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"No vengo de ningún lado. El mundo es una cueva, un corazón de piedra que aplasta, un vértigo plano. Cuánto hay que cavar para dar con el desprecio, para hacer que mis días ardan". De esta manera comienza La débil mental, segunda novela de Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) que puede ser definida como un poético puñetazo en el estómago. En efecto: se trata de un libro bello y peligroso que desde la primera página no permite sosiego al lector. Apenas nos adentramos en él somos inevitablemente hipnotizados por una prosa entrecortada, cautivante e intensa que no decae nunca y nos conduce por los violentos y enrarecidos caminos de la relación entre una madre y su hija, quienes han elegido una lenta y amorosa autodestrucción.

El libro principia con un monólogo dislocado pleno de delirio e impudor que va a persistir a lo largo de todo el texto, pero que en algunos pasajes se diluye para mostrarnos la historia de la protagonista, una muchacha criada en un ambiente sórdido y cruel donde la lujuria es omnipresente, opresiva y esclavizadora. Y entre "la conciencia aguada de la infancia" irrumpe la personalidad de su madre, un ser que ha decidido deshumanizar todo lo que le rodea, que parasita en una casa cuyo descuido ha convertido en un chiquero y que pasa los días devorando comida chatarra y alimentos podridos, mientras que vigila minuciosamente el desarrollo sexual de su hija y espía las relaciones que tiene con diferentes hombres para luego comentárselas de las formas más humillantes e insoportables. Y esto es solo una apretada síntesis del pequeño universo grotesco que esta ficción procura descubrirnos.

Hasta aquí La débil mental tiene todo para ser una de esas recurrentes y monótonas fábulas sobre la absoluta suciedad moral y la maldad monolítica que suelen aparecer de cuando en cuando y que se limitan a la burocrática enumeración de un horror cada cual peor que el otro. Pero lo que hace distinto y notable el libro de Harwicz es el modo en el que ha decidido afrontar este reto: a través de una perturbadora sucesión de logradas –y en algunos casos espléndidas– imágenes que tienen el efecto de un filoso vidrio avanzando y penetrando la piel, sin detenerse en la sangre, el dolor y los nervios estropeados que cobra su periplo. Imágenes que evaden lo consabido y lo retórico para presentarnos paisajes de deterioro y decadencia, el horror de la pobreza y el aislamiento total, pero sobre todo la furiosa desolación que ocupa la mente de los personajes: "la panza de mamá crió luto, gestó luto, engendró una planta carnívora y acá estoy divina con mi short y mi remerita ajustada. Pero amnésica sin él, purgada". Esta intensidad y agobio encuentran su clímax en el final, cuando madre e hija, implicadas en un confuso asesinato, huyen por el campo en una búsqueda por la completa demolición personal: "Que explote todo, que se destruya todo, dice mamá, y todavía quiere más".

Todo ángel es terrible, decía Rilke, y La débil mental quiere darle la razón: sus personajes son, en el fondo, dueños de una inocencia y de una pureza que se enturbian y retuercen cuando la realidad –que no permite esas cualidades– los empuja al límite de sus posibilidades. Eso es lo que Ariana Harwicz ha querido enseñarnos en este poderoso libro y lo ha logrado con talento y valentía.

FICHA

  • Ariana Harcwicz.
  • La débil mental. Animal de Invierno, 2016. 80 pp.
  • Relación con la autora: ninguna.
  • Valoración: 4 estrellas de 5 posibles