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Iván Morante recuerda su infancia desde la lejana Nueva York. Rememora cuando era un niño de siete años cuyo padre, un periodista de una agencia de noticias de izquierda, consiguió matricularlo en la escuela para hijos de diplomáticos de la embajada de Cuba, en Bolivia. Ese es el punto de partida de Nuevos juguetes de la Guerra Fría, la primera novela de Juan Manuel Robles (Lima, 1977).

Este libro llega para refrendar la impresión que tenemos acerca del buen momento que está atravesando la narrativa peruana, luego del pasmo de los años 90 y de la casi total esterilidad de cierta tendencia metaliteraria en boga durante la década pasada. Probablemente esta sea la mejor novela de esta generación. Presenciamos en ella una serie de desafíos que el autor va superando hasta redondear una aventura de inusual proyección y complejidad en nuestra literatura reciente.

El primero de estos desafíos era también un asunto pendiente para nuestros narradores jóvenes: elevar el relato de la experiencia personal hacia otros niveles de mayor trascendencia. Aprovechando la peculiar circunstancia de su protagonista, Robles explora temas como el adoctrinamiento ideológico infantil, la violencia política y sus consecuencias intrafamiliares, el espionaje durante la posguerra, los procesos de la memoria y sus trampas, el culto a la personalidad dentro de los regímenes totalitarios, entre muchos otros. Estas indagaciones conforman una acabada recreación de época que nos sitúa de manera muy convincente en los últimos años de la Guerra Fría.

El segundo gran reto al que se ha enfrentado el autor es tratar estos temas sin caer en lo panfletario, riesgo siempre latente cuando se trata el factor ideológico en la ficción. Tampoco desbarra en la frivolidad de quien nutre el universo de referentes mass mediáticos del pasado, como recurso para conseguir la complicidad del lector mediante la fácil nostalgia.

En cuanto al primer punto, el escepticismo de Robles –cálido en algunos momentos, amargo en otros– lo salva del esquematismo a la hora de contar la estadía de Morante en la fuertemente politizada escuelita cubana, de enumerar las mentiras y subterfugios de los comunistas con los que este convivía o de desenmascarar la sinuosa trayectoria de su padre. En cuanto a lo segundo, a pesar de que esta novela está poblada de menciones a los Amos del universo, los G.I. Joe o a la serie de televisión V: Invasión extraterrestre, ninguna de ellas es gratuita o superficial. Resulta meritoria la manera con la que se extraen estos elementos de la más inofensiva remembranza para incorporarlos al entramado de símbolos y sucesos en el que se define el destino de los hombres y las naciones.

Finalmente, no puede dejar de mencionarse la destreza con la que esta novela ha sido escrita. Esto se evidencia en una prosa bien trabajada, brillante en algunos pasajes. También en los personajes elaborados con prestancia –destacan, entre los muchos que pueblan sus páginas, el misterioso Saldaña, la imperativa profesora Yannis Retamozo o el noble e ingenuo Sergei–. Pero, sobre todo, en la eficacia con la que Robles va convirtiendo una narración acerca de los alcances y límites de nuestra memoria en un turbulento policial de intrigas internacionales. Es en ese giro de la historia cuando Iván Morante redefine su visión del mundo y de sus relaciones humanas, hasta desembocar en un final donde la liquidación de las deudas del pasado se torna inevitable.

Nuevos juguetes de la Guerra Fría es un libro de honda madurez y de una notable calidad literaria. Gracias a él podemos sumar el nombre de Robles al de otros nuevos escritores –Gamboa, Ángeles, Yushimito, etc.– que en los últimos años han ido recuperando, paso a paso, el brío que nuestra tradición narrativa había perdido. Una novela que todos debemos leer.

SOBRE EL AUTOR

- Juan Manuel Robles. Nuevos juguetes de la Guerra Fría (Seix Barral, 2015, 442 pp).

- Puntuación: 4 estrellas

- Relación con el autor: Conocidos.