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Buika: "Siempre escuché de mí: 'esta no tiene futuro'. Y me lo creí"

La cantante española se presentó anoche en el Gran Teatro Nacional. Antes le hicimos esta entrevista.

Buika

Buika, cantante española llego a Lima. (Foto: Luis Centurión).

Buika, cantante española llego a Lima. (Foto: Luis Centurión).

Luis Centurión

Mijail Palacios

La esperamos en la azotea de un hotel miraflorino, bajo el frío y el viento limeño que nos pegaba con fuerza. Hasta que llegó ella. Es como su canto: intensa, directa, poderosa, maravillosa.

Lleva 12 años en Miami, lejos de Palma de Mallorca, la ciudad que la vio nacer. Pero siempre está viajando. Es una artista del mundo. Anoche cantó en el Gran Teatro Nacional, una de las paradas en su gira que continuará en Brasil, Turquía, Polonia, Sudáfrica, Estados Unidos, México y España, hasta 2019. 

Es mentira que sea una cantante de flamenco. Su música no se hipoteca a un género. No se entrega a una nacionalidad. Ella es María Concepción Balboa Buika (1972, España). O simplemente Buika

Todos somos migrantes, pero aún no se entiende ello. En EE.UU. en relación a México, en España por Marruecos, en Perú por Venezuela. ¿Cómo te toca ese tema, en tu calidad de migrante permanente?
El ser humano tiene mucha tontería. Son excusas para mover dinero. El ser humano siempre se ha movido, siempre ha sido nómada para sobrevivir. Si nos hubiéramos quedado todos en el mismo sitio, no tendríamos posibilidad de vida. El movimiento es vida. Los muros solo sirven para saltarlos.

Eres hija de la migración. ¿Es un tema pendiente?
Esté donde esté, estoy en mi tierra. Soy un poco peruana. Tengo todo lo que me da la gana y más. Lo que somos, lo somos por derecho. ¿Estás vivo, no? Pues tienes derecho a decidir. Y yo decido que soy un poco peruana también. ¿Cuál es el problema? ¿Quién se va a poner en contra? (Risas).

¿Qué del Perú sientes que es parte de ti?
El cebiche es mío. No sabes lo bien que me sale. Te puedes sentir parte de todo lo que sea maravilloso. Cuando vi Cusco, dije: “Perdóname, yo soy de aquí”. No puede existir una maravilla tan grande sin que yo sea parte (risas). Yo soy gente maravillosa, ¿cómo no voy a ser de aquí? Eso es libertad.

¿Cómo interpretas frases como “no entres acá”, “esto es mío”, “no vengas a mi país”?
Tradúcelo: no me quieras, no me trates bien, que no te guste mi cara. Otra cosa es que quieras entrar para hacerme daño, ahí ya no te quiero.

Pero la maldad es universal.
Te aseguro que hay mucha más gente en el mundo dispuesta a amar al Perú que a odiarlo. Los que amamos siempre somos más, lo que pasa es que no somos ruidosos. Los que no aman hacen mucho ruido, parece que son muchos, pero son cuatro gatos.

¿Todo eso cómo se filtra en tu canto?
Lo que escribes lo tienes escrito en la cara. Tú no crees en la guerra, lo dice tu sonrisa. ¿Tú me conoces de algo (más allá de la música)? ¿Hemos tomado juntos alguna vez?

Lastimosamente, no.
Y me estás sonriendo y te sientes bien conmigo.

¡Por supuesto!
​Y yo ahora mismo podría irme contigo a tomar cervezas hasta muy tarde y estaría a gusto porque me lo dice tu cara. Lo mismo vas a sentir si te vas a Tokio, Nueva York, Rusia. Somos muchos. Somos una tribu muy grande.

¿La música tiene el compromiso de decir algo más allá de lo estético?
Siempre lo tuvo. La música, el periodismo, la literatura, la danza, el teatro. Somos soldados. Es nuestra misión. Ni siquiera es nuestro trabajo.

¿Cuál es la misión?
Que la gente esté bien, que no crea en la guerra, que no crea en el odio, que no se olvide de su pasado. La gente de esta tierra ha luchado mucho, tremenda paciencia. Que Dios bendiga a todos los peruanos. Pero si te fijas bien, todos los pueblos estamos unidos por el sufrimiento. Y la música, igual que los libros o el cine, está ahí para hacer que la gente recuerde que no hace falta la esperanza; lo que hace falta es la acción.

Hay quienes dicen que la esperanza es una palabra maldita porque nos hace esperar.
​Es una palabra que incentiva. Lo que ocurre es que si no pasas a la acción, es cuando las cosas no pasan. Uno no debe tener miedo de la acción. Crecí pensando que era una inútil, porque no quise estudiar, la circunstancia tampoco apoyaba: barrio pobre, familia con problemas, mi padre se marchó. Siempre escuché de mí: esta no va a valer para nada, esta no tiene futuro. Y me lo creí porque lo decían las mismas personas que me daban de comer.

¿Y cómo lo resolviste?
Pues lo resolvió la tribu, vosotros. La primera vez que me subí a un escenario, que lo hice por desesperación, tenía 14 años. Cuando oí el aplauso del público, pensé: o todas esas personas que decían que yo era tonta estaban equivocadas o esta gente está loca. Siempre somos más grandes de lo que cuentan de nosotros. Los miedos no son tuyos. A ti te dijeron: “si no llevas esta ropa, parecerás tal cosa”. Y tú dirás, hostia, hay que vestirse bien. Pero ese miedo no es tuyo, te lo metieron.

¿Una prima hermana del miedo es la culpa?
La culpa es un mal invento, no existe. Yo creo en la palabra responsable. Me hago responsable de que la he 'cagao' fatal. Con la culpa te escondes, te vas a tu casa, apagas el móvil y no contestas el teléfono. Eso no sirve. Lo que debe haber es reconocimiento de la responsabilidad. Sí, es verdad, mentí. ¡Pero soy un ser humano, coño! ¿Qué tengo que hacer, comportarme como un pescado? Los pescados no mienten. Pero soy un ser humano: miento, me huelen los sobacos, a veces digo cosas que son una gilipollez. Pero te digo una cosa: son 12 horas de día hábil. Doce horas de acierto en el discurso, doce horas sin error. Eso es imposible. Soy humana y quiero ser humana. Quiero equivocarme y que no pase nada. El que yo sepa que tú de vez en cuando te equivocas, me hace sentir tranquila cuando yo me equivoco. Seamos espejos.

Buika

Foto: Luis Centurión.

Foto: Luis Centurión.

Luis Centurión

El flamenco es tu etiqueta, pero fuiste migrando de sonidos hasta tu última canción “Deadbeat”, que es como un mar de las músicas. Pero siempre el flamenco está presente. ¿Por qué?
Yo no canto flamenco. No sé absolutamente nada del flamenco.

¿Y por qué lo adoptaste?
Porque puedo. Porque no creo en esas etiquetas. Yo soy lo que me da la gana cuando me da la gana. Las cosas las tiene que hacer por derecho. ¡Yo tengo derecho a cantar música peruana!

Señalas que el romanticismo nos ha matado, pero en tus canciones hay mucho de romanticismo.
Porque somos así, de chocar dos, tres, cuatro veces contra las mismas piedras. 

¡Y nos seguiremos chocando!
Que Dios nos bendiga por eso y choquemos más (risas).

El amor es así.
Choquemos todo el tiempo, y me volverás a putear, a abrir la puerta, estarás ahí y me dirás: “Pasa, cariño”. Somos así de imbéciles, de inútiles y de maravillosos.

¿En el amor es donde somos más estúpidos?
Sí, por eso el mundo es como es, por nuestra poca capacidad para gestionar el amor. Pero bueno, vamos avanzando, aprendiendo.

Eres muy creyente en Dios.
Si creo en él, es porque creo en la humanidad. 

¿Cómo es el Dios en el que crees?
Como tú. Todos somos una representación del Señor. Me gusta que seamos así de potentes.

¿Y cómo es el futuro?
Pienso que el futuro no es futuro si no es presente. El futuro es un referente que no llega nunca. Siempre está lejos, para qué preocuparse.

AUTOFICHA:
“He pasado por todos los periplos, desde que te timen hasta discográficas de lo que sea. Por eso yo me monté mi propia oficina después de que me robaran tres o cuatro veces. Para que me roben otros, mejor me robo yo. Hay que ser valiente. Y sobre todo hay que descreer de la mala suerte”.

“Cuando caes en lo más bajo, solo recuerda cómo respirar, y estarás bien. No quise seguir con una mánager que tuve hace años y me suspendió 86 conciertos de una gira, y les dijo a todos los promotores que yo era toxicómana. No he probado las drogas en mi vida” (risas).

“Esta mujer dijo que yo estaba en rehabilitación de la cocaína. ¡No he probado eso en mi vida! Me canceló el Super Bowl, que me tiene vetada porque piensan que no quise ir porque estaba con drogas. Y todo es mentira. Hay que saber levantarse. Pero si venimos del suelo, cómo no vamos a saber levantarnos”.

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