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"Pensaba que morir era como irse volando a un lugar desconocido. Una noche hablamos de la muerte, pero solo fue una vez. Temíamos pronunciar esa palabra".

En 1985, una periodista bielorrusa llamada Svetlana Alexiévich entregó a las autoridades un libro que acababa de terminar y cuyo nombre era La guerra no tiene rostro de mujer. El volumen reunía cientos de testimonios de mujeres que habían participado en la Segunda Guerra Mundial. Por ese entonces la URSS aún no se derrumbaba, por lo que un libro como el de Alexiévich era peligroso para las autoridades: los censores argumentaban que después de leerlo nadie querría ir a la guerra a defender al país, que la narración estaba afectada por un "primitivo naturalismo" que según ellos humillaba y degradaba a la mujer heroína, que según la historia oficial era una santa aséptica invisibilizada de las grandes hazañas y de las batallas decisivas para alcanzar la victoria.

A pesar de las críticas, el trabajo de Alexiévich se publicó y fue un polémico éxito en la Unión Soviética de esos años de Perestroika. Por primera vez alguien se atrevía a relatar el espanto, la suciedad, los abusos sexuales y esa atmósfera de sangre, vodka y podredumbre que rodeó el esfuerzo sobrehumano de un millón de mujeres que lucharon del lado del Ejército Rojo durante toda la contienda.

Al igual que en Voces de Chérnobil, otra de sus obras maestras, Alexiévich realizó una extensa investigación que comprometió multitud de entrevistas a muchas de las implicadas en aquella devastadora conflagración. Con ese ingente material construyó una obra coral que nos muestra el decisivo papel que esas mujeres tuvieron contra el enemigo nazi: desde las trincheras, hospitales, cuarteles, morgues emergen sus voces para relatarnos el otro lado de la guerra que se prefirió mantener oculto, dorándolo con imágenes estilizadas, condecoraciones y un estratégico olvido.

Alexiévich, quien ganó el Premio Nobel el año pasado por el conjunto de su extraordinaria obra (que poco a poco se ha comenzado a publicar en castellano), narra esta historia, a través de sus protagonistas, con inextinguible sorpresa y admiración al entender que a pesar del horror del conflicto estas mujeres nunca perdieron un ápice de su dignidad y de su femineidad, que nunca se amedrentaron ante la perspectiva de enfrentar a un adversario salvaje y cruel, y que en su disposición por contar sus vidas realizan un postrero acto de valentía: "recordar asusta, pero no recordar es mucho más terrible".

En el 2002, Alexiévich revisó este libro e incluyó no solo los fragmentos que las autoridades soviéticas habían censurado, sino también aquellos que ella misma se había inhibido de incluir. Esta nueva edición reúne, en toda su dimensión, aquella voluntad de cientos de miles de mujeres por vencer a la gangrena de la guerra, por liberar a su patria de la destrucción y sus heraldos, por no dejar de ser ellas mismas en una circunstancia terrible que las empujaba a su misma deshumanización. Estamos ante un libro hermoso, duro, brillante. Ante una lectura tan obligatoria como luminosa.

FICHANombre: Svetlana AlexiévichObra: La guerra no tiene rostro de mujer. Debate, 2015. 364 pp.Relación con el autor: ninguna.Puntuación: 5 de 5 estrellas