Dar a luz hace 2 millones de años era más fácil y menos doloroso, según estudio. (Foto referencial/ Getty Images)
Dar a luz hace 2 millones de años era más fácil y menos doloroso, según estudio. (Foto referencial/ Getty Images)

Uno de los grandes retos para muchas mujeres es, sin duda, la maternidad. Llevar el proceso de y principalmente el parto es una experiencia que llena de temor a muchas mujeres por el dolor que puedan sentir.

El dolor del parto es, quizá, uno de los peores que se pueden experimentar físicamente. En ese sentido, el avance de la ciencia médica ha ayudado a mitigar ese proceso a través de medicamentos y anestesias, pero este no ha podido eliminarse por completo.

Ahora imaginen cómo sería parir en medio del campo o la jungla, sin ningún tipo de anestesia o siquiera ayuda. Esta es la pregunta que intenta responder un reciente estudio publicado en .

Image of a fossil Australopithecus afarensis on its side
Image of a fossil Australopithecus afarensis on its side

NO LA TENÍAN TAN DIFÍCIL

Según el estudio, nuestras antepasadas de hace unos cuantos millones de años atrás, aproximadamente en la época de Lucy, nuestra ancestra más antigua, no la tenían tan difícil al momento de parir a sus hijos.

Esta facilidad se debía principalmente al tamaño de sus cráneos, considerablemente más pequeños que los voluminosos cráneos con los que nuestra especie cuenta actualmente.

Si la evolución nos ha dado algo verdaderamente beneficioso a nuestra especie, esto fue el tamaño de nuestros cerebros. Sin embargo, este gran cerebro, capaz de facilitarnos toda una serie de habilidades cognitivas, necesitaba de un recipiente adecuado y seguro que lo contenga. Es por eso que nuestros cráneos fueron creciendo paulatinamente.

Todo bien con nuestras cabezas grandes y sus múltiples beneficios, pero este tamaño nos juega en contra al momento del parto. Basta con preguntarle a cualquier mujer que haya experimentado ese proceso, especialmente sin epidural.

Image of a fossil Australopithecus afarensis
Image of a fossil Australopithecus afarensis

RECONSTRUYENDO A NUESTROS ANCESTROS

Al respecto, un equipo de científicos de la Universidad de Boston decidieron investigar cómo sería el parto de una hembra de Australopithecus sediba, del mismo género que la famosa Lucy.

“El trabajo preliminar sobre la pelvis del recién descubierto homínido Australopithecus sediba de 1,98 millones de años determinó que poseía una combinación única de características similares al Homo y al Australopithecus . Aquí creamos una pelvis compuesta de Australopithecus sediba para reconstruir el proceso de nacimiento en este homínido temprano”, se lee en el estudio.

Los registros fósiles que existen de esta especie ancestral revelaron que caminó sobre la Tierra hace 2 millones de años. Las hembras tenía un canal de parto muy similar al del Homo sapiens, pero la ventaja que tenían eran sus pequeñas cabezas.

Según el tamaño de los huesos que existen del Australopithecus sediba, los niños eran considerablemente más pequeños y fáciles de parir. Es más, estos no necesitaban de varios giros antes de salir por el canal de parto a diferencia de los bebés actuales, quienes tienen que girar varias veces y acomodarse.

“De acuerdo con otras especies de homínidos, incluidos los humanos modernos, el feto entraría en la entrada pélvica en dirección transversal. Sin embargo, a diferencia de los humanos modernos, el feto no necesitaría rotaciones adicionales para atravesar el canal de parto”, se refiere.

Ni siquiera el ancho de los hombros significaba un problema, incluso al pasar por la parte más estrecha de la pelvis materna.

“Con una forma del canal de parto más estrechamente asociada con los especímenes del género Homo y la falta de restricciones cefalopélvicas o del hombro, por lo tanto, encontramos evidencia para apoyar la hipótesis de que la morfología pélvica del Australopithecus sediba es el resultado de restricciones locomotoras, más que estrictamente obstétricas”, agrega el estudio.

Lo que los científicos no tienen claro todavía es el momento en el que empezó a complicarse el proceso de parto, que hizo necesaria la rotación del bebé. Y a manera de cálculo irónico, el gran tamaño de nuestros cerebros compensó el dolor del parto, pues esos y muchos cerebros son los responsables de la ciencia médica que ahora evita gran parte del dolor y disminuye la tasa de mortalidad al momento del alumbramiento.

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