30.ABR Domingo, 2017
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Indulto no va

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Opinión

“Y la Fiscalía… ¡qué quieren que les diga! Firma acuerdos que nadie conoce, trata a la empresa corruptora con guantes blancos, en fin, una decepción…”.

Frederic Bastiat, legislador y economista francés, sostenía en un texto de 1850 que peor que la ausencia de ley (anomia) es que la misma se pervierta; léase, que la ley no sirva a la legítima defensa de la sociedad y los individuos, sino que les sirva a aquellos que pervierten las reglas y al sistema. Eso es exactamente lo que estamos sufriendo los peruanos.

Anonadados, asistimos un día sí y otro también a la prueba irrefutable de que en el Perú las leyes no son anclas de derechos y responsabilidades, sino boyas móviles a las cuales se acodera aquel que quiera salirse con la suya. Y esto no ocurre en los niveles inferiores del sistema judicial, donde alguien podría –de buena fe– señalar la falta de experiencia o de carácter. No. Ocurre en los más altos niveles de la estructura legal.

El Tribunal Constitucional, por ejemplo, acaba de revertir el voto de un magistrado respecto a un hábeas corpus presentado por un grupo de marinos; no obstante, el magistrado se reafirmó en su juicio. Revertido el voto, ganaron el fallo y, con ello, quiebran incluso acuerdos anteriores.

El presidente del Poder Judicial, Duberlí Rodríguez, adelanta opinión en el caso del ex presidente Humala, pero para él, los medios tergiversan sus opiniones, las “sacan de contexto”. Invalida las declaraciones de tres testigos, adelanta opinión respecto al trato que se le debería dar al uso de los “fondos de campaña”, y así. Pero para él todo está bien, no hay problema.

Y la Fiscalía… ¡qué quieren que les diga! Firma acuerdos que nadie conoce, trata a la empresa corruptora con guantes blancos, en fin, una decepción por donde se le mire.

El corolario de todo esto es simple: quien no quebranta una ley en el Perú, más que un buen ciudadano, es un iluso, ignorante o idiota, ya que no saca las ventajas que el sistema te permite. O sea, existen leyes, reglas e instituciones, pero está claro que no están para que se sigan, sino para que den la impresión de estructura. ¿Cómo cambiar este desastre?


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