16.AGO Miércoles, 2017
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Opinión

“Propongo, modestamente, que nuestro país se plantee como objetivo prioritario la realización de siete proyectos mineros entre 2018 y 2021”.

La minería es fundamental para la economía: representa un octavo del PBI y 60% de las exportaciones. Para volver a crecer más del 4%, el Perú debe desarrollar su vasto potencial minero.

El Perú está excepcionalmente dotado de recursos mineros: tiene las mayores reservas mundiales de plata, las segundas de cobre y está entre los cinco países con más oro y zinc. De acuerdo con el Minem, el país tiene proyectos por US$47,000 millones. Sin embargo, desde la funesta administración de Humala, y en lo que va de PPK, la inversión minera está en caída libre: 46% de contracción en 2016 y 11% hasta abril de este año. En efecto, no se ha emprendido ningún proyecto minero de envergadura desde 2011.

Sin duda, los menores precios de los metales han aletargado la inversión minera. Pero la razón esencial que ha detenido los proyectos ha sido la conflictividad social. Lejos de lidiar con la anti-minería, Humala la azuzó al pregonar, irresponsablemente, la falsa dicotomía “agua sí, oro no”. PPK ha sido incapaz de formular una estrategia efectiva de destrabe de proyectos mineros.

Propongo, modestamente, que nuestro país se plantee como objetivo prioritario la realización de siete proyectos mineros entre 2018 y 2021: Justa, Michiquillay, Haquira, La Granja, Galeno, Tía María y Conga. Estos proyectos suman US$16,750 millones de inversión que debería ejecutarse con la más estricta protección al medio ambiente. Si realizamos estos proyectos, la inversión privada y el PBI aumentarían más de 10% y 4% en cada uno de los siguientes años.

Con estos proyectos, produciríamos 47% más cobre y 15% más oro. Ello significaría US$7,500 millones más de exportaciones anuales y no menos de 200 mil empleos directos e indirectos. El efecto dinamizador sobre el PBI de cada año sería equivalente a 20 aeropuertos de Chinchero. El fisco recibiría S/3 mil millones adicionales por año, lo cual permitiría financiar más obras y servicios públicos y reducir la anemia y la pobreza.

Destrabar la inversión minera requiere liderazgo, decisión e imaginación. La propuesta del canon comunal, formulada por el ex presidente Alan García, merece cuidadoso estudio. Asimismo, debería restituirse la contribución voluntaria (el “óbolo minero”) que fue inexplicablemente dejada de lado a pesar de su éxito notable en acercar a empresa y poblador.

El costo de oportunidad de no desarrollar la minería es inmenso. Un año de producción de Conga equivale a 300 años de producción agropecuaria en los distritos que, supuestamente, serían afectados por la mina. Ahora y siempre: viva el Perú.


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