27.JUN Martes, 2017
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Opinión

“Es en la lucha contra la corrupción donde el Gobierno puede dar señales claras, inequívocas, que restablezcan la fe de la ciudadanía en la actual gestión”.

La reciente encuesta de IPSOS, publicada ayer en El Comercio, confirma la encuesta de Datum publicada hace una semana: la aprobación de la gestión del presidente Kuczynski se incrementa en 11 puntos, llegando al 43%. Por supuesto es una buena noticia, pero haría mal el Gobierno en creer que la misma se encuentra desligada de la tragedia reciente.

La rápida y amplia reacción del Gobierno sin duda se encuentra en el epicentro de dicho incremento, tanto como la ausencia del alcalde de Lima terminó costándole varios puntos de popularidad.

Dicho esto, no han sido pocos los analistas que han señalado que dicho incremento puede revertirse tan rápido como subió. Alfredo Torres, en su columna dominical, recuerda los casos de Fujimori en 1998 y de García en el 2007. La historia, ya sabemos, tiende a repetirse. Como es obvio, Torres y otros recomiendan no tomar esta repunte como una consolidación sino como una oportunidad.

Hasta hace unos meses, previo a los desastres del fenómeno El Niño costero, el consenso de analistas circunscribía en tres áreas la recuperación de la popularidad del mandatario: seguridad, corrupción y economía. Hoy el Gobierno tiene que añadir una cuarta área: la reconstrucción. El problema es que estas cuatro áreas circulan a velocidades distintas; mejor dicho, la percepción de la ciudadanía sobre ellas avanza a diferentes velocidades, y por lo tanto el Gobierno debe actuar teniendo en cuenta esta diferencia en las prioridades.

Por ejemplo, la lucha contra la inseguridad. Si bien la gestión del ministro Basombrío está dando resultados, para que las cifras caigan significativamente se requerirán de muchos meses (sino años) de acción; la recuperación económica enfrentará las demandas de recursos de la reconstrucción. Por ello, y sin dejar de lado los esfuerzos en estas áreas, es en la lucha contra la corrupción donde el Gobierno puede dar señales claras, inequívocas, que restablezcan la fe de la ciudadanía en la actual gestión. Como hemos señalado antes, con una ventaja adicional: es una bandera que pocos pueden levantar.


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