notitle
notitle

Hace unos diez años, más o menos, cayó en mis manos Viajes de perro, un libro de crónica de Rafo León (Lima, 1950), de cuya lectura guardo un buen recuerdo. Con una prosa concisa y sugerente, narraba dos travesías paralelas: una física, que lo trasladaba por diversas ciudades y paisajes; y otra introspectiva, caracterizada por un espíritu depresivo que buscaba en el consumo del alcohol y las drogas el dinamismo vital que la realidad parecía negarle. Se evidenciaba en sus páginas una notable capacidad para plasmar sus estados de ánimo y hacer convincente el viaje interior por el que conducía a sus lectores.

Con estos buenos antecedentes, me animé a leer el nuevo libro de León, Cualquiera daña a otro, un conjunto de relatos que giran en torno a una galería de personajes que han sobrevivido a experiencias nefastas –la muerte, la traición, la locura– y deben decidir entre proseguir arrastrando su dolor o hacer frente, de maneras poco ortodoxas, a la adversidad. El problema es que, aunque algunas de las premisas de estas historias son llamativas, el resultado final deja mucho que desear.

El primer relato, que da nombre al libro, es el mejor. La historia de la pareja que va a pasar unas vacaciones a Guatemala funciona bien y el desarrollo psicológico del protagonista ante una situación que se va tornando cada vez más dramática es convincente, a pesar de un final que pretende ser anticlimático y quizá sea demasiado grueso. De ahí el volumen se va en picada. La primera dificultad que se presenta son los errores de León para modelar y articular a sus personajes. Confunde casi siempre la parodia con el estereotipo y eso termina costándoles caro a la verosimilitud y efectividad de sus narraciones, como sucede en "Levítico", que repasa de manera puntillosa todos los clichés imaginables sobre el mundo de la pornografía gay.

Otros inconvenientes son la extensión y el lenguaje recargado con los que León ha elaborado estos relatos. Siendo estos de anécdotas poco complejas, cuando no completamente superficiales y de escaso alcance; la manera en que son narrados los vuelve pesados y tediosos: las descripciones minuciosas de los escenarios y las digresiones hacen la lectura fatigosa y por momentos uno siente que la narración no va hacia ningún lado. Debo decir que hace mucho tiempo que no me había costado tanto terminar un libro de cuentos ni me he sentido tan reiteradamente tentado a abandonar la lectura como con Cualquiera daña a otro.

Pero donde estimo que Rafo León ha cometido su mayor equivocación es en los diálogos. Explicativos y disforzados, cuando no simplemente increíbles, como en aquel momento de "Ancón / La Arena", en que la madre de clase alta rapta al hijo de una familia pobre diciéndole "Yo soy de Lima y vengo a buscarte, porque estoy buscando a Miguel, el hijo de mi corazón", por dar un ejemplo entre muchos. Estamos ante un libro fallido, del que hay muy poco que rescatar, y que es claramente inferior a las crónicas que Rafo León suele entregarnos y que constituyen el género donde ha alcanzado sus más altos picos expresivos.

SOBRE EL AUTOR

*Rafo León, Cualquiera daña a otro. Planeta, 2015. 211 pp.

Relación con el autor: ninguna.

Puntuación: 1.5 de 5 estrellas.