Angélica Alcántara denuncia que fue injustamente despedida del Congreso. (Foto: Renzo Salazar).
Angélica Alcántara denuncia que fue injustamente despedida del Congreso. (Foto: Renzo Salazar).

La muerte de un ser querido es como una herida para siempre. Angélica Alcántara perdió a su esposo Pedro Abanto el 13 de abril de 2016. Ella entró en un cuadro de depresión que hasta ahora no encuentra cura. En diciembre del año pasado, la despidieron del semanas antes que a Maribel Rondón, quien padece de cáncer y recientemente fue repuesta en el Parlamento. Ambas enfrentaron este caso inicialmente y ahora Angélica se ha quedado sola, batallando por lo que considera una injusticia. La visitamos en su casa. En el mueble de la sala estamos ella, su bolsa de pastillas para la depresión y las cenizas de su esposo. Su mamá e hijo son los motivos que la aferran a la vida. “Con la muerte de Pedro, se fue la esposa, pero se quedó la madre”, nos dice con voz entrecortada.

Ha pasado más de medio año de la denuncia que presentó. ¿En qué ha quedado el caso?
Me dieron la noticia de mi despido el 29 de diciembre de 2017 y a Maribel Rondón la sacaron en febrero de este año. Después de eso, para mí no ha pasado nada.

Recordemos el motivo que le dieron para sacarla.
Por austeridad. A Maribel la han repuesto y estoy muy contenta de que ella tenga esa opción. También la sacaron por austeridad. Su reposición sienta un precedente. Están reconociendo que no pueden botar a una trabajadora delicada de salud.

¿No es cierta la austeridad?
Cuando me sacaron, a la semana siguiente pusieron a otra persona en mi lugar, que encima era la amiga del hermano de Acuña. Cuando me sacaron, hablé con Richard Acuña y Luz Salgado. Les expliqué lo que me estaba pasando, sobre todo por mi salud. Los dos me dieron la espalda.

¿Es ilegal lo que han hecho?
Ellos se avalaron con el Reglamento del Congreso, y decían que estaba en modalidad confianza: así tengas 10 años, no te corresponde una plaza. Pero yo tenía plazo fijo a partir de agosto de 2016, que significa que cuando pasas del tercer mes, al primer día del cuarto mes tienes todos los derechos, entre los cuales está que no te pueden echar enferma.

La excusa para echarla fue la austeridad. ¿Cuál cree que ha sido el real motivo?
Porque no quieren tener personas enfermas. Pero no es mi culpa, yo no lo inventé.

Antes de que decidieran su despido, ¿sabían plenamente de su estado de salud y la situación que pasaba?
Cuando mi esposo se enfermó, yo trabajaba en el Congreso. Falleció y yo no podía ni caminar. Fueron al velorio, me vieron quebrada. Iba a trabajar para no perder el trabajo porque ni siquiera tomé los días de descanso. Iba con mi mamá todos los días, me agarraba de un brazo y me llevaba al trabajo. No podía perder el trabajo. A un paciente con depresión severa le dices que se quedó sin trabajo, ¿adónde lo mandas? Terminé en una clínica, y ahí es donde dejé de reclamar, porque primero era mi vida, por mi hijo.

¿Cómo es vivir con una persona enferma?
A mi esposo le dio neumonía fulminante. Era camarógrafo y teníamos 23 años de matrimonio. Apareció con una gripe. Lo llevamos a la clínica porque empezó a hacer fiebre. A los dos días, la fiebre seguía, fue internado y en menos de seis horas pasó a cuidados intensivos. Le hicieron todos los procedimientos posibles para que viva. Llegó el día treinta de haberlo internado y falleció.

La depresión en este país no se toma en serio. A quienes la padecen se les dice que quieren llamar la atención, que están exagerando. ¿Qué caracteriza a una persona con depresión?
Es una persona totalmente destruida. Es como si alguien pusiera una bomba acá y explotara todo.

¿Y cómo vive?
No quiere vivir. No vive, solo respira. Eso nos pasó a mí y a mi hijo. La primera semana del fallecimiento de mi esposo, mi hijo dormía en el piso. ¿Cómo lo levantas? La depresión es no querer vivir. Caminas por la calle, ves un edificio alto y solo quieres subir y desaparecer.

Sin embargo, al final siempre hay una luz y usted ha empezado un emprendimiento.
No teníamos absolutamente nada. Estábamos en cero. Quedaron las plantas de mi esposo. Las empecé a ver, a arreglarlas, un día me fui a un supermercado y vi que un anturio cuesta 70 soles. Entonces, poco a poco empezamos a vender anturios, helechos, calonchos. Comencé a pasarme horas de horas sentada con las plantas, como mi esposo lo hacía.

¿Qué más hace para salir adelante?
Consigo cosas temporales. Sigo en tratamiento, tomo pastillas para mantenerme neutral. Cuando dejas de tomarlas, te quedas desvestida frente al dolor.

Además de lo económico, ¿por qué es importante recuperar su trabajo?
He visto tantas cosas que salen del Congreso, que te indigna. Cien mil soles para rosas. ¿Cómo es posible? Un congresista prófugo, pero que gana muy bien. Una congresista que miente en su hoja de vida y cobra como si nada. ¿Y cómo me sacaron por austeridad? ¿Qué pecado cometí: enfermarme? Eso no lo pedí. ¿Hice un mal trabajo? Mentira.

¿Qué le diría al presidente del Congreso, Daniel Salaverry?
Que conteste la carta del Colegio de Periodistas donde se expone mi caso y se le pide una reunión. Al menos, que nos reciba y que vea mis documentos, que nos traten con respeto. Me mandan troles, tratan de humillarme, me ofenden. Que vea si fui una buena trabajadora o no, si tuve alguna queja. Todo. Que me diga: “mira, te bote por esto”. Claro, también está que la depresión para ellos no es importante. Te acuerdas cuando su lideresa dijo que deprimidos eran los cobardes. Yo le puedo decir a la señora Keiko que no soy cobarde. Porque queriéndome morir todos los días de mi vida e irme con mi esposo, sigo viva.

¿Qué le diría su esposo?
Vamos para adelante.

AUTOFICHA:

“Tengo 49 años. Estudié periodismo en Jaime Bauzate y Meza. Tengo a mi hijo, de 19 años, y a mi mamá. Tengo el emprendimiento Flores del Alma. Quienes quieren comprar plantas pueden comunicarse conmigo al 994 779 372. Mi día a día es batallar con una enfermedad que no se ve, pero te puede matar”.

“Mi esposo se llamaba Pedro Pablo Abanto Araujo, él era camarógrafo. Los 23 años que estuvimos juntos trabajamos juntos. Primero trabajé en medios como reportera, luego en municipios como asesora de prensa. Su partida no solo afectó en el hogar, sino en todo”.

“Mi hijo estudia medicina. Quiere ser intensivista, porque estuvo treinta días con los intensivistas que veían a mi esposo. Él se está curando mucho más rápido que yo, pese a que sigue tomando antidepresivos. Aunque hasta el día de hoy, él no ve una sola fotografía de su padre, porque no puede”.