamos, pero nos hemos dado cuenta de que tenemos la capacidad de reinventarnos. Es una época dura, en la que se tiene que priorizar la condición de los artistas sobre la de las empresas. Esa es la gran diferencia cuando un proyecto es auténticamente artístico, como el de La Tarumba”, dice.

Zevallos nos cuenta que pronto “se acabarán los ahorros de La Tarumba”. Prefiere no mencionar una cifra; “es mejor no pensar en eso”, señala con una carcajada nerviosa que da señal de que hay cuentas por vencer. “Durante la temporada de Fiestas Patrias en la carpa hacemos más de cien funciones y luego nos vamos a provincia. Este año no será así, no sé por qué me río”, se pregunta. Además de la suspensión de funciones y ensayos, los talleres dictados por la compañía también han tenido que parar.

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En este contexto, Zevallos agradece a los trabajadores de La Tarumba. “Lo están entregando todo, es algo digno de aplauso. Ellos saben que si ahora la estamos pasando difícil es importante continuar juntos. Nos vamos a recuperar”, confía.

A fines de mayo el Gobierno anunció que orientará 50 millones de soles para fortalecer las industrias culturales afectadas por la crisis. Se trata de su primera gran reacción hacia este sector. Este letargo para Zevallos tiene una explicación: en el Perú no se protege a los artistas. “El Ministerio de Cultura tiene que asumir su responsabilidad. Cincuenta millones puede sonar a mucho pero para un país como el nuestro no es nada. Los artistas nos tomamos meses de trabajo, tenemos que crear, producir, vender el espectáculo. ¿Qué pasa con los músicos, danzantes, retablistas, tejedores?”, reclama.

A pesar de todo, La Tarumba no deja de crear. Para Fiestas Patrias estrenará un espectáculo virtual que resaltará el rol del artista en esta crisis. Zevallos está ultimando los detalles del menú circense, pero planea hacerlo gratuito. Además, anuncia con alegría que pronto se reabrirán de forma también digital los talleres de teatro, circo y música. “Es que los artistas no podemos estar quietos”, dice, volviendo a lanzar una carcajada, esta vez sin miedo.


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