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En capilla

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Opinión

“El salario mínimo apenas llega a 120 soles mensuales. El poder de compra del salario ha colapsado más de 75% en 5 años”.

La dictadura de Nicolás Maduro está matando de hambre al pueblo venezolano. La economía se contrajo 10% en 2016. Se espera una nueva caída de 7% este año, con lo cual el desplome del PBI por habitante sería cercano al 40% en 4 años. La extrema escasez de alimentos básicos y medicinas, que llegaría al 80%, ha llevado al éxodo masivo de cientos de miles y a una explosión en la mortalidad. Según el Observatorio Venezolano de la Salud, la mortalidad infantil habría aumentado la friolera de cien veces desde 2012. Los infantes que sobreviven miden 1 cm menos. La incidencia de niños escuálidos y enfermos se expande como epidemia.

En un artículo reciente, Ricardo Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard, documenta la hecatombe económica que vive su país. El ingreso per cápita se ha reducido 51% desde 2013. Las importaciones han caído 75% entre 2012 y 2016. El bolívar vale menos de 1% que hace 5 años. El salario mínimo apenas llega a 120 soles mensuales. El poder de compra del salario ha colapsado más de 75% en 5 años. Cunde la miseria: 9 de cada 10 son pobres, y 1 de cada 2 vive en pobreza extrema. Se reporta que 3 de cada 4 venezolanos han perdido 9 kilos entre 2014 y 2016. El chavismo ha quebrado las finanzas públicas y ha desatado una hiperinflación que superaría el 2,000% anual. El dispendio de la riqueza petrolera ha sido tal que la deuda externa ha aumentado seis veces.

Manuel Dammert, confeso admirador del totalitarismo de izquierda, aplaude la Asamblea Constituyente de Maduro como una “epopeya democrática” del pueblo. Pero ¿qué piensa el resto de la izquierda sobre el holocausto social y económico de Venezuela? ¿Qué dicen aquellos y aquellas que viajaban con frecuencia al país del norte cuando Hugo Chávez planificaba la exportación de la revolución bolivariana?

Ha hecho muy bien el Perú en convocar a varios cancilleres para buscar una salida democrática en Venezuela. En ese espíritu, deberíamos dejar de perseguir a nuestros hermanos venezolanos que vienen al Perú a trabajar escapando del hambre y de la muerte. El régimen de Maduro sobrevive porque los Estados Unidos le sigue comprando puntualmente su petróleo y porque bancos de inversión, como Goldman Sachs, le ayudan a financiarse. Pero así como no es ético comprarle al ladrón, ¿no es acaso inmoral colaborar con una dictadura?

Si Ollanta Humala y Nadine Heredia hubieran recibido plata de Hugo Chávez para financiar su campaña, serían traidores a la patria, y sus nombres deberían estar por siempre inscritos en la historia universal de la infamia.


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