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LA PORTADA DE HOY

Siente la pegada

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Opinión

“En dicha dinámica, salta al teatrín un culebrón de corruptelas como Odebrecht y, claro, la sociedad se encuentra sin resortes, sin palancas, sin apoyo o guía”.

Durante años advertimos sobre las nocivas derivadas de la altísima polarización ideológica en la que vivimos. Por supuesto que la diversidad de ideas y reflexiones aportan a la vida política, económica, social y cultural de un país; pero cuando dichas ideas y reflexiones no están dirigidas a aportar sino a ganar espacios de poder (sean públicos o privados), pues la misma pasa de un gran aporte a una pesada tara. Impide la cooperación, la apertura, la producción de iniciativas, entre otros.

Claro, en épocas electorales dicha polarización facilita la lucha por el poder. Pero en el Perú, la polarización es el día a día, y ha penetrado –en dicha lógica– las fibras a todo nivel. Basta escuchar un debate radial o televisivo, o revisar las distintas columnas de opinión, para notar que nuestras élites intelectuales tienen por objetivo una agenda política antes que una idea de país. Si eso ocurre a dicho nivel, ¿qué otra cosa podemos esperar de otras élites locales?

Y entonces, en dicha dinámica, salta al teatrín un culebrón de corruptelas como el de Odebrecht y, claro, la sociedad se encuentra sin resortes, sin palancas, sin apoyo o guía. ¿Alguien ha escuchado un pronunciamiento gremial?, ¿alguna mesa de debate?, ¿alguna convocatoria a reflexionar o discutir posibles acciones? Nada.

Por supuesto, habrá respuestas (o excusas, como prefieran). Y sí, muchos tienen el techo de vidrio o las cuentas manchadas. Pero esos no son la mayoría. ¿Por qué no vemos una reacción social, académica, empresarial?
La lucha contra la corrupción requiere de un compromiso con la justicia, independiente de pasiones, objetiva frente a los hechos y sujetos; y, por supuesto, con una futura reforma que impida la repetición de estos latrocinios. Nada de ello será posible si cada paso será tamizado por las angurrias políticas, por la búsqueda de un espacio de poder.

La “odebrechtización” de la agenda nos costará puntos de PBI y años de circo jurídico y mediático. Que, por lo menos, sirva para hacer los ajustes; claro, ello solo será posible si los actores están enfocados en ayudar, y no en aprovechar el momento.


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