Foto: Amusing Planet
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Una de las reglas generales que uno aprende rápidamente en este mundo tan ligado a la es no combinarla con . Es tan sencillo como suena y la verdad es un buen consejo. Sin embargo, mucho antes de la era tecnológica como la conocemos, existió un que funcionaba con agua.

La energía hidráulica hizo posible muchas proezas a lo largo de la historia, como mover grandes y pesadas estructuras desde tiempos remotos y hoy sigue siendo una herramienta útil, incluso en la generación de electricidad.

Sin embargo, está también presente en las automoción, la construcción, minería y muchos campos más, útiles para la vida humana tal y como la conocemos. Ello gracias a las bombas, válvulas y motores hidráulicos modernos.

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Así pues, dada su valiosa utilidad, a Vladimir Lukyanov, tuvo la idea de aplicarla a un ordenador. El ruso es conocido por ello como el padre del integrador hidráulico.

Previo a la invención del transistor, en un época primitiva de la informática a inicios del siglo XX, esta se hallaba más relacionada a la mecánica que a los ordenadores como los conocemos hoy.

Y es que sin electrónica, el funcionamiento de estas máquinas se basaba en palancas y engrane, que generaban órdenes en acciones que afectaban a muchas piezas a la vez. En función del resultado, éste ofrecía la respuesta a un problema, normalmente un cálculo matemático.

Vladimir Lukyanov entonces pensó en sustituir ciertos elementos mecánicos de estos ordenadores primitivos con agua, conociéndose como integrador de agua o integrador hidráulico.

Lejos de la computación moderna, resolvía ecuaciones diferenciales. Algo muy importante para campos como la construcción o la aeronáutica. El primero en su especie y que mantuvo ese título durante, al menos medio siglo más.

Los cambios de temperatura y el hormigón

Vladimir Lukyanov se gradúa como ingeniero ferroviario en 1925, dándose cuenta en uno de sus primeros trabajos que el hormigón era afectado por el cambio de temperatura: Tras su aplicación en verano, durante el invierno empiezan a surgir las primeras señales de rotura.

Para tener una solución a partir de los datos que tenía, el ingeniero debía realizar complejas ecuaciones diferenciales, una tarea que requería mucho tiempo y precisión.

Por ello, entendió que era necesaria una máquina que automatice este proceso: un ordenador mecánico preciso y rápido para hallar respuestas. Lukyanov entendió que las leyes físicas que se aplican al agua tienen cierta similitud con las leyes que rigen la distribución del calor.

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El ordenador de agua aparece

El ingeniero ruso empieza así sus investigaciones sobre la hidráulica y térmica en relación al hormigón en el Instituto Central de Vías y Construcción. En aquel entonces, 1930, se llamaba Instituto Central de Vías y Construcción del Comisariado Popular de Comunicaciones de la URSS.

Luego de seis años de investigaciones, nace el ordenador mecánico de agua, que se conocería como integrador hidráulico, siendo bautizado por su creador como IG-1.

Este tenía el tamaño de un armario, algo común en los ordenadores del siglo pasado, fabricado en hierro. El nivel de agua, repartida en diferentes cámaras o tubos de vidrio, representaba determinados números. El flujo entre ellas equivalía a las operaciones matemáticas.

Esta máquina contaba con unos depósitos verticales interconectados con tubos de resistencia hidráulica variable y conectados a los depósitos móviles. Al subirlos y bajarlos, el flujo de agua cambiaba.

El resultado e mostraba mediante gráficos, que se imprimían en papel. Luego se traducían estos gráficos a datos, pero la tarea difícil se resolvía con poco esfuerzo: la primera máquina informática había nacido.

Con todo, trabajar con esta máquina u ordenador de agua no era fácil. Era necesario realizar unos esquemas y cálculos previos para configurar los tubos y el agua de manera que se pudiera realizar el cálculo requerido por el operario.

Pero aún así, el proceso era mucho más rápido y sencillo que si hubiera sido completamente manual. De ahí la importancia del integrador de agua.

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