27.JUN Martes, 2017
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Opinión

Perú 21 publica por tercer año consecutivo la encuesta sobre segmentación ideológica de los peruanos. La realiza Datum siguiendo la metodología creada hace casi cinco décadas por el norteamericano David Nolan, quien se propuso ir más allá de la división izquierda-derecha en los estudios de opinión pública. Se realizan 20 preguntas que buscan la opinión del entrevistado sobre cuál cree que debe ser la intervención del Estado en la realización de ciertas libertades civiles y económicas. El enfoque tiene, entonces, una definición relacional de la noción de ideología –no es por ejemplo antropológica– y proviene de un enfoque abiertamente liberal.

Este año no encontré mucha discusión a pesar del grandilocuente titular en el diario: “El pensamiento autoritario en el Perú aumenta a 45.8%”. Aquí algunos comentaristas –como Mariátegui, Ponce y Ghersi– fueron más allá sugiriendo que estos resultados dan cuenta de la propensión fascista o dictatorial de nuestra ciudadanía. Vayamos con calma, esas aseveraciones resultan excesivas. Existen diversos estudios sociales que demuestran, desde hace décadas, que nuestra cultura política le da un lugar predominante a cierto papel del Estado cuando se trata de la promoción del desarrollo económico y de la inclusión social y política (Parodi, Pásara, Murakami, Guadalupe, Vergara, etc.). Y esta ha sido la base para regímenes diversos como los de Velasco y Belaunde o Fujimori y Toledo.

Así que este resultado no es nuevo, sigue una tendencia que en periodos de desaceleración o inestabilidad suele acentuarse aún más. Leer esta encuesta en comparación con otros estudios nos previene de interpretaciones arbitrarias o, peor aún, políticamente oportunistas. Otra forma de leer esta segmentación ideológica de los peruanos pasa por preguntarse cuál es el papel que los ciudadanos esperan del Papá Gobierno. Y este papel suele ser, digamos, heterodoxo. Menciono a continuación un par de referencias.

En el Perú predominan expectativas de progreso que aún pasan por la acción estatal. A pesar de que el crecimiento del mercado interno ha permitido una disminución considerable de ciertas pobrezas; al mismo tiempo, la precariedad de las nacientes clases medias y la insuficiente cobertura estatal nos hacen sentir que se necesita mucho más que mayores libertades para salir adelante. Consumir más es algo relativo. En segundo lugar, los ciudadanos suelen demandar a los actores políticos mecanismos de reconocimiento y apoyo para el emprendimiento individual o corporativista, cuando no informal o libre de la fiscalización pública, valga la paradoja. De esta forma, lo que llamamos pensamiento estatista tiende a ser, en realidad, pensamiento instrumental o pensamiento pragmático.

En resumen, “estatista” o “autoritario” no significa necesariamente “dictatorial”, depende de las circunstancias. Vayamos entonces con cuidado cuando leemos las encuestas, ya muchas veces nos hemos encontrado en posición adelantada.


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