Criollismo. Angelo  espera que la música criolla vuelva a conquistarnos. (Anthony Ramírez)
Criollismo. Angelo espera que la música criolla vuelva a conquistarnos. (Anthony Ramírez)

Angelo (42) no se imagina vivir en algún otro lugar que no sea Barrios Altos. Su 'llonja' ubicado cerca a la Plazuela de las Carrozas, en el corazón del distrito lo enamoró de a pocos. Ahora, convertido en un agente cultural y gestor de un grupo de danza afroperuana, no deja de proclamar su amor al lugar donde nació.

RECUERDOS DE NIÑEZCon cierta pena en el rostro pero con una gran dosis de franqueza Angelo admite que le cuesta creer un poco que Barrios Altos guarde aún ese carácter criollo que lo enalteció tiempo atrás. Le duele. Sobretodo porque creció en un callejón donde las cucharas, el cajón, las guitarras y las voces hacían retumbar las polvorientas paredes, atrayendo a los cuerpos a bailar hasta la madrugada.

"Por ahora la música criolla se escucha durante el almuerzo y si se colocan en fiestas, son al término, como un elemento para causar gracia, chacota, no con el fin de ser apreciada", explica frunciendo sus pobladas cejas. Y es que todo se lo debe a la música criolla. Este género le brindó la única certeza que lo ha acompañado hasta ahora: que su vida se dedicaría al arte.

Pero lejos de aislarse en la queja, Angelo prefiere actuar. Por ello comparte todo lo que aprendió dirigiendo Sandunga, el taller de danza afroperuana que está a punto de cumplir 12 años. Y además, tiene la fórmula para que la música criolla renazca. "El camino es la innovación", repite, convencido y razones para creerle sobran.

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