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Jueves 27 de febrero del 2014 | 06:41

En esta entrevista, el exprimer ministro señala que tomó la decisión de renunciar el jueves pasado, apenas la primera dama lo contradijo sobre el tema del salario mínimo.

Para Villanueva, la influencia de Heredia sobre Humala no ayuda a institucionalizar el país. (C. Fajardo/M. Pauca)
Para Villanueva, la influencia de Heredia sobre Humala no ayuda a institucionalizar el país. (C. Fajardo/M. Pauca)

Gonzalo Pajares C. (gpajares@peru21.com)
No estuvo en el cargo de primer ministro ni siquiera cuatro meses. Juró en octubre pasado con la ilusión de institucionalizar el país… pero se encontró con un obstáculo insalvable. No, no era Conga ni las protestas sociales, menos la inseguridad ciudadana o el crecimiento económico insuficiente, menos los resultados paupérrimos de nuestra educación. No, el problema principal para César Villanueva estaba en casa, se llama Nadine Heredia, y es la primera dama.

¿Cómo conoció a Ollanta Humala?
Lo conocí cuando él ya era presidente de la República y yo presidente regional. Teníamos en común la visión de los proyectos, los temas de desarrollo y apreciaba mucho lo que hacíamos en San Martín. Dicho esto, es solo una especulación que Ollanta Humala me hubiese ofrecido el cargo de primer ministro antes de octubre del año pasado.

¿Hubo empatía inmediata entre ustedes?
Al inicio, nuestro trato fue formal, el que se da entre autoridades, pero después surgió una empatía… que se mantiene hasta hoy. No nos hemos peleado. Nuestros puntos de vista pueden ser discordantes pero no nos separan.

¿Cuándo conoció a Nadine?
La conocí después que conocí al presidente Humala y, más tarde, sostuvimos varias conversaciones amicales. Mi relación con ella sigue siendo la misma que tengo con su marido: buena, positiva.

Usted no es un hombre de rencores…
No lo soy, no es parte de mi conducta.

¿Quién lo llamó para ser primer ministro: Nadine Heredia u Ollanta Humala?
El presidente me convocó para conversar en Lima, y allí me propuso el cargo.

¿Tenía indicios sobre el estilo de gobernar –siempre en coordinación con su esposa– de Ollanta Humala?
Mis referencias eran las normales, no veía nada raro, nada que me pusiese en alerta.

Pero la prensa ya señalaba que la presencia de Heredia era muy fuerte, que incluso cogobernaba el país…
Tomé esto como una noticia especulativa, quizás con algunos elementos reales, pero yo no tomo decisiones sobre especulaciones. Si el presidente tuvo la gentileza de invitarme a encabezar su gabinete, de lo que tengo que hablar es de los temas nacionales, y eso hicimos siempre.

Pero ya en la cancha se dio cuenta de que había problemas de institucionalidad…
Puesto en la cancha comprobé, verifiqué algo que me preocupa en todo el país: su institucionalización. Sobre esa base planteé en el Congreso la institucionalización del país, porque este es uno de los pilares fundamentales para reforzar la democracia y tener un Gobierno predecible en sus decisiones políticas y, por ende, confiable.

La presencia en el Gobierno de Nadine Heredia, ¿ayuda a la institucionalidad del país?
En el poco tiempo que estuve en el Consejo de Ministros, ella, de manera oficial y formal, no participó en las decisiones que le competían, por lo menos, al gabinete en pleno. Es más, no estuvo nunca en ningún Consejo de Ministros y tampoco tuvo una intervención directa en nuestras decisiones. Es obvio que, por ser primera dama, está cerca del presidente, pero para ver temas inherentes a actividades sociales. No noté ninguna interferencia en la gobernanza del país… y tampoco lo hubiera permitido.

Quizás no era necesario que la señora Nadine Heredia estuviese presente en un Consejo de Ministros, pero no negará que sus decisiones son determinantes…
Yo hablo de hechos concretos, no de especulaciones. Siempre me preguntaron si los ministros conversaban directamente con ella. ¿Por qué no podrían hacerlo? Seguro que lo harían, pero eso les corresponde decirlo a ellos. Yo no vigilaba las acciones de los ministros en sus actividades particulares, lo hacía en las institucionales.

¿Nunca se reunió con Heredia para tomar decisiones sobre alguna situación específica del Gobierno?
He tenido muchísimas reuniones con Nadine, pero para temas sociales o amicales, pero nunca para temas de Estado.

Óscar Valdés, también ex primer ministro de Humala, ha contado que él era muy celoso, que no permitió que sus ministros se reuniesen con Ollanta sin que él estuviera informado. ¿No cree que así debió actuar? ¿No le faltó ordenar más a sus ministros, de tal manera que las coordinaciones y acciones de Gobierno fuesen más fluidas?
Primero, el presidente es el jefe de Gobierno y, como tal, puede llamar a un ministro o a un viceministro en cualquier momento. ¡Cómo impedirlo! Él es quien toma las decisiones. Segundo, las decisiones luego se socializaban, se hacían de conocimiento de todos, sobre todo si el tema tratado era trascendente.

¿No hubiese sido mejor que usted estuviese en esas reuniones? Así, las decisiones de Gobierno hubiesen sido más efectivas…
Yo he despachado muchísimas veces con el presidente, tanto solo como con los ministros, no necesariamente en un Consejo; pero el presidente puede reunirse con los ministros en cualquier momento y despachar sin mí, pero todo se formalizaba en el Consejo de Ministros. Nada era oculto. Si intervienen personas ajenas, ya eso es distinto.

¿No será que usted pensaba que así debían funcionar las cosas y eso lo llevó a pecar de ingenuo, de inocente, de confiado, de buena fe? Es obvio que en el Gobierno de Humala las cosas no se manejan como la formalidad manda…
Yo tomo mis decisiones sobre hechos concretos, no sobre especulaciones ni sobre lo que sospecho. Para actuar justamente debo tener una verificación concreta, y antes de los últimos sucesos no se dio nada irregular, pero cuando algo así se produjo tomé una decisión, y este suceso se produjo cuando la señora Heredia opinó públicamente sobre un tema (el del salario mínimo) que correspondía al ámbito del Ejecutivo. Eso sí es un hecho concreto, verificable. Allí decidí hablar con el presidente y renunciar.

Usted calificó a lo dicho por Nadine como “opinión”, pero los hechos demostraron que no era una “opinión” sino una “decisión”…
¿Cómo ha verificado eso?

Con la realidad: usted ya no es el primer ministro…
Si tomé la decisión de renunciar es porque no admito una intromisión así, por pequeña que algunos la consideren. Además, la intromisión no fue pequeña, por eso renuncié. Y la decisión de mi renuncia se produjo el jueves pasado, el mismo día que ella declaró sobre el aumento del sueldo mínimo. Y si se la hice conocer al presidente el domingo fue porque él estaba fuera del país, tenía que esperarlo… yo soy un hombre correcto, que respeta las formas, un institucionalista.

¿Ese jueves se sacó la venda de los ojos?
Claro, y por eso tomé la decisión de renunciar.

Usted decide renunciar el jueves, pero presenta su renuncia el domingo ¿Cuénteme cómo fue ese domingo?
A las 6 p.m. me reuní con el presidente para presentarle mi carta de renuncia.

¿Y este la leyó antes de la presencia del ministro Castilla en Cuarto Poder?
Por supuesto. Salí de Palacio a eso de las 8:45 p.m., y me llamaron para contarme lo que había declarado Castilla. Me quedé sorprendido. A partir de eso se especuló que yo renuncié por lo que declaró Castilla, cuando eso no fue así: yo lo había hecho antes.

¿Por qué salió Luis Miguel Castilla a decir lo que dijo si ya no era necesario?
Eso hay que preguntárselo a él, pero significó una intervención muy desafortunada por parte de un ministro. Primero, dijo que no había conversado conmigo del sueldo mínimo porque eso no estaba en agenda. Segundo, no es usual que un ministro salga públicamente a desmentir a un primer ministro.

Castilla dijo que usted había mentido…
Yo no voy a calificar su intervención, eso lo dejo a la opinión pública, pero una intervención de esa naturaleza no era necesaria. Si Humala respalda una declaración así, es su problema. Todo esto evidencia que Castilla coordinó esto extra-ejecutivamente con la señora Heredia. Y acá me remito a los hechos, no estoy especulando: si la señora sale el jueves a decir lo que dijo, y el ministro de Economía y Finanzas sale el domingo a decir lo que dijo, es obvio que estaban coordinados.

¿Cree que Ollanta Humala también sabía de esto?
El presidente no es ajeno a estas declaraciones públicas… supongo que está informado.

¿Ollanta Humala ha sido leal con usted?
Me sorprende que, mientras estábamos conversando, su ministro haya salido en la televisión a decir lo que dijo.

¿Se siente maltratado?
Ha sido maltratada la institucionalidad, la nación, el país; los nombres no importan, importa lo que está pasando.

¿Cree que, de acá en adelante, Ollanta y Nadine y los nuevos ministros trabajen por institucionalizar el país?
Debieran hacerlo, de lo contrario siempre viviremos situaciones frágiles, riesgosas. Creo que tienen la capacidad. ¿La voluntad? Eso ya dependerá del presidente y sus ministros.

¿No está siendo muy diplomático, señor Villanueva?
Diría que no me gustan las especulaciones. Tengo la mejor disposición y veo las cosas de manera positiva, y así seguiré. Y, créame, seguiré trabajando porque los compromisos que adquirí en el Congreso cuando acepté ser primer ministro trascienden mi presencia o no en el Ejecutivo. Yo apoyaré a este Gobierno en lo que pueda y en lo que me dejen.

Las manifestaciones públicas de poder que hace Nadine Heredia, ¿afectan la institucionalidad del país?
Todo aquello que debilite la institucionalidad es riesgoso para nuestro país. Repito, un país es confiable si su sistema de gobierno está institucionalizado. Si eso no sucede, puedo sacar de la manga cualquier decisión. El Estado debe ser previsible, no puede haber sorpresas. Y comportamientos como el de la señora Heredia no ayudan al proceso de fortalecimiento institucional del país.

Es decir, ¿la presencia en el Gobierno de Heredia afecta la gobernabilidad del país?
Mientras tenga un comportamiento de esta naturaleza, sí.

¿Le recomendaría a Ollanta Humala que le ponga un ‘estate quieto’ a Heredia?
No, no. He conversado con él, y ya le puse en mi carta de renuncia lo que tengo que decirle, que es justo lo que he hablado con usted: que no estoy de acuerdo con que se vulneren mecanismos fundamentales –institucionalización del gabinete, que este cuente con una visión política, que no solo se quede en la solvencia técnica– que son los que hacen a un gobierno fuerte y confiable.

Cuando asumió el cargo, en octubre pasado, ¿se encontró con un gabinete que era muy técnico?
No necesitamos ministros robotizados sino con visión país, ministros que respondan a un plan de Gobierno. Yo me encontré un gabinete tecnocrático, bien calificado, pero al que le faltaba trabajo político.

Todos dicen que usted es una buena persona, pero se le reclama no haber sabido imponer los cambios que creía necesarios…
Hubo temas coyunturales –La Haya, por ejemplo–, pero no me voy a justificar en ellos. Yo soy una persona coherente: primero defino qué quiero hacer y cómo quiero hacerlo. Y, eso, en un Gobierno, no lo puede hacer de forma unilateral el presidente del Consejo de Ministros, se tiene que hacer junto y en concordancia con el presidente.

Y no encontró esa concordancia con Humala…
Dejemos las cosas claras, yo no quiero especular. Yo elaboré un plan de trabajo que fue coordinado con el presidente, y este fue llevado al Congreso. Allí se hablaba de institucionalización, de diálogo político, de concertación antes que confrontación, de generar confianza en la población, de inversiones, de descentralización, etcétera. Con esto claro, empecé a buscar a ministros que se adaptasen a estos objetivos: dialogantes, que conociesen el país, que viajasen y fuesen capaces de tomar decisiones en el terreno, etcétera.

¿Le sugirió nombres al presidente Humala?
Por supuesto.

Pero Ollanta Humala le estuvo dando largas…
Los iba evaluando y, probablemente, ninguno lo llenó. Pero llegó un momento en que me di cuenta de que no había voluntad…

¿Cuándo pasó eso?
Los últimos días, los previos a la declaración de la señora Nadine Heredia.

¿Estaba incómodo en el Gobierno, sentía que lo estaban meciendo?
Yo diría que no podíamos ponernos de acuerdo…

¿Se sintió en algún momento un primer ministro sin autoridad?
Hasta cuando estuve en el Ejecutivo, tuve la autoridad que me correspondía.

¿Siente que era respetado por sus ministros, que estos le hacían caso?
Por supuesto.

¿Se sintió el jefe?
No sé si jefe, pero ejercí todas las funciones que me correspondían, y tuve autoridad… cuando sentí que eso ya no pasaba, renuncié.

¿Por qué no fue a la juramentación del gabinete Cornejo?
Porque a esa hora ya tenía un compromiso pactado con anterioridad.

¿Qué sintió al ver que usted bregó casi cuatro meses por un cambio de ministros y estos relevos se produjeron el lunes, cuando ya no era primer ministro?
Nada especial. Primero, eran cambios ya previstos, que ya había conversado con el presidente, que se iban a hacer realidad al regreso de su viaje… aunque aún no teníamos los nombres de los nuevos ministros. Y aunque se hubiese elegido a las personas que yo recomendé, esto no basta si es que no existe la voluntad firme de institucionalizar al país.

¿Ha hablado después del domingo con Ollanta Humala?
No.

¿No le he reclamado por el maltrato de Castilla?
No, no tengo esas actitudes.

¿Quién gobierna en el Perú: Humala o Heredia?
(Ríe). El presidente formal es el presidente Humala.

¿Y el presidente real?
Es él. Las influencias que tenga son de su responsabilidad y obedecen a su estilo.

Es evidente que Nadine Heredia influye mucho en él…
Sin duda.

¿Cogobiernan?
No soy dado a ese tipo de calificativos.

Dígame, ¿cómo se va del premierato?
Tranquilo, pero insatisfecho porque no pude desarrollar los objetivos que me tracé cuando asumí el cargo, pero como no me gusta quedarme con el vaso a medio llenar seguiré trabajando por esos objetivos… fuera del Ejecutivo.

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