notitle
notitle

Si hay un género literario en el Perú que ha sido víctima de más desdén que la narrativa fantástica o de ciencia ficción, ese es el deportivo. No sería exagerado decir que ha sido subestimado incluso por sus mismos cultores. Los (poquísimos) libros acerca del deporte peruano suelen estar escritos por periodistas que le otorgan al cuidado formal, a la investigación y a las ideas menos importancia que a la anécdota graciosa o a la estampa pintoresca. Es por eso que en nuestra realidad prácticamente no podemos hablar de una literatura deportiva mínimamente perdurable: todo es coyuntural, ligero y para consumir y desechar. Desde los impresentables manuales del finado Littman Gallo, pasando por la involuntariamente cómica novela de Phillip Butters hasta la ya francamente ridícula autobiografía del 'Chorri' Palacios, pareciera que no hay nada que se pueda salvar de la quema. Pareciera: porque sí existen algunos exponentes –pienso en un Juan Carlos Ortecho, en un Jerónimo Pimentel, en un Daniel Peredo, en un Carlos Salas– que desde las páginas de los diarios demuestran que se puede escribir sin complejos de inferioridad sobre fútbol y otras disciplinas en nuestro país. Que es posible hacerlo con una pluma sólida, con análisis, rigor y sin ceder a los devaneos de una afición más interesada en la chismografía y la alharaca. Solo queda esperar, pacientemente, sus libros.

Estas reflexiones vienen a cuento luego de leer el debut de Miguel Villegas, quien acaba de publicar Padre nuestro, compendio dedicado a la mitológica figura de Lolo Fernández, uno de los más grandes futbolistas nacionales y emblema del otrora glorioso y hoy alicaído Universitario de Deportes. Villegas ha elaborado una serie de historias alrededor del cañonero crema basadas en testimonios de primera mano y en su propia experiencia de hincha insobornable de la 'U'. El resultado es un documento de interés no solo para sus camaradas de club, sino para todo aquel que se interese en la historia del fútbol peruano.

Villegas posee una buena prosa, criterio para narrar, olfato periodístico para el dato relevante y capacidad para conmover al lector y comprometerlo con lo que está contando y exponiendo. De las cinco viñetas que nos presenta, dos son especialmente afortunadas: aquella sobre Marina, hija de Fernández y guardiana de su legado, y la que documenta la visita de un grupo de barristas a la clínica donde un Lolo aquejado por el mal de Alzheimer pasaba sus últimos días, con el fin de homenajearlo y de darle un abrazo postrero. Es un logro de Villegas mostrarnos al ídolo envejecido, enfermo, incapaz de percibir lo que sucede a su alrededor y a la vez extraer de esa decadencia los destellos de grandeza que lo hicieron irreemplazable y le otorgaron una trascendencia que va más allá de su destino humano.

No obstante lo dicho, Padre nuestro dista de ser un gran libro. Si bien tiene méritos, la poca ambición y la fragmentariedad con la que está trabajado lo convierten en un proyecto menor, bastante más ponderable que el promedio de libros sobre fútbol que se publican en nuestro medio, pero de limitada relevancia de todas formas. Por otro lado, sería bueno que Villegas abandone esa compulsión por la frase bonita que lo lleva a escribir cursilerías como "quedarse callado también es una forma de decir te quiero". Necesitamos más Nicks Hornbys y menos Eduardos Galeanos en nuestra literatura deportiva.

SOBRE EL AUTOR

Miguel Villegas, Padre Nuestro. Cinco historias que explican la pasión por Lolo Fernández. Hualcará Editores, 2015. 130 pp.

Relación con el autor: ninguna.

Puntuación: 3 de 5 estrellas.