Lee Columna Vertebral, la opinión de José Carlos Yrigoyen. (Perú21)
Lee Columna Vertebral, la opinión de José Carlos Yrigoyen. (Perú21)

Son muy pocos los escritores peruanos contemporáneos que han despertado tanto interés y complicidad con el lector como Julio Ramón Ribeyro; su vida azarosa, así como su personalidad esquiva y solitaria, han levantado a su alrededor un aura casi mitológica. Es por ello que sus diarios atraen tantos admiradores como sus cuentos y novelas. Consciente de ello, Daniel Titinger (Lima, 1977) ha escrito "Un hombre flaco", un perfil sobre el escritor que ha obtenido el favor del público y de la crítica. Desde aquí, lamentablemente, no podemos plegarnos a ese entusiasmo.

Titinger tiene a su favor el manejo de un lenguaje atractivo y un eficaz tratamiento de los recursos de la crónica periodística; y en virtud de estos aciertos el ritmo de lo narrado no decae nunca. Encontramos, dispersos entre sus páginas, algunos datos curiosos sobre la obra de Ribeyro; el enfoque es entretenido, sí, pero no hay mucho más.

El gran defecto de "Un hombre flaco" es que se esfuerza en presentar una imagen distinta del Ribeyro triste y escéptico para mostrar, en cambio, un autor tan optimista como trivial, apartado de ese escritor que no solo se atrevió a abordar los grandes temas en sus libros, sino que, gracias a la complejidad y densidad de su experiencia vital, estuvo a la altura de esos altos propósitos.

Titinger confunde humanizar con frivolizar; es por ello que su descripción de Ribeyro no hace sino adelgazar su dimensión hasta convertirlo en un individuo plano y ajeno a la sustancia de obras fundamentales como "La tentación del fracaso" o "Prosas apátridas". Gracias a este libro sabemos que Ribeyro tenía una amante por la que se dejó el bigote o que le gustaban los boleros de Luis Miguel, pero nunca se nos ofrece una idea o aporte sustancial sobre la relación entre su vida y la literatura.

Es poquísimo lo que Titinger desarrolla sobre el Ribeyro literario y, cuando lo hace, no son más que fraseos de fuentes ya conocidas –sobre todo sus diarios y sus cartas–, como sucede, por ejemplo, cuando aborda su relación con Vargas Llosa. Y este tratamiento superficial es el que aplica a todos los personajes que desfilan por el libro: los convierte en estereotipos. Ahí está la viuda codiciosa, el colega amante del buen trago, el compinche rendido y celebratorio. La consecuencia de la ligereza de esta mirada es que leamos el libro con fluidez, pero al final nos quede una sensación de vacío que concluye en el rápido olvido de lo contado.

"Un hombre flaco" es, por todo esto, un fallido intento de retratar la vida de un escritor al que, estoy seguro, le hubiera desagradado sobremanera, por superficial, la estampa que se presenta de él. Para conocer a Ribeyro a cabalidad es mejor leer sus diarios.

DATOSDaniel Titinger. Un hombre flaco. Retrato de Julio Ramón Ribeyro.Universidad Diego Portales, 2014. 166 pp.Puntuación: 2.0 sobre 5 puntos posibles.Relación con el autor: Ninguna.

José Carlos Yrigoyen, crítico de libros