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En 1970, dos autores virtualmente desconocidos compartieron el por entonces prestigioso premio Poeta Joven del Perú. El primero era José Watanabe, que a estas alturas no necesita presentación: casi medio siglo después de recibir esa distinción, es considerado una de las principales voces de la poesía nacional, cuyo prestigio se extiende por todo el ámbito latinoamericano. El segundo es, hasta la fecha, un poeta insular casi secreto.

Hablamos de Antonio Cillóniz de la Guerra (Lima, 1944). Desde muy joven, Cillóniz se fue a vivir a Europa, donde publicó un primer librito de cierto interés, Verso vulgar (1967), que mereció una breve y alentadora reseña de Blanca Varela. Luego escribió el que quizá sea su mejor poemario, Después de caminar cierto tiempo hacia el este (1970). Ambos títulos ya anticipaban lo que serían sus motivaciones centrales: el trabajoso y a veces ingrato acto de la escritura, las tribulaciones de las relaciones amorosas y, sobre todo, una actitud crítica y socarrona ante la historia, la política y el capitalismo castrador y represivo. Esta última característica, así como un lenguaje elegante trufado de referencias cultas lo hacía una especie de poeta tributario de la obra de Antonio Cisneros, indiscutible guía de este autor que ha radicado durante casi toda su vida en España.

Cillóniz es uno de los representantes de la generación del setenta más activos y que más libros ha publicado, aunque estos apenas sean conocidos en el Perú. Desde mediados de los setenta hasta ahora, se ha consagrado a construir una obra monumental consistente en varias decenas de títulos y miles de poemas –mayormente de corte epigramático– que corrige y reforma persistentemente. Esta obra mutable ha sido recopilada, aumentada y transformada múltiples veces en Los dominios (1975), La constancia del tiempo (1990, 1992), Un modo de mostrar el mundo (2000), Heredades del tiempo (2012), etc. Ahora, Cillóniz la compila en cuatro amplios tomos reunidos bajo el título de Opus est, lo que parece ser, por fin, la versión definitiva de su poesía.

Cillóniz ha forjado, sin duda, la obra poética más extensa y ambiciosa de su generación. Pero debemos recordar que ambición no quiere decir necesariamente excelencia. Cuando leemos la obra completa de Cillóniz hay muchos motivos para estar insatisfecho. Para empezar, apena ver en lo que ha convertido a sus dos o tres primeros libros: tantas correcciones, transfiguraciones y la eliminación de poemas valorables (sobre todo de Verso Vulgar), así como la adición de algunos nuevos de opaca factura, los ha convertido en meras caricaturas de los originales. Asimismo, varios libros posteriores, publicados entre los ochenta y noventa, han desaparecido y sus poemas han sido reconstituidos en nuevos segmentos, restándoles en muchos casos su original y muchas veces lograda coherencia temática. La reelaboración posterior de estos textos, en general, poco favor ha hecho a los alcances de la poesía primigenia de Cillóniz.

Pero quizá lo menos convincente es que, mientras la lectura progresa, se evidencia que esta poesía en vez de madurar se ha ido retorizando, situándose así en una zona de confort desde la que emergen versos y poemas intercambiables, versiones de versiones de versiones que agotan al lector más dispuesto, apuntes de un ingenio discreto siempre carentes del menor destello verbal. Sus libros más recientes, escritos en los últimos veinte años, son víctimas de la exacerbación de estos defectos, lo que ocasiona que sean, por largos tramos, expresivamente nulos y vacíos. Todo lo cual es una lástima. Valdría la pena reeditar sus primeros libros para volver a disfrutar de esa poesía que Cillóniz, por razones que desconocemos, eligió retorcer y despojar de sus méritos.

Antonio Cillóniz

  • Opus est (4 tomos)
  • Hipocampo editores.
  • Relación con el autor: ninguna.
  • Puntuación: 2.5/5 puntos.