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Extender la vida de baterías hasta por 30 años sería factible gracias al uso de nanopartículas de cobre, las mismas que sirven para desarrollar bactericidas, señaló Colin Wessells, de la universidad de Stanford.

Según la revista , que publicó el trabajo del joven investigador, es posible multiplicar por cien el número de ciclos de carga y descarga que puede soportar una batería actual. Y sin aumentos de coste, lo que significaría un progreso importante en cuanto a su impacto ambiental.

El experimento es embrionario. De hecho, Wessells ni siquiera ha construido su propuesta de batería. Pero, según dice, los tests de laboratorio son prometedores. Ton Aymemí, asesor de gestión de residuos, considera que la noticia es positiva porque siempre "es mejor alargar la vida de las baterías que reciclarlas". Y más teniendo en cuenta el "estado de obsolescencia programada" en el que nos encontramos.

Wessells no es el único en trabajar en este tipo de soluciones. En setiembre del 2010, científicos de la Universidad de Leeds (Reino Unido) lo probaron con un polímero gelatinoso, que permitía que la batería de ion-litio fuera más pequeña, más ligera, más segura y más barata.