Andrés Roca Rey empezó a los 7 años.
Andrés Roca Rey empezó a los 7 años.

Una foto. Su hermano mayor, torero, y él, todavía un niño. Están en la plaza de Cajabamba. Su hermano reposa el brazo izquierdo encima del hombro de Andrés, como protegiéndolo. Miran alguna corrida de toros. “Yo siempre decía lo mismo: quiero ser como mi hermano”, me dice. Sus padres no estaban muy de acuerdo, querían que estudiara y se quedara en el Perú. A los 7 años fue su primer toreo y a los 14 partió a España para vivir y triunfar en el mundo taurino. “Así como unos decidieron jugar fútbol en su infancia, yo decidí ser figura del toreo y entregué mi vida al toro”, me dice. tiene 26 años y es el mejor del mundo.

Atiende mi llamada en la ruta. Viaja de Chincha a Lima, camino a un tentadero, a modo de preparación. Luego seguirá su camino a la ciudad, porque viajará a Ecuador para torear. Este sábado vuelve a Lima y el domingo 13 se presentará en la Feria del Señor de los Milagros en la . “Tardes como Lima, por más que se esté toreando en otros lugares, siempre las tienes en tu cabeza”, me dice. Asegura que también entrena el corazón y la mente.

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-¿Cómo preparas el corazón y la mente?

En el campo, en los tentaderos, toreando de salón: cuando haces movimientos toreando con un capote, una muleta pero sin un animal adelante, es digamos el yoga de los toreros. Preparas tu mente y corazón en el miedo, la responsabilidad. Y, aunque nunca te acostumbras al miedo, todo resulta un poco más fácil. No hay que pelearse con el miedo; más bien, hay que llevarlo a tu favor.

-El miedo te pone alerta.

Hay veces en que te concentras tan bien que puedes hasta llegar a olvidarte del cuerpo y es cuando surgen las mejores faenas. Claro, no se puede estar emocionalmente preparado para olvidarte del cuerpo en todas las tardes. Sí es verdad que en muchísimas tardes surge eso y es lo que buscas cada tarde.

-¿Cuando te olvidas del cuerpo, pierdes el miedo?

Se podría decir que sí. Entras como en un trance, te olvidas de todo lo que te puede suceder o por lo menos siendo consciente de lo que te puede pasar, lo asumes con una naturalidad especial.

-Hay una foto tuya en Instagram, de hace unos días, donde estás sentado con tu perro y miras a un punto fijo; parece que has olvidado el cuerpo. Tu perro sí mira a la cámara.

Cuando te metes en el campo, en las ganaderías, te vienen a la cabeza muchas cosas, te da tiempo de pensar.

-¿Qué piensas?

Bueno, empezando desde que puedes perder la vida en cualquier momento y, pese a ello, decides ser torero. Ahí te das cuenta de que esto es una pasión, no es un trabajo, porque por dinero no te puedes jugar la vida. Te das cuenta de que si dejaras de torear, no serías el hombre más feliz del mundo. Es lo que necesito para sentirme bien conmigo mismo y a partir de ahí empiezas a buscar cosas para en la plaza crear arte, que al fin y al cabo es lo que necesitamos los toreros.

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-¿Cómo vive un torero?

Es una vida llena de sacrificio, de mucha soledad, de encerrarte en el campo, de muchos viajes, de no tener mucho contacto con tus seres queridos. Sabes que un toro puede en cualquier momento acabar con tu vida; entonces intentas disfrutar y sentir la vida, que cuando nos vayamos de este mundo, no hayamos dejado ni un momento de apasionarnos. Mucha gente piensa que ser torero es llegar a un hotel, meterte a una suite, vestirte de oro y salir a la plaza a recibir muchos aplausos. Pero están equivocados. Es una vida llena de sacrificios, de nostalgias, muchas veces de cosas feas: cornadas, miedos, de escuchar cosas feas de ti cuando no te salen las cosas en la plaza; lo que sí es verdad es que con un triunfo en una plaza importante, te das cuenta de que vale la pena.

-Joaquín Galdós, que es de tu generación, me dijo que él siempre se cuestiona. ¿Te pasa lo mismo?

Pasa que un día puedes decir: “Qué necesidad tengo de estar metido aquí”, sea porque un toro te puede matar o por las críticas. Pero esta es una filosofía de vida más que una profesión, es lo que me da la vida. No me enfrento al toro bravo, es un animal al cual estoy muy agradecido, porque es un animal que me ayuda a expresarme y a crear mi obra de arte.

-Se cuestiona que el toreo sea arte.

El toreo siempre ha sido cultura de un país, ha sido la fiesta del pueblo. Es un animal que nace únicamente para una plaza de toros. Es una raza que tiene que ser muy cuidada.

-¿Te sientes el mejor torero del mundo?

Nunca me gusta hablar ni pensar en ‘mejor o peor torero’. El arte no es una competencia. Para hacer arte hay que concentrarse en uno mismo y no pensar en números ni estadísticas.

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-Me dices que tu vida no es ‘normal’. Pero en tus redes también publicaste una foto en Cajamarca con Victoria (la hija de la infanta española Elena) y de alguna forma esa escena en una plaza te convertía en alguien ‘normal’.

Nunca me ha gustado entrar en ese juego. No vivo de ello, no me gusta, me blindo ante esas cosas. Yo soy torero. Sí es verdad que no tengo por qué dejar de ser amigo de algunas personas que también están en la mira de la gente. Y es verdad que al fin y al cabo eres un joven normal, me gusta estar con mi familia, con mis amigos, me gusta hacer cosas de gente joven.

-Y también publicaste una cita del cantante español C. Tangana: “La vida solo sirve para dos cosas, para enamorarse y para morirse, y os dan miedo las dos”. ¿Qué es más difícil: enamorarse o torear?

(Risas). Bueno, salgo a torear más veces que las que me enamoro. Pero es verdad que me gusta enamorarme y me gustaría encontrar en algún momento a la mujer de mi vida para no centrarme en nadie más que en ella.

-Entonces, más difícil es enamorarse.

Yo creo que sí y desenamorarse es todavía más difícil.

-Puedes perder la vida cuando te enamoras.

Sí. Fíjate que también es bonito salir a la plaza enamorado. Me gusta enamorarme, ilusionarme, me considero muy romántico.

-¿Hoy sales a torear enamorado?

Sí, salgo a torear enamorado de una persona que aún no está enamorada de mí.

-Listo, Andrés, gracias por tu tiempo.

Bueno, espero que toreando, como unas bonitas palabras, y con un buen sentimiento, termine enamorándose (ríe).

-Tendrás que enamorarla toreando.

Así es. Ella todavía no sabe quién es.

-Capaz se entera por esta entrevista.

(Andrés ríe y se despide).

AUTOFICHA:

- “Soy Andrés Raúl Roca Rey Valdez. Tengo 26 años. Nací en Lima. Tuve maestros, pero nunca fui a una escuela taurina. Creo que en mi generación se tuvo la suerte y atrevimiento de ir a España. Intento aprovechar lo más que puedo mis ventajas”.

- “Sin duda, las puertas grandes de Madrid están entre los principales logros en mi carrera. En la Plaza de Toros de Las Ventas, cuando se triunfa, tu carrera se impulsa. También hay triunfos importantes en Pamplona, Bilbao, Sevilla”.

- “Y también están los escapularios del Señor de los Milagros en Acho, significan mucho para mí como peruano y como torero. Y ahora después de Acho tengo una semana libre, que desde el año pasado no tenía una, y quiero disfrutarla con mi familia”.

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José Baella

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