Artefacto con jeringas

“Más que ante una novela , estamos ante un artefacto donde el juego de palabras y el uso de la jerga son el personaje principal”.

Interruptus

Artefacto con jeringas. (USI)

Artefacto con jeringas. (USI)

Jaime Cabrera
Jaime Cabrera

No hay mejor evidencia de la vitalidad de una lengua que el habla popular. El español del Perú se mantiene no solo activo sino que también es espejo de su tiempo y de la coyuntura social y política. En el terreno impreso, el diario más leído del Perú, Trome, utiliza coloquialismos y juegos de palabras en los titulares de sus noticias. Es que hay un deleite en los hablantes por modificar las palabras, alterar el orden de las sílabas y construir un lenguaje gracioso, irónico, que busca transmitir un mensaje de manera encubierta.

En la literatura peruana tenemos el caso, por ejemplo, de Los inocentes (1961), de Oswaldo Reynoso, quien absorbe y refleja el habla popular de su época dándole una cuota de realismo a sus personajes. Un caso más reciente e hiperbólico en el uso del lenguaje popular es el del escritor Leonardo Aguirre (Lima, 1975), quien ha presentado este recurso en sus relatos de La musa travestida (2007), la novela El Conde de San Germán (2008), entre otras obras. En ambas, la forma resalta mientras que el fondo pasa a un segundo plano, una propuesta que se emparenta más a la del cubano Guillermo Cabrera Infante.

JIRÓN SOLEDAD

Luego de su controversial libro Asociación ilícita (2015), presentado como una serie de perfiles de personajes vinculados –casi todos– al quehacer literario, Aguirre vuelve con una novela titulada Interruptus, en la que continúa su propuesta de jugar con el lenguaje y construir a través de jergas una historia con alusiones a la realidad, esto como parte de su propuesta de literatura metaficcional.

La sinopsis de la historia es sencilla: un escritor (que parece pero no es Aguirre) presenta a una amiga editora el manuscrito de su nueva novela titulada ‘Jirón Soledad’. Tras leerla, ella le devuelve el texto con una serie de comentarios y sugerencias. Los lectores somos testigos de la historia que nos presenta el autor y, a la vez, de las opiniones sin anestesia de esta editora.
El narrador de la novela tiene el perfil de personajes anteriores de Aguirre: es misógino, homofóbico y racista. Irónico a más no poder sobre todo cuando se refiere al mundo literario limeño: alusiones a autores, obras, críticos y editores. Las andanzas sociales y sexuales conforman esta historia que parece escrita para ser leída en voz alta. A continuación, una muestra del estilo de Aguirre:

“Pero antes del tire nos ruge la guata: nos mata el ambrosio. Se impone, clarines, un buen richie ray. Jameamos in situ: la fonda del telo… Lo haremos apenas entremos al tócuar: el piso es el 4. El mismo piselli del cual una chelfa se tira” (p.30).

QUE SIGA LA JERGA

Más que ante una novela, estamos ante un artefacto donde el juego de palabras y el uso de la jerga son el personaje principal. Las historias, divididas en escenas que se cortan abruptamente (de allí el nombre de Interruptus), están supeditadas a esta cadena de juegos verbales que el autor lleva a un ritmo frenético y tal vez de manera contraproducente para los lectores. En otro tramo, la editora le dice al protagonista: “Todo eso que no entienden, ese cúmulo de jergas les fastidia, pues, querido. Los hace renegar. Los hace odiarte. Y suponen, por supuesto, que lo mismo sentirá cada lector” (p. 7).

La lectura de Interruptus por momentos cansa, aturde y confunde por este juego de palabras y acumulación de jergas. El personaje termina resultando detestable y los comentarios de la editora lo confrontan al ponerse en la perspectiva del lector. Aparentemente, Aguirre es consciente de este juego y busca que mordamos el anzuelo y confundamos una vez más, como en Asociación ilícita, a autor con narrador. Un nuevo experimento formal que tiene como trampa un arsenal de jergas y su desciframiento al repasar cada una de sus líneas. Esta historia pondrá a prueba la paciencia del lector.

FICHA TÉCNICA

Interruptus
- Autor: Leonardo Aguirre
- Editorial: Planeta Lima, 2018.
145 p.p.

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