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Macarena es una millennial limeña, hija de una clase media constituida por convenciones y apariencias, que regresa a casa luego de vivir un tiempo en España. Ya instalada en su hogar, se da cuenta de que los recuerdos y los fantasmas de su estancia europea no se han desprendido de ella y que la acosan sin tregua: allá dejó un amor medio platónico con C, un amigo que nunca pudo corresponderle por estar con Nuria, una chica alocada y estridente que contrastaba demasiado con su forma de ser, tímida y reflexiva. Es así como Macarena se deja arrastrar por un torrente de sensaciones, remembranzas e imágenes con las que intenta restituir el pasado y convertirlo en un espacio de restauración personal.

Este es, a grandes rasgos, el argumento de Perro de ojos negros, la primera novela de María José Caro (Lima, 1985), quien hace un par de años publicó un breve y delicado conjunto de cuentos llamado La primaria, con el que demostró no solamente un apreciable manejo narrativo, sino también que poseía un fino estilete con el que se adentraba en las pequeñas tragedias cotidianas de la infancia y la preadolescencia, teñidas de soledad y desamparo emocional. Los alcances exhibidos en este librito hacían esperar una segunda entrega que los refrendara y los puliera. En ese sentido, esta breve novela no decepciona.

En efecto: María José Caro enarbola aquí un lenguaje sumamente cuidado, pleno de matices, así como una capacidad de construir atmósferas en las que el sentimiento de no pertenencia de la protagonista se potencia hasta irrealizar su contorno, convirtiendo los paisajes y estancias por donde se desplaza en reflejos de sus angustias, miedos y anhelos. Estas conquistas se hacen extensivas a su aptitud para recrear escenas en las que podemos palpar, escuchar y sentir con detalle e intensidad lo que acontece en esos espacios sensoriales que Macarena evoca en su relato a media voz.

Otro de los aspectos positivos de Perro de ojos negros es el retrato de la clase social de la protagonista, imbuida en un tedio y una sucesión de ritos cotidianos que oprimen sutilmente las ansias de liberación de Macarena. A lo largo del libro la sentimos como un ser profundamente reprimido que parece buscar continuamente salidas a un enclaustramiento mental del que no puede escapar, salvo mediante la literatura: es por ello que solo en el cuento que se inserta en medio de la novela es posible hallar un paréntesis para ese agobio que parece contaminarlo todo, desde el corazón que anima a Macarena hasta el cielo que la cubre.

Aunque es un libro bien trabajado y con virtudes saltantes, la novela de Caro adolece de algunas limitaciones explicables para quien recién se faja en estas lides. Por momentos la trama se adelgaza demasiado, apoyándose en un lenguaje que, aunque sólido, no alcanza para cubrir los tiempos muertos y lagunas que de cuando en cuando aparecen y fastidian la adecuada fluidez del relato. Por otro lado, el final produce cierta insatisfacción: hay un conflicto algo forzado y tardío que contrasta excesivamente con la contenida emoción y la ambigua relación de Macarena con C, como si fuera necesaria una toma de posición que en poco favorece a la verosimilitud y coherencia interna de la historia y a sus personajes. Pero, a fin de cuentas, son objeciones puntuales que no enturbian los méritos de uno de los libros más interesantes que han aparecido este año entre nosotros.

María José Caro

  • Perro de ojos negros
  • Alfaguara, 2016. 104 pp.
  • Relación con la autora: cordial.
  • Puntuación: 3.5/5 puntos.