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Claudia Coca: “Me preocupa la palabra identidad, porque busca un solo camino”

Entrevistamos a la artista Claudia Coca, quien desde dos muestras paralelas (y que dialogan) se aproxima críticamente al mestizaje.

Mijail Palacios

La producción artística de Claudia Coca (Lima, 1970) no se restringe al campo objetual, sino también se pone de manifiesto en la producción intelectual y pedagógica, finalmente, con una voz reflexiva, crítica. Expone en paralelo (y en diálogo) ‘Cuentos Bárbaros –otras tempestades–’ y ‘Cuentos Bárbaros –territorios cercanos–’, desde donde busca descolonizar la cultura de la vergüenza. En esta entrevista, ponemos en debate el mestizaje, la identidad, la diversidad, el arte y la libertad de expresión.

La palabra mestizaje está en debate a raíz de las preguntas del Censo de este domingo sobre el origen étnico y también es un tópico en tu obra.
Me parece muy importante que uno se pueda reconocer en la diversidad del Perú. Pero no sé si de la forma en que está planteada en la pregunta del Censo se reconozca totalmente. Es curioso. En los reportajes de TV del fin de semana noté que a los blancos les costó decir que lo eran; sin embargo, había personas mestizas con cierta apariencia blanca que estaban convencidas de su blancura. Ahora, mestizaje es una palabra bien compleja, que no está en la cuestión biológica solamente, hay una cuestión cultural importantísima, que me parece no se ha contemplado en el Censo.

¿Ese debate es parte de esta “construcción de la identidad”?
Me preocupa la palabra identidad, porque busca un solo camino. Yo creo que tenemos que aceptarnos como diversos. Ese es el gran problema del Perú: buscar la identidad. ¿Cómo podemos hablar de eso si tenemos una cantidad increíble de naciones? El Perú es riquísimo, pero también es problemático. En vez de identidad se debe hablar de diversidad.

¿‘Cuentos Bárbaros’ cómo suma en el debate de la diversidad y el mestizaje?
El problema racial tiene que ver con el poder, pues el racismo fue estimulado y creado por estrategias de poder de la colonia; era más fácil dominar al otro poniéndolo en el lado inferior. Sobre esa construcción del blanco poderoso que viene de Occidente y el inferior, salvaje y bárbaro habitante de América –que fue excusa para el exterminio–, es importante asumir que se nos ha educado así, que respondemos a una cultura de la vergüenza. Nos asumimos como subalternos. Y yo trabajo para vencer esos pensamientos y sentimientos, que están colonizados en nuestro interior. Así, en la muestra propongo conquistar los territorios que han sido tomados por aquel que los colonizó.

¿La mirada al mar en esta muestra cómo rebota en esas ideas?
Por el mar vinieron los colonos, y es lo que detona todo lo que empiezo a trabajar. Apuesto por una reconquista del mar. Además, cuando se habla del peruano, se habla del andino, es una localización en la que Occidente nos ha puesto. Ahí se obvia la Amazonía y la costa.

En los últimos meses también se ha puesto en debate el rol del arte en coyunturas como la violencia política. ¿Qué papel ético y discursivo tiene el arte?
El arte es política, el arte es vida y la vida es política. No son divisibles. Pensar que el arte no debe estar vinculado a la política es un gran absurdo.

¿Tomar posición o parcializarse es parte de la libertad de expresión?
Para comenzar, no todo lo que se hace en el marco del arte es arte. El arte está para preguntarnos y cuestionarnos, señalar ciertos lugares de conflicto. Cuando hay algo donde no surgen cuestionamientos, podría pensar que es panfletario, que a veces es arte y otras no. En todo caso, creo que es importante respetar la libertad, que debe seguir un camino ético. No puedo construir una mentira. Si esa libertad se acerca a datos históricos, reales, uno está en total libertad de usarlos. Creo que en la exposición del LUM (‘Resistencia visual 1992’) no hubo ningún problema ético, no me parece que hubo mentiras. Sobre la calidad de la exposición, cada uno decide o piensa de ella lo que crea. En ese sentido, la decisión del Ministerio de Cultura fue un grave error y fue manejado de una manera muy torpe.

Señalas que “no todo lo que se hace en el marco del arte es arte”. ¿Cómo está la salud de las artes visuales en Lima?
No podría decir que está en crisis, porque siempre estamos en crisis. Las artes visuales prácticamente no están contempladas por el Estado.

¿Las artes visuales son las más relegadas?
Así es. Gracias a la inversión privada es que podemos tener un pabellón en la Bienal de Venecia. Por otro lado, me preocupa la falta de galerías, aunque existe un importante movimiento de artistas y curadores.

La semana pasada, falleció el artista Fernando de Szyszlo. ¿Con qué Szyszlo te quedas?
Con el del ‘Mar de Lurín’. Con el Szyszlo que apoyó a la democracia, que es tajante contra los sistema dictatoriales. Era muy lúcido en sus comentarios políticos.

TENGA EN CUENTA:
-‘Cuentos Bárbaros –otras tempestades–’ está en la Sala Luis Miró Quesada Garland (esquina de la calle Diez Canseco y avenida Larco, Miraflores). Presenta dibujos en carboncillo e instalaciones. Va hasta este 26.

-La muestra ‘Cuentos Bárbaros –territorios cercanos–’ está en la Galería del Paseo (General Borgoño 770, Miraflores). Va hasta el 27 de octubre.

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