23.JUN Viernes, 2017
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Opinión

“Lo más grave es este álbum de figuritas de terror, esta colección de delincuentes disfrazados de presidentes, estos treinta años de robos y mentiras”.

Estoy profundamente afectada por la implicancia en investigaciones sobre actos de corrupción de nuestros ex mandatarios, el doctor Alan García, el economista y catedrático Alejandro Toledo y la doctora Karp, el teniente coronel en retiro Ollanta Humala y la ex primera dama Nadine Heredia. Como si eso fuera poco, hoy leo en los diarios que los hijos del ex presidente Fujimori, profesionales todos, están implicados en lavado de activos. Esta situación afecta negativamente la imagen de nuestra patria y nos empobrece económicamente y a nivel político, pese a los logros democráticos conseguidos en los últimos años.

El párrafo anterior es un discurso eufemístico digno de un diccionario PC, un manual de expresiones políticamente correctas, pero es insoportable. Porque lo que está pasando es más bien esto: Que estamos hartos de que la tragicomedia diaria sea sobre el embustero grandilocuente aficionado a las patadas que nos llevó a la ruina en los 80, el ladrón mentiroso borracho y padre irresponsable que nos ha robado millones, su esposa la bruja pelirroja cizañera, el milico sacolargo, cómplice de la manipuladora adicta al poder con risita de hiena, y los hijos, mantenidos por nosotros, del japonés genocida y corrupto. Y que nos revienta que hayan hecho uso de una supuesta buena voluntad y amor por el país para saquearnos. Para burlarse de nosotros, jugando sus propias cartas bajo la mesa. Y que nos avergüenza que todos los ex presidentes que hemos tenido desde los 80 puedan terminar en la cárcel.

Odebrecht se irá del país y pagará lo que debe, pero ese es el daño menor. Lo más grave es este álbum de figuritas de terror, esta colección de delincuentes disfrazados de presidentes, estos treinta años de robos y mentiras. Son adendas para permitir que las constructoras cobren más y aun así ganen licitaciones, son sobrecostos que han salido de nuestros impuestos. Nos hemos pasado décadas atribuyéndole al terrorismo el capítulo más violento de nuestra historia, pero robarle a un país donde 6 millones de personas viven con menos de 100 dólares al mes es igualmente violento. De modo que el diccionario de lo políticamente correcto puede irse al tacho en este momento, porque nuestra rabia no se resuelve con rancheras ni botellas de etiqueta azul. Es más: ofrezcamos 1 millón de dólares por Toledo y obtengámoslos de sus propias cuentas, pues el Cholo debe estar rodeado de gente que se limpia el poto con 100 mil soles, como él, como Maiman, como Orellana, como Joaquín Ramírez, como Trump y como Fidel, da lo mismo. O nos reímos de todo y de todos, o salimos a gritar, pero esta vez con muy malos modales. Fuera.


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