29.JUN Jueves, 2017
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Opinión

Me entero de que la joven diputada chilena Camila Vallejo está embarazada de su novio cubano, un dirigente también comunista y, con pena, asocio su caso con la tipología de mujeres comunistas que se “suicidan” cuando les llega el desencantamiento ideológico.

Juan Claudio Lechín,Desde Nueva York
Analista político

Me entero de que la joven diputada chilena Camila Vallejo está embarazada de su novio cubano, un dirigente también comunista y, con pena, asocio su caso con la tipología de mujeres comunistas que se “suicidan” cuando les llega el desencantamiento ideológico. Nadia, la joven esposa de Stalin, se volvió impertinentemente crítica en público y durante una francachela, que ella había organizado, apareció suicidada en su dormitorio, en 1932. Como si este hecho le hubiera soltado la brida a Stalin, en adelante purgó a sesenta por ciento de su partido y a la mitad de sus familiares y los de Nadia (Sebag M., La corte del zar rojo).

Un célebre caso cubano es el de Haydée Santamaría, combatiente del asalto al cuartel Moncada y figura importante de la revolución cubana, sobre todo de la cultura, pues fundó y dirigió la Casa de las Américas hasta su suicidio, cuando ya descreía de Castro, un emblemático 16 de julio. En las no cubanas, la tipología adquiere un cariz adicional: el enamoramiento. Es sabido que inteligencia cubana ordena a sus agentes —como un recurso normal— seducir a mujeres para legitimar, influir o infiltrar en determinados entornos. Es el caso de deportólogos cubanos en el Perú que llegaron viejos y dizque solteros, se casaron con peruanas para nacionalizarse y hace siete años tienen altos puestos de la ADO y el IPD, y su verdadera tarea es organizar la infiltración cubana vía deportistas (ya se sabe lo de médicos y profesores).

Pero, volviendo al caso de mujeres suicidadas y seducidas por agentes cubanos, el más sonado fue el de Beatriz Allende, la Tati, hija del expresidente de Chile. Resulta que el agente cubano Luis Fernández Oña la enamoró, dizque se divorció de la otra y se casó con ella. Se sabe que Salvador Allende recibía fondos de la Unión Soviética (Mitrokhin Archive, Basic Books) y que tenía una relación fluida con los comunistas, pero con este matrimonio lo engarzaron en lo íntimo, y Castro manejó Chile a capricho hasta el golpe de 1973, cuando la Tati y su marido G2 se fueron a Cuba. A ella le vino el desencanto revolucionario y ya no fue útil para la propaganda del régimen. Su marido regresó con su anterior mujer y, en 1977, siendo muy joven todavía, la Tati Allende se suicidó. Poco después, su tía Laura, hermana de su padre, viajó a Cuba para sorpresivamente suicidarse también.

Con todo lo bobaliconamente funcional que es Camila Vallejo al castrismo —si bien corajuda—, ojalá los hados la protejan de sus traicioneros amores políticos y le den una larga vida para joder… en democracia, porque, si llega el castrismo a Chile, ella, pobrecita, tiene la tipología de ser otra candidata al “suicidio”.


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