Álvaro Delgado-Aparicio, director de 'Retablo': "Cuando hay amor, todo se puede ver de otra forma"

“Para mí, el cine no solo es un medio para proyectar imágenes, sino también para reparar imágenes. Siempre me ha llamado la atención cómo uno va buscando su identidad, buscando tu propio punto de vista”, señala el también consultor en creatividad e innovación.

Álvaro Delgado-Aparicio

(Perú21/ Violeta Ayasta)

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Perú21

Mijail Palacios

Ya son 29 los premios internacionales que ha recibido la película Retablo . El fin de semana pasado ganó dos más. Carrera exitosa que empezó tras su estreno mundial en la Berlinale de Alemania, en febrero del año pasado. Desde entonces, la cinta ha viajado por Ucrania, Cuba, Australia, Francia, África y ahora se alista para llegar a China, Holanda, Estados Unidos y Ayacucho, donde fue grabada y aún no ha podido ser estrenada. Y no sería descabellado pretender que llegue a los Oscar. Mientras tanto, está en su sexta semana en la cartelera comercial local, gracias, sobre todo, al boca a boca. “Ya estamos alrededor de los 60 mil espectadores. Los pronósticos eran que no iba a durar más de dos días”, me dice el director de la cinta, Álvaro Delgado-Aparicio.

Segundo Paucar es uno de los protagonistas del filme. Es un ayacuchano de 14 años que quiere ser retablista. A esa edad, Álvaro quería ser director de cine. Parado, frente a una sala cinematográfica de Londres, ciudad donde nació, se encontró con esa pasión. Adentro, proyectaban El paciente inglés y él la vio seis veces seguidas. Comenzó a comprar guiones y DVD. Veía una película en casa, ponía pausa y leía el guion. Así pasó con unas 1,500 cintas. Había dejado atrás su pasado como jugador profesional de tenis. Había salido de un retablo para entrar en otro, el del cine.

¿Por qué no estudiaste cine?
Primero estudié Economía y Administración, al mismo tiempo. Y mi maestría fue en Psicología Organizacional. Mi meta era graduarme y ver cómo podía migrar al cine. Cuando terminé Economía y Administración, dije: quiero hacer otra cosa, no me hallo. Me fue muy bien, me gradué primero en una carrera y cuarto, en la otra. Había decidido que iba a estudiar cine, pero cuatro días antes de mi entrevista en el London Film Academy, me llamó la universidad y me dijo que mis dos tesis se iban a publicar y que me daba una beca completa para que escoja la maestría que quiera. Encontré Psicología Organizacional. Decidí no estudiar cine.

¿Y cuándo vino la escena detonante en tu vida para, finalmente, hacer cine?
Seguía escribiendo mis guiones. Y hace como ocho años, me pregunté: ¿el día que me muera, qué voy a hacer con tantos guiones? Hice un corto: “Me puedes ver”, que se estrenó en el festival de Los Angeles. Trabajaba como consultor en temas de creatividad e innovación (como hasta ahora). Luego escribí un largo que se llamó El color de los números, me encantó y apliqué a DAFO, quedé finalista. Y cuando me entrevistaron, me preguntaron: “¿Por qué te daríamos el premio si no estudiaste cine?”. Y no gané.

Un poco cruel esa pregunta.
El viaje de la innovación como el viaje del cine es de resiliencia. Le pasé el largometraje a un consultor de guiones de afuera y me dijo que le parecía interesante, pero era muy inocente y que debía encontrar el “mundo dark”. Un día, mi hermano me dice que lo acompañe a hacerse un tatuaje, el sonido de la máquina me movilizaba bastante; y con base en ello escribí un corto que se llamó “El acompañante”. Se lo enseñé al consultor de guiones y le pareció alucinante. Y entró al Festival de Sundance, al que postulan más de 8 mil cortos y solo entran 14. Quedó finalista. En Sundance lo pasaron como cinco veces y en la cuarta pasada, al final, cuando me estaba yendo, me tocaron el hombro y era Robert Redford. Me preguntó dónde había estudiado cine (risas). Y me puso en contacto con quien manejaba el instituto de Sundance: de 5 mil directores, escogen 5 al año. Y tenía un guion que había escrito con Ronnie Temoche. Se llamaba “El retablo y los sueños”; no tenía nada que ver con Retablo. Lo enseñé y seis meses más tarde me llamaron. Fui a Sundance y te ponen 12 mentores. Después de tres semanas, de 120 páginas me habían quedado dos líneas y me dijeron: eso es tu película.

¿Qué decían esas dos líneas?
Planteaban que, a veces, cuando estás en una relación compleja con tus padres o tu pareja, quieres liberarte, pero la dependencia es más fuerte: ¿cómo manejas ese conflicto? Por cuatro meses, no toqué el material. Llamé a Héctor Gálvez y le dije si quería colaborar, y nació Retablo, en enero de 2014. Tuve que dejar todo e irme a vivir un año a Ayacucho.

Pero no fue tu primera vez con Ayacucho.
Antes de escribir “El retablo y los sueños”, yo tenía una fascinación por los retablos. Los veía como portales que te llevaban a otras dimensiones. Leí el libro de Pablo Macera sobre retablistas y decidí irme de vacaciones a Ayacucho para conocer a estos seres increíbles. Para mí, el cine no solo es un medio para proyectar imágenes, sino también para reparar imágenes. Siempre me ha llamado la atención cómo uno va buscando su identidad, buscando tu propio punto de vista.

En Retablo estamos frente a una historia que aborda la discriminación. ¿Frente a qué estamos cuando se habla de homofobia?
Las personas que están en contra de la homosexualidad tienen sus miedos que no están resueltos. La homofobia es un miedo de aceptar al otro como es.

La homosexualidad no es algo que se cure. ¿La homofobia sí?
Muchas personas nos han escrito por la película y confiesan que ese tema no lo aceptaban antes, pero después de ver la cinta, pensaron que no era tan complejo como lo estaban viendo. Cuando ves el otro lado de las cosas, comienzas a aceptar al otro como es.

Y Retablo es una historia de amor.
Siempre fue una historia de amor. Cuando Junior Béjar leyó el guion y tenía que tomar la decisión de si iba a meterse en este personaje, al toque me dijo: es una historia de amor. Cuando hay amor, todo se puede ver de otra forma.

Si fueras retablista, ¿cómo sería tu retablo?
(Se queda en silencio y piensa). Haría un retablo con mi esposa y mis dos hijos jugando un juego de mesa. También me imagino a los 28 años haciendo un retablo donde yo salga con una cometa y jugando con otros amigos con sus cometas, volando libremente, todos contentos.

AUTOFICHA :
- “Soy Álvaro Delgado-Aparicio Labarthe. Luis, ‘Saravá’, es el hermano de mi papá y mi padrino, y Jaime, el compositor y músico, también es el hermano de mi papá. Tengo 43 años de edad y nací en Londres, cuando mis papás estaban estudiando allá. Estuve ahí hasta los 4 años y de ahí todos migramos a Lima”.

- “Entre las películas que me han conmovido bastante están Rosetta de los hermanos Dardenne, la cinta iraní Taste of Cherry de Kiarostami y El paciente inglés de Anthony Minghella, que la he visto como seis veces seguidas, es una película que me marcó bastante”.

- “ Retablo se estrenará en China, en Holanda y en setiembre y octubre en Estados Unidos. El espacio que me mueve son las relaciones familiares y si tuviera la oportunidad de hacer un próximo proyecto, me encantaría trabajar la relación de madre e hija y tener el universo de la selva para tejer eso”.

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