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"Los senderistas, por su falta de moral, no son peruanos"

“En el curso de comando uno tiene que vencer sus propios límites, romper las barreras que se creen infranqueables. El curso te hace más valiente, más humano, más líder, mejor persona. Allí nos enseñan a pensar. a hacer una guerra, a ganarla”, nos dice Carlos Felipa.

Foto: David Vexelman.
Foto: David Vexelman.

Carlos Felipa,Exmilitar
Autor: Gonzalo Pajares.
gpajares@peru21.com

En 2010, una emboscada senderista le hizo perder una pierna. Pero Carlos Felipa, el militar, el soldado, el comando, el ser humano, no se dejó derrotar. Hoy usa una prótesis, es un deportista calificado, es maestro de artes marciales y acaba de realizar un espectacular salto en paracaídas. Su vida es una demostración de que hasta la desventura más grande puede ser superada a fuerza de voluntad.

¿Es verdad que la preparación militar es muy dura, que hay abusos?
La preparación militar es dura, pero si quiero ir a la guerra tengo que prepararme bien fuerte. Si quiero alcanzar la victoria –la meta máxima de todo militar– debo entrenarme duro. En cuanto al abuso, depende de cómo uno lo mire: para otros puede ser abuso de autoridad, pero, para mí, es formación. Los militares somos profesionales de la guerra. Ser militar es un servicio y uno tiene que obedecer.

¿Cómo perdiste la pierna?
Fue en 2010, en la operación ‘Fractura’, en el VRAEM. Estábamos detrás de unos delincuentes terroristas, ya llevábamos 12 días en la zona, ya habíamos conquistado algunos objetivos y nos dirigíamos a otro punto. A mi patrulla le ordenaron llevarle municiones a la patrulla de la parte baja. Allí nos emboscaron.

¿Cómo fue la emboscada?
Había un jefe de patrulla, yo era su adjunto. Avanzábamos muy lento, lo que no era muy seguro y, por eso, ordené que nos separásemos más. De pronto, una explosión nos aturdió. Los delincuentes terroristas habían detonado unas cargas explosivas. Sentí calor y salí despedido por el aire. Caí. Mi primera reacción fue pararme para repeler el ataque, y me caí; volví a intentarlo, y me caí. Echado empecé a disparar. Dejé el fusil a un lado, me toqué las piernas y encontré sangre, pero no sentí dolor. De pronto vino un compañero, el ‘explosivista’, y se tiró sobre mí, para cubrirme. “Pantera, tranquilo”, me dijo y, después, me miró y ya no pudo hablar: por la impresión no pudo decirme que yo había perdido la pierna.

Disculpa la imprudencia, pero, ¿qué hace uno ante una situación así?
Ser práctico, ser frío. Saqué una pañoleta y me hice un torniquete en las dos piernas: perdí una, la otra me la tuvieron que reconstruir. La explosión nos agarró solo a los seis primeros. En ese sentido, mi orden de separarnos nos benefició: los daños pudieron ser mayores.

¿Cómo los rescataron?
Fue difícil. La emboscada fue a las 2 p.m. Enviaron a los helicópteros, pero eran blanco fácil y no podían entrar pues les disparaban. Entonces, dieron la orden de que, a pie, nos llevaran a la cumbre. Estuve despierto todo el camino, tenía una sed terrible, no recuerdo el dolor, solo sentía mucha incomodidad. Estaba preparado para soportar este tipo de pruebas, no solo por mi formación como comando, sino por la fuerza de mis compañeros. Llegamos a la cumbre a las 3:30 a.m., trece horas y media después de la emboscada.

Pasaste al retiro, pero tú estás demostrando que tus capacidades están intactas. ¿Deberían militares como tú pasar al retiro?
Parte de mi rehabilitación la hice en EE.UU. Allí pude conocer a muchos veteranos de guerra, y les tuve envidia sana: son respaldados por su institución y queridos por sus compatriotas. Yo caminaba por la calle y la gente se me acercaba y me daba las gracias, pues creía que yo era un soldado de EE.UU. y que había perdido la pierna peleando por ese país. Acá pensamos distinto. En EE.UU. a quienes sufren algún percance les dan la oportunidad de elegir: o seguir en la institución o irse con una pensión. Mucha gente opta por quedarse, y su sueldo es mejor que el de los demás, como compensación por lo sufrido.

Pero tú sí tienes una pensión…
Tengo un subsidio por invalidez, pero me dedico a otras actividades. Sigo siendo soldado y nosotros hacemos las cosas para ayudar… esta es mi manera de seguir colaborando con la gente. Acabo de bailar en El gran show, y lo hice porque me lo plantearon como un reto… y a mí, reto que se me presenta, reto que voy a superar.

¿Qué sientes con respecto a Sendero Luminoso?
Al atacar nuestra soberanía y a personas inocentes, han transgredido los valores y principios que todo buen ciudadano debe defender, por eso, para mí no son peruanos pues no quieren a nuestra patria: ellos ven una bandera peruana y la rompen, ven un soldado y lo matan, ven a un civil y lo torturan. No basta con nacer en un territorio, ellos, con sus actos y su falta de civismo y de moral, han demostrado que no son peruanos.

¿Cómo ves a Sendero?
Como el enemigo a destruir.

¿Has perdonado a quienes atentaron contra ti?
Después de lo que me pasó, han muerto varios amigos en emboscadas similares. Perdonar a estos señores no me nace, no puedo, jamás.

¿Buscas venganza?
No. La venganza y la justicia son divinas. Yo ya cumplí con mi país.

AUTOFICHA

- Mi padre es coronel de la Policía. Viví en Jauja, en Huancayo y en Pucallpa. Mi padre no quería que fuese militar, prefería que estudiase en la universidad.

- Quise estudiar varias cosas, pero mi vocación militar pudo más. Al ver la operación Chavín de Huántar decidí ser un comando del Ejército.

- Quise ser piloto de helicópteros. En la escuela militar, en lo físico y en mística, siempre destaqué. Soy Administrador de Empresas de la Universidad Villarreal.


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