27.JUN Martes, 2017
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Opinión

Los votos válidos ofrecen cifras claras y su distribución territorial resulta inapelable: el fujimorismo es actualmente la primera fuerza electoral, los simpatizantes de PPK residen en la Lima “moderna” y Verónika Mendoza acaparó repentinamente el voto del sur. Además, Gregorio Santos tiene el respaldo contundente de Cajamarca, mientras que los ex gobernantes y los partidos provenientes del siglo pasado han desaparecido del mapa nacional. Esa es la foto electoral del domingo, pero la realidad siempre es más vasta que una buena fotografía. Por eso hay que tener cuidado con las interpretaciones que circulan estos días pues suelen ser apresuradas (o interesadas). Un ejemplo. Con la misma data unos afirman que el pueblo exige el cambio del “modelo”, mientras que otros aseguran que ese mismo pueblo lo respalda categóricamente. ¿En qué quedamos?

En esta campaña algunas encuestadoras (GfK, Datum e Ipsos) –que han probado con creces su consistencia estadística– ofrecieron información valiosa que se fue quedando a medio camino. Cuando preguntaron acerca del significado de “izquierda” y “derecha” la gran mayoría de los encuestados manifestaron que no comprendían esas nociones. Muy pocos se identificaban con ellas. La mayoría se autodefine al centro pero esto parece ser un cajón de sastre ante la inutilidad de esos envejecidos significantes.

El estudio sobre las ideologías de los peruanos (Datum) que usa la metodología de Nolan sugería que en el Perú una ínfima porción se ubica en posturas progresistas, conservadoras y liberales. La gran mayoría demanda una oferta política donde el Estado sea, por fin, un agente protector o, en su defecto, un facilitador de las iniciativas emprendedoras. No son necesariamente autoritarios aunque sí decididamente favorables a la agencia estatal.

Las encuestas también han evidenciado el poco interés que las mayorías muestran acerca de los asuntos políticos. No se informan ni buscan informarse. La gente se desconecta de la esfera pública pues apenas tiene tiempo para sobrevivir o, en el mejor de los casos, no le interesa atender una actividad que considera corrupta y poco útil para su vida. Hasta que recuerda que la multa es fuerte y entonces decide a última hora su soberano voto.

Por último, los sondeos señalaron que existe tanto antifujimorismo como ciudadanos favorables al indulto de su fundador. Qué tal. Asimismo, los atributos que la gente identificó en los candidatos favoritos eran estrictamente personales. ¿Por qué votaría usted por tal o cual? Porque es nuevo, porque es mujer, porque tiene experiencia, porque sabe, etc. El voto, en general, no es programático ni mucho menos. Bien haríamos todos en tomar en cuenta estas sencillas consideraciones. El futuro del país, no el de un grupo en particular, es lo que está en juego.


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