23.JUL Domingo, 2017
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"Creí en sus palabras"

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Opinión

El 26 de enero de 1983 ocho periodistas fueron muertos a palos y pedradas por una turba de 40 hombres y mujeres, comuneros de Uchuraccay, una comunidad de la sierra de la provincia de Huanta.

Carlos Tapia,Opina.21
El 26 de enero de 1983 ocho periodistas fueron muertos a palos y pedradas por una turba de 40 hombres y mujeres, comuneros de Uchuraccay, una comunidad de la sierra de la provincia de Huanta. Los héroes del periodismo se trasladaban a pie en camino a la comunidad de Huaychao para investigar el asesinato de presuntos senderistas (21 de enero).

Ya en 1982, en Uchuraccay existía un “Comité Popular” (CP) senderista dirigido por el comunero Severino Huáscar que desarrollaba una “escuela popular” nocturna solo con las mujeres. Esto fue muy mal visto por los varones, que capturaron a los cinco senderistas del CP y los echaron de la comunidad. En represalia, en diciembre de 1982, el presidente de la comunidad de Uchuraccay, Alejandro Huamán, fue asesinado por Sendero Luminoso después de un “juicio popular”.

Los comuneros se alzaron y coordinaron con otras comunidades (Huaychao entre ellas) para expulsar a los senderistas de la zona. El 23 de enero, 15 sinchis llegaron en un helicóptero advirtiéndoles que toda persona extraña que se acercara era senderista. Ojo que el 26 de enero los comuneros también mataron a Severino Huáscar pero lo enterraron clandestinamente ya que temían ser declarados cómplices de Sendero Luminoso; igual suerte tuvo el guía Argumedo.

Después de la masacre de los periodistas, una maldición cayó sobre Uchuraccay. Durante los años 83-84 fueron muertos 135 habitantes de los 470 que tenía la comunidad, y los asesinos fueron senderistas, ronderos y militares. El resto huyó a otros lugares como refugiados de Iquicha, negando ser de Uchuraccay. Recién en 1994 algunas familias empezaron a retornar.

Todos los 26 de enero, junto a una romería de los deudos de los periodistas, los dirigentes comunales les piden perdón. Aunque en corrillos diferencian “sus muertos” (los periodistas) de “nuestros muertos”(los comuneros).


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