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"La verdad, siempre he vivido como rico... sin serlo"

“Yo no paralizo el tráfico como una figura de Combate o Esto es guerra, pero es verdad que, cuando se habla de Cattone, se lo hace con cierto respeto, y eso me parece muy importante”, nos dice Oswaldo Cattone, quien vuelve a la dirección teatral con Una chica en mi clóset.

Osvaldo Cattone,Director de teatro
GONZALO PAJARES
gpajares@peru21.com

“En los 40 años del Teatro Marsano han pasado unos 400 actores por su escenario, muchos de ellos notables”, nos dice Osvaldo Cattone, quien este miércoles estrena Una chica en mi clóset. Entradas: Teleticket.

Estuviste enfermo…
El 2013 me tocó estar, por primera vez en mi vida, tres meses en una clínica. Tuve que operarme la columna porque, de lo contrario, hubiera estado condenado a una silla de ruedas por el resto de mi vida. Los dolores eran tan grandes que llegaron a inyectarme morfina para aplacarlos.

El accidente fue en el teatro…
Fue en Duelo de ángeles, la obra que hice el año pasado con Diego Bertie. Él me pegaba un empujón y yo caía sobre un sofá, pero un día calculé mal, me distraje y caí al suelo. Me rompí dos vértebras y tuvimos que cancelar la función y la temporada. La operación duró nueve horas, y la terapia de recuperación ha sido muy intensa y dura, pero la seguí, pues quería volver a caminar. La vida te enfrenta, en todo momento, con situaciones realmente extrañas, nuevas y originales. La vida es maravillosa y, a pesar de mis 80 años, soy un hombre vital, que aún está de ida, que tiene mucho por aprender y que todo lo sorprende; pero también sé que hay peajes por pagar, que nada es gratis.

¿Solo miras para adelante?
Siempre, no tengo carácter para hacer otra cosa. A mí me da ilusión lo nuevo: un amigo, un libro, una obra de teatro… no tengo tiempo para aburrirme. Eso sí, me doy tiempo para todo: para tirar… no importa con quién (risas), lo que me gusta es el contacto con la gente. Todos queremos que nos vaya bien, tener éxito, alimentar nuestro ego, pero también hay que estar preparado el fracaso; es como en el amor: el estado ideal de una pareja no existe, existen las primeras llamadas, los primeros descubrimientos, las primeras encamadas; pero luego viene la rutina, el hastío y otras cosas que comprometen y enfrían una relación.

Has sido alguien inquieto.
Mucho. Iba a Nueva York y a Buenos Aires a ver teatro, pero por mi accidente eso ha parado, y no sé si pueda retomar los viajes: en este momento no puedo levantar una pluma. Lo peor que me podría pasar es volverme a caer…

No puedes levantar una pluma pero te ufanas de tu actividad sexual…
Es que me quedo quieto (risas).

Hablemos de _Una chica en mi clóset_…
Tomamos la idea original de Billy Dorsey, pero la hemos reformulado: es muy pícara y, por eso, la siento como nuestra. He armado un elenco muy lindo: Marisol Aguirre, Karina Jordán, Hernán Romero, Walter Taiman. Además, tengo una debilidad por Paco Bazán, quien me ha dado un resultado extraordinario: es carismático, con muchas condiciones para el teatro.

¿Cuándo volverás a actuar?
Preparo una comedia, Dos que se quieren, con Regina Alcóver, obra que estrenaremos en mayo. Será un show que atraerá a todas las generaciones. Regina es un ícono, una mujer de un encanto extraordinarios; hemos formado una pareja muy sólida, muy fuerte. Regina es mi amiga, tenemos códigos comunes, nos entendemos y está muy bien dotada para el teatro: canta estupendo y, sin ser una mujer exuberante, en escena es una reina; tiene clase.

¿Qué tan importantes han sido el Marsano y tú para el teatro peruano?
Mi mayor aporte –hago teatro en el Perú desde 1973– es haber conseguido que el pueblo y la clase medias vayan al teatro. Cuando llegué, el teatro era elitista, solo iba un pequeño grupo. Yo, en cambio, traigo público de Comas, de San Juan de Miraflores. Y eso pasa porque la gente me puede entender, por eso, me he dedicado a hacer un teatro comercial, un teatro que la gente entienda. El Marsano es el único teatro tradicional privado que nos queda. Es viejo, pero encantador. Ha sobrevivido a muchos terremotos: en el del 74 se destruyó Barranco, pero el Marsano ni se movió. Hay un proyecto de tirarlo abajo y, en este espacio, crear un espacio comercial que tendrá un hotel, un restaurante, una librería, un paseo y una nueva sala teatral.

¿Te gusta la idea?
Mucho. Así como está, el Marsano me gusta, pero ocupa un espacio donde queremos hacer algo muy bonito. ¿Qué haré mientras tanto? No lo sé… trabajar. Cuando esta sala ya no esté, quizás también se haya acabado Cattone. Ya tengo 80 años, y este decenio es complicado… solo espero que otros tomen el espacio y sigan haciendo teatro.

¿Has vivido o has sobrevivido del teatro?
Vivido. Siempre he sido un hombre muy rico, pero no de plata. En Italia, donde estudiaba teatro, vivía en un cuarto humilde, pero muy agradable porque siempre me preocupé en comprar una flor, un pedazo de tela para adornar la cama. La verdad, siempre he vivido como rico… sin serlo. Y así como cuido mi casa, también cuido mi vida, soy un hombre ordenado. ¡Qué más puede necesitar un hombre a los 80 años!

¿Qué más puede necesitar?
Paz, estar cuidado y ser querido.

AUTOFICHA

■ Es muy difícil hablar del talento de uno mismo. He hecho espectáculos nobles, que han quedado en la memoria del público, en la historia de los espectadores.

■ No se puede estar siempre en la cresta de la ola. Una chica en mi clóset no estará en la historia del teatro peruano; El hombre de la mancha, sí.

■ ¿Cuál es el estado ideal? Eso es imposible saberlo. La vida se debe vivir día a día. Cada estreno, cada nueva obra me ilusiona y me pone nervioso… los laureles no existen.


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