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Aunque estos tiempos parecen ser más propicios para nuestra narrativa, la poesía peruana continúa subsistiendo y dando, esporádicamente, muestras de vida frente a un sistema indiferente y hasta adverso para su desarrollo. La escena local, constituida por grupúsculos casi fantasmales que se conforman con repetir de mala manera los mismos gestos de rebeldía de sus antecesores, que juegan a un parricidio cada vez más predecible (y puramente nominal, pues siguen enclaustrados en las mismas poéticas de los años sesenta y setenta), brinda, no obstante, algunas voces valorables que brotan como solitarios arbustos en el páramo. En una ocasión anterior comenté a uno de ellos, Roberto Valdivia, autor de un buen libro: Mp3. Esta vez el poeta por reseñar es Fernando Pomareda (Lima, 1980), quien acaba de publicar un libro de interés con un título bastante sugerente: La máquina de matar fascistas.

Este es el segundo poemario de Pomareda. El primero, Lurigancho (2010), es una breve colección de poemas en prosa que giran en torno a escenas y recuerdos ocurridos en los barrios periféricos y más deprimidos de la capital. Viñetas familiares, evocaciones de calles polvorientas, hogares repletos de objetos viejos y amados caracterizan estos textos, cuyo mayor mérito es un eficaz trabajo con la imagen, y su más visible limitación la ausencia de una idea definida que estructure un discurso que le dé sentido a esa visión del pasado y de las cosas que lo componen. La máquina de matar fascistas es, en ese sentido, un paso adelante, aunque no consolide del todo el trabajo de este joven escritor.

El libro es, en realidad, un largo poema de título homónimo, escrito en prosa y dividido en tres estancias, seguido por una sección (cinco poemas de amor fascista) de pequeños poemas que revisten menor interés. El texto principal es considerado por Pomareda como una especie de manifiesto, pero es más bien una crónica suburbana que parte de las visiones de un pasado violento y cruel que se entremezclan con el mundo de la infancia ("las nuevas plastilinas y los nuevos ataúdes") hasta llegar a un presente donde la convulsión social y la desolación personal se contrastan y, a la vez, se anudan en un paisaje urbano de cerros y escaleras.

Si bien hay un avance respecto del libro anterior, así como rastros del afianzamiento de una voz más propia y personal, sigue siendo patente la influencia de Antonio Cisneros, cuya retórica Pomareda maniobra para erigirse como cronista de los arrabales, los arenales y los muros derruidos. Los fascistas a los que se refiere no son enemigos de camisa negra y saludo romano, sino los fantasmas que la sociedad e historia han creado para un enfrentamiento final en el que el yo poético se inmola junto a Santiago, su compañero de aventuras, con quien "el amor ha iniciado bajo la lluvia".

Si bien en general el poema es satisfactorio, no está libre de irregularidades. Hay estancias que pudieron trabajarse de mejor manera y que se resuelven con facilismos e improvisaciones que dañan una construcción en general elaborada con criterio y paciencia. Esas son cuentas pendientes que Pomareda debe tener presentes en sus próximas entregas.

FICHA

  • Fernando Pomareda*
  • La máquina de matar fascistas. Estruendomudo, 2015, 51 pp.
  • Relación con el autor: ninguna.
  • Puntuación: 3/5 estrellas