House of Cards: Un final con mujeres a cargo | Reseña

La exitosa serie de dramas e intrigas políticas llega a su fin luego de seis años y medio. ¡Alerta de spoilers!

House of Cards

Claire Underwood (Robin Wright) discute con el multimillonario Bill Shepherd (Greg Kinnear) en el despacho oval. En el fondo los observa a su vicepresidente Mark Usher (Campbell Scott). (Foto: Netflix)

Claire Underwood (Robin Wright) discute con el multimillonario Bill Shepherd (Greg Kinnear) en el despacho oval. En el fondo los observa a su vicepresidente Mark Usher (Campbell Scott). (Foto: Netflix)

Claire Underwood (Robin Wright) discute con el multimillonario Bill Shepherd (Greg Kinnear) en el despacho oval. En el fondo los observa a su vicepresidente Mark Usher (Campbell Scott). (Foto: Netflix)

Redacción Redacción

Por Mauricio Chereque

Más de año y medio tuvimos que esperar los seguidores de "House of Cards" para asistir al epílogo de la serie de drama político más comentada en los últimos años y, sobre todo, para conocer cómo solucionaban los guionistas el obligado y justificable alejamiento del protagonista Kevin Spacey ―Frank Underwood ― tras conocerse diversas denuncias de abuso sexual en su contra.

Sin embargo, esta ausencia es quizás lo mejor que pudo pasarle a la serie que había terminado su quinta temporada dejándolo en un segundo plano tras la asunción de Claire ― Robin Wright ― a la presidencia. Es, precisamente, en la exploración de este personaje a través de flashbacks y permanentes diálogos con el espectador rompiendo la cuarta pared ― algo a lo que House of Cards nos tiene acostumbrados ― que se logra hacer justicia a uno de los protagónicos femeninos más memorables de los últimos años.

En esa línea, la inclusión de Diane Lane y Greg Kinnear como los hermanos Annette y Bill Shepherd, respectivamente ― representantes del conglomerado energético y mediático ― como el poder en la sombra permite observar a Claire en acción con sus iguales, y ser testigos de lo que puede ser capaz de hacer con tal de defender sus intereses al igual que su difunto esposo.

Destacan, especialmente, las numerosas discusiones entre Claire y Anette, amigas de la infancia, y cómo el enfrentamiento político mina toda posibilidad de reconciliación. Estos dos personajes no temerán en usar su minada confianza para lanzarse verdaderas puyas que recuerdan los mejores momentos de la serie en sus primeras dos temporadas.

El matiz femenino, en ese sentido, marca de manera indeleble el devenir del enfrentamiento entre ambos personajes a lo largo de la trama: ante una denuncia de un aborto en un embarazo avanzado, la respuesta es un gabinete conformado en su integridad por mujeres, ante un complot para removerla de la presidencia, la respuesta es revelar un oscuro secreto relacionado con la maternidad; entre otros.

Puntos débiles
La sexta temporada recae en lugares comunes y reuniones inverosímiles. Un ejemplo de esto es la conversación de Claire sobre la situación en Siria con el presidente ruso Viktor Petrov (Lars Mikkelsen) en un ambiente de la casa de la ex secretaria de Estado Catherine Durant (Jayne Atkinson).

También abusa de misterios innecesarios, como el final que se le da precisamente al personaje de Atkinson, quien finge su muerte y a los dos capítulos sin previa aparición es asesinada.

Además del improbable embarazo de Claire con más de 50 años, que aunque sea conveniente para la trama  genera suspicacias al espectador sobre la verosimilitud de la historia.

Quizás el punto más flaco de la temporada es la incorporación de personajes intrascendentes como el del vicepresidente Mark Usher ― Campbell Scott ― quien hace extrañar a Remy Danton ― memorable interpretación de Masherhala Ali ― pues cumple, básicamente, su misma función como nexo secreto entre intereses corporativos y el poder político.

El acierto
No obstante, el mayor logro de la conclusión de House of Cards es el final que se le da a Doug Stamper ― impactante Michael Kelly ― a quien no solo vemos en desesperación por la falta de la figura filial de Frank Underwood; sino que también lo vemos salir de las sombras y revelar finalmente en quién guarda su lealtad.

El epílogo, en ese sentido, nos muestra a un personaje desgarrador, consumido por el juego político, utilizado como un peón, pero aferrado a las palabras y a un misterio que solo él conoce: ¿quién mató a Frank Underwood?

House of Cards termina, pues, con el pie en alto, no al nivel de sus primeras temporadas, pero sí superando a las dos previas, enfocándose en personajes que por la presencia del protagonista nunca pudieron ser explorados con la justicia necesaria y dándole un mensaje a la sociedad en la actual coyuntura ― especialmente a la estadounidense ― otorgándole el liderazgo a las mujeres y verlas actuar de igual a igual en el juego político al que la serie nos ha tenido acostumbrados desde que Netflix apostó por su distribución el 2013.

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