26.JUN Lunes, 2017
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LA PORTADA DE HOY

"Digan la verdad"

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Opinión

“Al presidente y el premier les cuesta mucho tomar decisiones duras cuando se trata de su entorno íntimo, donde la amistad y la lealtad pesan mucho”.

Hay situaciones políticas que se caen por obvias. La censura del ministro Saavedra, por ejemplo. Más allá de las simpatías o antipatías, era vox populi el resultado de la votación a favor de la censura. El gobierno sabía que lo censurarían y, sin embargo, optaron por esperar el desenlace. ¿Por qué? ¿Qué ganaban con eso? Para Saavedra, la censura era una suerte de amuleto para el futuro, sería recordado como una suerte de “símbolo” de lo que es capaz de hacer el fujimorismo cuando tiene poder. Punto para los antifujimoristas.

¿Pero para el gobierno? ¿Para el presidente, el premier y el gabinete, tuvo sentido? Creo que no; pasados los meses, lo cierto es que al gobierno la censura le costó entre 10 y 15 puntos de popularidad, y el acto reforzó al fujimorismo (las encuestas lo dicen).

Lo mismo sucedió con el ex asesor Carlos Moreno. De arranque, el presidente Kuczynski sostuvo que la salida respondía a “temas personales”. Tuvieron que pasar varios días y que se haga público un audio para que el gobierno tome la obvia decisión: remover al susodicho de su cargo. ¿Cuánto le costó el caso Moreno al gobierno? Bueno, si se trata de popularidad, no tantos puntos, pero en verdad fue peor que eso: el caso disparó los primeros señalamientos de corrupción, le dio las primeras municiones a la oposición. ¿Valió la pena esperar a que las papas quemen para tomar acción?

Como los casos Moreno y Saavedra, podemos mencionar otros. Lo importante no es señalar las reacciones tardías del Ejecutivo ante decisiones que igual tenían que tomar o asumir, o el costo político que asumen por dichas decisiones tardías. ¿Por qué?

Pienso que al presidente y al premier les cuesta mucho tomar decisiones duras cuando se trata de su entorno íntimo, donde la amistad y la lealtad pesan mucho. Muy valioso, y habla muy bien de ellos. Pero en la política, como decía Maquiavelo, a veces “es mucho más seguro ser temido que amado”.


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