27.JUL Jueves, 2017
Lima
Última actualización 11:27 pm
Clasificados

LA PORTADA DE HOY

Mensaje al Perú

Compartir:
Opinión

Verano, 3 p.m. Lima quema como plancha de carrito sanguchero. Estoy en calzoncillos frente a mi teclado intentando escribir esta columna. No se me ocurre nada. Un ex alumno me llama por teléfono. Es Cristian, que el ciclo pasado me hizo unas fotos y sobre quien escribí una columna titulada “La licuadora”, en la que un taxista ex presidiario nos metía terror. Profe, ¿puedo ir a visitarlo? Claro, loco, le digo, pero un toque nomás porque estoy escribiendo. Ya, profe, un toque nomás. Al rato suena el timbre. A lo mejor él trae otra historia, pienso, relájate y conversa. Pasa, muchacho, ¿quieres algo de tomar?, ¿un vaso de agua?, ¿agua?, me corrijo, si este salvaje ya es ex alumno. ¿Una chela, Cristian? ¡Esa es, profe! Voy por latas pero se me han terminado. Regreso con dos vasos de whisky con hielo. Pongo un disco de boleros. ¡Salud! Oye, le digo, escúchame, si tú pudieras escribir mi columna, ¿de qué escribirías? ¿Cómo así, profe? Mira, yo te doy las 150 lucas que me pagan. No sea loco, profe. Sí, imagínate que mañana miles de personas te van a leer y tú puedes contar lo que quieras, ¿no es hermoso? Sí. Ya pues, entonces, ¿qué escogerías contar? Chupa su whisky y se pone a pensar mientras Daniel Santos canta El juego de la vida. Tal vez hablaría de mi infancia, profe. No sé, o de boleros cantineros. Excelente elección, muchacho. Le damos play a un mix de boleros cantineros. Se acaba el whisky. Abrimos un champán que me sobró de Año Nuevo. Luego bajamos a la bodega por unas chelas. La tarde es un incendio. Saco mi libreta y arranco el dibujo que hice de nosotros con el taxista loco. Se lo regalo. Póngale una dedicatoria, profe. Agarro el papel pero ahora tampoco se me ocurre qué escribir. No tengo ni mi columna ni una dedicatoria. Solo tengo botellas vacías y boleros. Me demoro tanto con el lapicero en la mano que Cristian se queda dormido agarrado a su vaso. El último destello del sol se oculta tras unos edificios lejanos. Entonces escribo: Cristian, entre una vida respetable y las tardes al sol, escoge siempre las tardes al sol.


Si te interesó lo que acabas de leer, recuerda que puedes seguir nuestras últimas publicaciones por Facebook, Twitter y puedes suscribirte aquí a nuestro newsletter.