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"Todo puede pasar antes de 2016, en el país hay zozobra"

“Velasco, los militares revolucionarios y todos los que trabajamos allí Quisimos hacer una revolución socialista, pero meamos fuera del tiesto y nos salió una revolución capitalista (ríe)”, nos dice Hugo Neira, quien acaba de publicar el volumen ¿Qué es nación? (USMP).

Foto: Rafael Cornejo.
Foto: Rafael Cornejo.

Hugo Neira,Académico
Autor: Gonzalo Pajares.
gpajares@peru21.com

Hugo Neira es un intelectual que, después de trabajar en universidades francesas, decidió volver al Perú y escribir libros que expliquen los grandes fenómenos locales y mundiales. El año pasado publicó ¿Qué es República? y acaba de editar ¿Qué es Nación? (USMP), donde, a partir de análisis de los procesos políticos y sociales de Inglaterra, Alemania, Francia, Japón, India y México, sostiene que la Nación no está en crisis pues, día a día, aparecen más naciones en el mundo, “claro, no todas las naciones tienen Estado”, explica.

Estudió en San Marcos…
San Marcos representaba todas las clases sociales. Allí no se enseñaba ideología sino ciencia, se distinguía la cátedra de la política; la ideología nos la enseñaban en las células del partido, de la Juventud Comunista, a la que pertenecí. Como soy plebeyo, tenía que trabajar para mantenerme, y me hice obrero. A veces iba de obrero a San Marcos, algunos me decían “demagogo”, pero no era demagogia sino falta de tiempo (risas). Eso sí, donde trabajaba, fundaba un sindicato.

¿Y qué otros oficios tuvo?
El Partido Comunista (PC) me envió de profesor al Colegio Modelo. Estudiaban allí muchachos rebeldes de la clase media alta y me impuse a ellos a punta de “carajos” (risas). En San Marcos empezaron a hablar de mí, decían que era competente, pero que trabajaba mucho y que, quizás, eso iba a impedir que acabase la carrera. Entonces, Raúl Porras decidió contratarme. Entre sus investigadores estaban Carlos Araníbar, Pablo Macera y Mario Vargas Llosa. Éramos unos inconformes, unos dinamiteros, unos jóvenes con mucha personalidad.

¿Cómo era Porras?
Era un maestro liberal, pues nunca nos hizo ninguna prédica ideológica, su liberalismo consistía en respetar nuestras actitudes. Recuerdo que cuando me ofrecieron trabajar para él, fui a consultarle esto a Jorge del Prado, secretario del PC: “¿En verdad viene a consultarme esto? Usted es un hombre seguro para nosotros, va a ser comunista toda su vida. Trabajar con Porras es una suerte, él es un sabio. Una consulta, ¿puede llevarme de vez en cuando a sus reuniones? (risas)”. Era otra época, no había odio ideológico.

Usted dejo el PC pero, ¿dejó también las ideas?
Cuando empezaron a expulsar a mis amigos, entre ellos Héctor Béjar, me di cuenta de que el PC era una pérdida de tiempo. Una vez me preguntaron por qué dejé el PC y respondí: “Porque era conservador” (risas).

¿Y es marxista?
Soy un lector de Marx… y gracias a Marx no soy marxista (risas). No se puede ser marxista, carece de sentido. Pero tampoco dejo de estudiarlo. Diré que soy “marxiano”. No es broma, quien comenzó los estudios ‘marxianos’ fue el argentino José Arico. De repente le sigo con un libro al que titularé Por qué Marx no era marxista.

¿Qué piensa del capitalismo?
Es creador y destructor, una máquina de desigualdad. Allí viene el papel del Estado, que debe corregir a esta máquina terrible, amoral y que no se creó para hacer el bien sino para crear riqueza.

Trabajó con Velasco. ¿Cómo se relacionó con él?
En Europa, donde vivía, me reuní con las cabezas del velasquismo. Cuando me propusieron volver, le dije: “Han tomado la IPC, pero eso no significa nada. El día que se atrevan con la tierra, con la propiedad, con la hacienda, y liberen la fuerza de trabajo de los campesinos y estos dejen de ser siervos, ese día habrán cruzado el Rubicón”. “Ya tendrá noticias”, me respondieron. El 24 de junio de 1969 se hizo la reforma agraria.

¿Cómo conoció a Velasco?
Pedí conocerlo antes de trabajar con él. Pasamos una tarde juntos. Mientras yo estaba allí, él seguía despachando. En un momento le dije: “General, ¿podemos conversar?”. “¿Tienes que hacer? ¿Te espera alguna chica? Ok, hablemos en serio, ya son las 6 p.m. ¿Qué quieres saber?”. “¿Si este proceso es al muere?”. “Al muere. Yo no haré otra cosa que esta revolución vaya al muere”, y nos abrazamos llorando.

¿El velasquismo ha sido beneficioso para el Perú?
¿Hubiera sido beneficioso que existieran dos millones de campesinos harapientos cuando Sendero Luminoso lanzó su guerra? Con campesinos sin tierra, Sendero tomaba el Perú. Gracias a Velasco este país es moderno, capitalista, pues, por la revolución, pasamos del feudalismo al capitalismo. Quisimos hacer una revolución socialista, pero meamos fuera del tiesto y nos salió una revolución capitalista (ríe).

¿Qué piensa de Humala?
Yo escribí en La República, en 2011, que no votaría por Humala “ni con una pistola en la sien”. Mis reparos no eran porque fuese de izquierda, sino porque no sabía qué era. Y anuncié: “Hará lo que le dé la gana”. Mis reparos no se han desvanecido. Todos los días hay señales de una maquinaria política que, desde el poder, quiere quedarse en el poder. Han pasado un par de años, la economía sigue siendo próspera. Pero en materia de seguridad democrática, los ‘idus’ de los romanos no han pasado. Todo puede pasar antes de 2016. Y eso, todo el mundo lo siente. En el país hay zozobra.

AUTOFICHA

- Mi origen es popular. Soy plebeyo. Mi padre fue un policía arequipeño, blanco, inteligente y muy fuerte. En Abancay se enamoró de la hija del prefecto, mi madre.

- Me educaron, en Lince, unas tías de origen italiano. Mi educación fue muy formal, severa, sin mimos y muy austera, pero tengo calle.

- Estudié en el Melitón Carbajal y en San Marcos. Mi educación fue pública. Mi padre quería que fuese militar, pero yo entré a la juventud comunista. He sido obrero.


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