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Lunes 17 de junio del 2013 | 01:05

Si de verdad eres un periodista independiente, invítame a tu programa. La voz de una adolescente que decía llamarse Soraya Tudela sonó altiva, desafiante. Al otro lado del hilo telefónico, Juan Balaguer se impacientó: – No soy un periodista independiente, soy dependiente del rating.

Jaime Bayly,Un hombre en la luna
http://goo.gl/jeHNR

Soraya atacó sin vacilaciones:

- Pero tienes fama de ser adulón de Alcides Tudela.

Balaguer se defendió, irritado con esa adolescente que lo había llamado a su casa, despertándolo:

- No soy adulón de Tudela. Pienso votar por él, apoyo su candidatura, pero eso no me convierte en adulón.

- Entonces demuéstralo –dijo Soraya.

Balaguer se quedó en silencio.

- Invítame a tu programa, entrevístame –insistió Soraya-. Soy la hija de Alcides Tudela, él no me quiere reconocer y tengo derecho a decir mi verdad en televisión.

Balaguer pensó que estaba ante una mujer que parecía porfiada.

- ¿Cómo puedo saber que no estás mintiendo? –preguntó.

- Te lo demostraré si me invitas a tu programa –lo retó Soraya.

Esta niña resabida me va a traer problemas, pensó Balaguer. Luego preguntó:

- ¿Qué edad tienes?

- Catorce años.

- Eres menor de edad. No puedes salir en televisión atacando a un candidato presidencial. Es ilegal que una niña sea usada para fines políticos, ¿no te das cuenta?

Soraya se rió de modo condescendiente.

- Tienes miedo –dijo-. No te preocupes, Juan, mi mamá me va a acompañar, nos entrevistarías a las dos.

No puedo hacerlo, pensó Balaguer. Si saco a esta niña y a su madre en mi programa, Alcides Tudela perderá las elecciones y yo tendré la culpa. No puedo correr ese riesgo, tengo que pedirle permiso al dueño del canal.

- ¿Se puede saber quién te dio el número de teléfono de mi casa? –preguntó, irritado.

- Lo conseguí en la guía telefónica –respondió Soraya.

- Eso es imposible. Mi teléfono no está en la guía, es privado.

- Estás mal. Mira la guía de este año y verás que tu número aparece. No solo tu número, Juan Balaguer, también tu dirección, por si acaso.

- Siempre me pasa lo mismo. Estos de la compañía de teléfonos son unos incompetentes.

Se hizo un silencio.

- ¿Quieres hablar con mi mamá? –preguntó Soraya.

- No, todavía no –se apresuró en responder Balaguer-. ¿Cómo se llama tu mamá?

- Lourdes. Lourdes Osorio. ¿Te la paso? Está acá a mi lado.

- No, no –se asustó Balaguer-. Déjame tu número y yo haré unas consultas y te llamaré. Lo mejor sería reunirnos los tres en privado y que me cuenten todo el caso antes de tomar una decisión.

- ¿Con quién vas a consultar? –preguntó Soraya, suspicaz.

- ¿Con quién crees? –preguntó Balaguer.

- ¿Con Alcides Tudela?

- No, no te pases, tampoco soy mayordomo de Tudela. Tengo que consultarlo con Gustavo Parker, el dueño del canal.

- Entonces no me vas a entrevistar.

- ¿Por qué estás tan segura?

- Porque el señor Parker apoya a Alcides Tudela más que tú. No te va a dar permiso para que me entrevistes, ¿no te das cuenta?

- ¿Qué sabes tú de Gustavo Parker? –volvió a enfadarse Balaguer-. Gustavo Parker es mi amigo y es un gran empresario y sí, él apoya a Alcides Tudela como lo apoyo yo, pero él respeta mi independencia periodística y si yo decido entrevistarte, solo tengo que informarle, él no me va a prohibir nada.

- Veremos –dijo secamente Soraya.

- Sí, veremos. Tampoco me puedes obligar a que te entreviste, ¿comprendes?

- Yo no te obligo, Juan Balaguer. Tu conciencia debería obligarte.

De nuevo, el timbre de voz de Soraya pareció impregnado de una cierta superioridad moral o de la firmeza de quien cree que no miente. Balaguer tomó nota del teléfono que le dictó la adolescente.

- Te llamaré a la noche –dijo.

- Sí, claro –dijo ella, en tono desconfiado.

- No te pases de lista, Soraya. Te llamaré y nos reuniremos acá en mi casa.

- ¿Con mi mamá, no?

- Obviamente, con tu mamá.

- Ya. Entonces espero tu llamada.

- Saludos a tu mamá. Te llamo a la noche.

Juan Balaguer colgó el teléfono. Y ahora qué carajo hago, pensó. Esta niña no parece estar mintiendo, seguro que el pingaloca de Alcides Tudela es su papá, el muy pendejo tiene toda la pinta de tener diez hijas no reconocidas. Ya me cagué. Si no la entrevisto, irá a otro programa o saldrá en un periódico y contará que yo tuve la oportunidad de entrevistarla en mi programa y no lo hice y quedaré como un lameculos de Alcides Tudela y mi credibilidad se irá al suelo. Estoy jodido, tengo que entrevistarla. Por qué carajo esta niña relamida tenía que llamarme a mí y no a otro periodista, por qué tenía que venir a joderme cuando solo faltan cuatro semanas para las elecciones y es un hecho que Alcides Tudela las ganará. Tengo que avisarle a Alcides ahora mismo, después de todo es mi amigo y es íntimo de Gustavo Parker y no sé si esta niña me está diciendo la verdad o está inventándose todo para joder la candidatura de Tudela.

Balaguer marcó el celular de Alcides Tudela. Contestó su secretario de prensa, Luis Reyes.

- Pásame con tu jefe. Es urgente.

- No puede atenderte –dijo Reyes.

- Pásame con Tudela.

- Voy a ver si lo puedo interrumpir.

Balaguer escuchó una voz atronadora, imperiosa, de resaca añeja, del que ya sabe que ganará la presidencia y da órdenes, la voz de su amigo Alcides Tudela, quejándose porque había bajado dos puntos en las encuestas y amonestando en tono mandón a sus subordinados.

- No me interrumpas, carajo –le dijo a Reyes, y Balaguer pudo escucharlo perfectamente-. Estoy con mi kitchen cabinet –rugió Alcides Tudela, y dijo esas dos últimas palabras en el decoroso inglés que había aprendido en la universidad de San Francisco.

- Don Alcides, es Juan Balaguer –se disculpó el secretario Reyes, haciendo una venia.

- Dile que después lo llamamos –gritó Tudela-. Estoy en mi trinchera combatiendo por la democracia, no me jodan, carajo –levantó la voz, y golpeó la mesa, y su vaso de whisky salpicó unas gotas.

De inmediato Alcides Tudela se agachó sobre la mesa y lamió las gotas de whisky.

- Pásame con Balaguer –se replegó, y cogió el celular y lo acercó a su oreja, mientras sus apandillados lo miraban con aire reverente, sumiso.

- Alcides, soy Juan Balaguer.

- ¿Qué pasa, hermano? –preguntó Tudela, en tono arrogante, como si ya fuera presidente electo-. ¿En qué te puedo servir?

- Estamos jodidos –dijo Balaguer.

Tudela se rió, burlón.

- Tú estarás jodido porque tu rating en “Panorama” ha bajado el domingo pasado –dijo-. Yo no estoy jodido porque voy primero en las encuestas y le llevo quince puntos a la estreñida de Lola Figari.

- Estamos jodidos, Alcides –dijo Balaguer.

- ¿Qué pasa? –preguntó Tudela, que de pronto parecía haber advertido que la cosa no era una frivolidad o un capricho de su amigo.

- Me ha llamado una chica de catorce años que dice llamarse Soraya Tudela y asegura que es tu hija.

Alcides Tudela quedó en silencio.

- Quiere venir con su mamá este domingo al programa.

Tudela no dijo una palabra, era consciente de que ocho o diez personas estaban escuchándolo alrededor de la mesa que presidía.

- Yo no quiero joderte, Alcides, pero tenemos que hacer algo con esta niña Soraya, si yo no la entrevisto irá a otro programa y me parece que la niña no miente –dijo Balaguer.

- ¿Dónde estás? –preguntó Tudela, ya con otra voz, delatando preocupación.

- En mi casa.

- No te muevas. Voy para allá.

- Acá te espero.

- Y no llames a nadie y no le cuentes esto a nadie, Juan.

- A nadie, tranquilo, a nadie.

- Absolutamente a nadie. Ni siquiera a Gustavo.

- Claro que no llamaré a Gustavo, no te preocupes.

- Espérame, voy para allá.

Colgaron. Juan Balaguer marcó el teléfono privado de Gustavo Parker, el dueño del canal de televisión que emitía “Panorama”, el programa de Balaguer, los domingos por la noche. Gustavo Parker contestó:

- ¿Qué hay de nuevo?

- La cagada –dijo Balaguer-. El cholo Tudela la cagó.

(“La lluvia del tiempo”, Jaime Bayly, editorial Alfaguara).

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