(Renzo Salazar)
(Renzo Salazar)

Para el japonés Kamame Hayashi, padre del popular robot social Pepper, un androide puede despertar la empatía de un ser humano y remediar la soledad. Estas son las bases de su proyecto, que busca ser capaz de cumplir con estos objetivos en los hogares.

Pepper salió a la venta en 2015 y se lo considera como el primer robot capaz de interpretar las emociones y el lenguaje humano y se le puede ver interactuando con personas en muchos establecimientos comerciales de Tokyo.Quizá este sea el mundo que le espera en unos años a Alexander Guzmán (14), estudiante de tercero de secundaria del colegio Sor Querubina de Surquillo, un apasionado de la electrónica y la robótica.

"Hace cuatro años se realizó en el Jockey Plaza la primera Feria Internacional de Tecnología, Informática y Comunicaciones (Expotic). Cuando llegue al stand de la empresa-escuela Troonic, me sentí como un niño cuando entra por primera vez a Disney", asegura el adolescente, quien señala que cuando vió un robot con un brazo mecánico gigante que era controlado a control remoto se quedó fascinado y que inmediatamente le pidió a su papá que lo inscriba en un curso básico de electrónica.

"Desde ese instante he vivido inmerso en ese mundo. Al comienzo aprendí como se arma un motor y luego como funciona una tarjeta electrónica, posteriormente ya comencé a armar robots de todo tipo y arreglar hasta audífonos y juguetes electrónicos de mis primos", sostiene Alexander.

Agrega que los exigentes deberes escolares lo han hecho dejar sus estudios de electrónica unos meses, pero que piensa retormarlos en el verano que viene. "Ya culminé los módulos básicos, intermedios y avanzados. Ahora viene el reto de la programación", acota el escolar, que sueña con ser un ingeniero de sistemas cuando alcance la adultez.

"De hecho estudiar en Troonic me está sirviendo de mucho como preparación. Allí nos enseñan a amar a la electrónica. Nada es aburrido, porque despiertan tu creatividad", nos cuenta.

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