En 2019, un vídeo de un , aparentemente bonito, se hizo , pues movía su cuerpo de un lado a otro, con vistosos colores en sus antenas produciendo un simpático ‘bailecito’. Sin embargo, la historia real de este acto está lejos de ser linda.

Es más, es aterrador y da miedo. Esta conducta es producto de un parásito introducido dentro del caracol: el Leucochloridium Paradoxum. Este utiliza a los caracoles como transporte, tomando control de su cerebro.

Luego de tomar las riendas del cuerpo del infortunado caracol, este busca llamar la atención de las aves, para que sean devorados y así el parásito llegue al estómago de los pájaros, en donde incuban.

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Las larvas son expulsadas a través de las heces de estas aves, con la idea de buscar nuevos caracoles, infectarlos, hacer que se suiciden y seguir con el ciclo. La cruel naturaleza en acción.

El parásito provoca además que el cuerpo de los caracoles sea vuelva traslúcido, y los colores que se pueden ver en las antenas del caracol no son otra cosa más que el mismo parásito, moviéndose dentro del molusco.

Los caracoles no son la comida favorita de las aves -sobre todo debido a su caparazón-, pero gracias a sus colores, el parásito recrea cómo se verían las larvas de los gusanos que sí entran dentro del menú preferido de estos animales.

Así pues, los caracoles sin voluntad propia son muchas veces destrozados a picotazos. Si bien en algunos casos lo moluscos sobreviven y pueden recuperar ciertas capacidades, los parásitos se acomodan en los instestinos de las aves, su nuevo hogar.

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