23.MAR Jueves, 2017
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LA PORTADA DE HOY

Esperanza y tragedia

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Opinión

Cuando en la reciente encuesta del Instituto de Opinión Pública de la PUCP (marzo del 2016, nacional) se pide manifestar si se está más de acuerdo con el postulado “promover la economía privada de mercado es la única forma en que el Perú puede desarrollarse” (36,4%) o con el planteamiento de que “promover una mayor intervención del Estado en la economía es la única forma en que el Perú puede desarrollarse” (51,6%), se observa que la tendencia por la segunda opción es bastante mayor (12% no precisa). Más aún, entre el 2011 y ahora se ha incrementado de 42% a 52%.

Esto no significa que ese 52% esté compuesto por socialistas y estatistas marxistas, y el 36% por neoliberales procapitalistas. El asunto es más complejo y hay que tomarlo con tranquilidad. En el 2011 Ollanta Humala, en primera vuelta, con un discurso que ponía énfasis en la participación del Estado, obtuvo cerca de 32%; y Keiko Fujimori, cerca de 24%. Hoy Fujimori está por encima del 30% y las propuestas “estatistas”, como las de AP o el Frente Amplio, oscilan entre 10% y 15%.

Es muy probable que un porcentaje elevado de quienes votan por Fujimori también quieran una intervención mayor del Estado. Esto, aunque quizá desde una óptica más “populista de derecha” o clientelista que los votantes de FA y AP, acaso más partidarios de una mayor intervención del Estado en la producción y de que se consolide como ente regulador.

Es más, el incremento de los “intervencionistas” puede estar vinculado al aumento del voto fujimorista. Incluso es posible que un buen segmento de los que votaron por Humala, sobre todo por su urgencia de “más orden”, hoy esté con Fujimori. Y es muy seguro que ambos grupos le atribuyan al Estado, además, la responsabilidad de mejores servicios de educación, más eficiencia anticorrupción, leyes en favor de los trabajadores y lucha contra la delincuencia.

La tentación durante un proceso electoral, sobre todo cuando se polariza, es empezar a verlo todo blanco o negro. Esto impide entender la lógica electoral peruana sin prejuzgar que se trata de bloques políticos compactos.


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