La principal arma contra el coronavirus: ¿Cuál es el origen del jabón y por qué desinfecta? (Getty)
La principal arma contra el coronavirus: ¿Cuál es el origen del jabón y por qué desinfecta? (Getty)

La pandemia del que está azotando a varios países en el mundo ya causó la muerte de más de 20 mil personas y se han registrado cerca de 500 mil casos confirmados de contagio. Una situación alarmante que ha motivado a que diferentes gobiernos adopten medidas extremas de aislamiento social con la finalidad de frenar su propagación.

Sin embargo, una de las principales armas para combatir a este mortal virus es uno de los objetos más cotidianos que puedan existir y que muchos lo dan por sentado: el jabón.

Con un origen bastante incierto, pero cuyo uso significó un aumento significativo en la esperanza de vida de la humanidad, el jabón se convirtió en uno de los inventos más importantes del hombre, un objeto de uso primordial a fin de mantener la higiene y prevenir una infinidad de enfermedades.


ORIGEN INCIERTO

Su origen no ha sido del todo establecido, pues se han registrado el uso de sustancias a manera de jabón en distintas civilizaciones antiguas. Una de las primeras recetas conocidas es atribuida a los Sumerios (aproximadamente hace 3000 años), una civilización del Medio Oriente que mezclaba una parte de aceite y cinco de potasa, que era el carbonato de potasio obtenido principalmente de las cenizas vegetales.

El resultado de esta mezcla era una pasta endurecida que libraba al cuerpo de la suciedad con mayor eficacia que usando solamente el agua del río.

Por su parte, los egipcios se frotaban con un producto obtenido de la mezcla de un carbonato de sodio mineral extraído de los lagos salados llamado natrón, una arcilla poco elástica con la propiedad de absorber materias grasas y una leguminosa remojada y machacada llamada altramuz.

Pero fueron los fenicios, otra civilización de la zona mediterránea, que también fabricaba su propio jabón usando aceite de oliva y soda cáustica (o carbonato de sodio) obtenida a partir de las cenizas de la combustión de plantas halófitas, que son las que prosperan en las salinas como la salicornia o la salsola.

Estos últimos, expertos comerciantes, habrían sido los responsables de distribuir no solo el producto de higiene personal por todo el mediterráneo sino también su receta. Así llegó a los pueblos germanos y celtas, quienes usaron grasas animales para su receta y que el historiador y naturalista latino Plinio el Viejo describía como "una especie de ungüento grasiento de sebo de cabra y cenizas de haya que se dan en el pelo para untárselo y teñirlo los pueblos bárbaros, al que llaman sapón”.

Esta fue probablemente la primera mención del nombre de jabón, que sería de origen germánico y significaría sebo o grasa animal.

Los romanos no usaban este producto, presuntamente por considerarlo de uso bárbaro, pero en su lugar usaban piedra pómez, aceites aromáticos y cenizas, pues el olor de la grasa rancia les resultaba desagradable.

Ya para el siglo VIII se conocía el jabón en toda Europa y el Medio Oriente, siendo principalmente las ciudades de Marsella, Toledo y Génova, los principales lugares de fabricación de este producto que era bastante caro por los insumos que se usaban.

LA BARRA DE JABÓN

En 1791, el químico francés Nicolás Leblanc descubrió la forma de obtener carbonato de sodio a partir de la sal marina. Un procedimiento que facilitaba la obtención de uno de los principales ingredientes del jabón y que permitió abaratar el coste de su elaboración a la par que universalizó el producto.

Este nuevo jabón, más barato, se moldeó en barras con el rostro del rey de Francia y venía con una inscripción que decía “Quita todas las manchas”.

¿POR QUÉ QUITA LA SUCIEDAD Y DESINFECTA?

La razón por la que una barra de jabón, que está constituida a base de grasas, es capaz de limpiar y quitarse con el agua, se debe a su composición química. Estas tienen una parte que son liposolubles (hace que el jabón logre disolver la grasa) y otras hidrosoluble (hace que el jabón se disuelva a su vez en el agua).

Las manchas de grasa al ser insolubles al agua, requieren del jabón para romper esta insolubilidad y permitir que estas manchas se diluyan. Cuando un jabón se disuelve en agua disminuye la tensión superficial de esta, con lo que favorece su penetración en los intersticios de la sustancia a lavar. De esta manera, la suciedad es retirada de la superficie lavada.

Algunas bacterias y virus tienen membranas lipídicas. Cuando te lavas las manos con agua y jabón, rodeas cualquier microorganismo de tu piel con moléculas de jabón. Las moléculas de jabón que flotan libremente intentan evadir el agua y en el proceso, se introducen en las envolturas lipídicas de estos microbios y virus, abriéndolos a la fuerza. Las proteínas esenciales se derraman de las membranas rotas en el agua que las rodea, matando a las bacterias e inutilizando a los virus.

EL LAVADO DE MANOS

Pese a que ya se conocía la acción higiénica del jabón desde tiempos antiguos, pues incluso Galeno, el más importante de los médicos romanos, ya aseguraba que era la mejor manera de eliminar la suciedad era este producto y así evitar enfermedades. El personal de salud no tenía la costumbre de asearse antes de practicar cualquier tipo de procedimiento médico, pues la idea de bacterias y virus afectando a los humanos no se tenía del todo claro.

El médico húngaro Ignaz Semmelweisa descubrió que el correcto lavado de manos antes de una intervención médica, reducía muchísimo las infecciones que posteriormente terminaban con la vida de la persona. A este hombre se le atribuyó, desde entonces, la invención de uno de los procedimientos que hoy todos tenemos interiorizado: el lavado de manos.

Y este procedimiento, como era de esperarse, no sería posible sin la presencia del jabón. El invento que en su infinidad de presentaciones, ha servido para salvar vidas y prolongar la existencia de la humanidad.

Con información de Vix, Curiosfera, CNN, The New York Times


Ver La historia que pocos conocen sobre la lejía, en el Perú y en el mundo