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El 11 de abril de 1987 se encontró el cadáver de Primo Levi, italiano, judío, escritor, químico y superviviente de los campos de concentración. Hay dos teorías sobre su muerte: la que afirma que esta se debió a un accidente, al precipitarse por el hueco de la escalera de su casa; otra, que optó por el suicidio. La duda sobre su final no deja de ser llamativa porque contiene las dos circunstancias que el mismo Levi había descrito en su obra con respecto al destino de quienes habían sobrevivido al Holocausto: la de quienes asimilan la experiencia, necesitan contarla y se las arreglan para vivir con ella y la de aquellos que no consiguen cerrar sus heridas, siguen sumidos con el horror, la tortura y la degradación permanentes y en muchos casos, eligen la autoeliminación ante su imposibilidad de sacudirse de la pesadilla que ha marcado sus existencias.

Un año antes de que Levi muriera, había cerrado su involuntaria Trilogía de Auschwitz con la publicación de Los hundidos y los salvados, un breve pero extraordinario ensayo sobre los estereotipos y distorsiones que, cuarenta años después de la liberación de los campos, se habían diseminado acerca de ese hecho histórico. Algunas décadas antes había publicado La tregua (1963) y su obra maestra absoluta Si esto es un hombre (1947), en los que narraba, con una prosa diáfana, templada, sin lugar para el dramatismo fácil, las penurias, el contacto diario con la muerte y el ubicuo terror que experimentó en los meses que estuvo recluido en el campo de Auschwitz-Monowitz y ese limbo por el que transitó luego de salir del lager, recorriendo una Europa destruida, arruinada, repleta de hambrientos y apátridas.

¿Qué es lo que hace distinto y destacable el testimonio de Levi sobre los de otros miles que han relatado y publicado, sobrevivientes que incluso sufrieron peores vejaciones que él? Para empezar, su negativa a caer en los aceptados esquematismos y victimizaciones, en explorar lo que él llamaba "la zona gris", esa que conforman los prisioneros colaboradores con sus verdugos, y subrayar que buena parte de los sobrevivientes fueron quienes aceptaron esas colaboraciones que les garantizaban alimentación abundante, cobijo contra el frío y tratamiento especial en medio de la masacre. Y también reconocer que aunque los represores merecen ser condenados y execrados, es necesario comprender sus motivaciones y no cancelar la discusión en facilismos que dividen a las víctimas y a los victimarios entre el bien y el mal absoluto.

Levi consigue quizá sus páginas más profundas y brillantes cuando indaga sobre cómo la memoria, necesaria para no olvidar el sacrificio de millones de inocentes, también puede ser un elemento distorsionador de los hechos, y, además, susceptible de convertirse en un vehículo para limpiarse de la culpa, como es el caso de los negacionistas, a quienes, sin dejar de recalcar su vileza, también procura entender y explicar sus procedimientos. La Trilogía de Auschwitz es un libro monumental y necesario para adentrarse en el Holocausto y sus protagonistas, tanto como lo es el Archipiélago Gulag de Solzhenytsin con respecto al Gulag soviético. Así de definitivo.

FICHA

  • Primo Levi
  • Trilogía de Auschwitz.
  • Seix Barral, 2015. 652 pp.
  • Puntuación: 5/5 estrellas