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Opinión

Métete en la cama y verás quién llama pareciera ser la consigna a seguir por el moribundo presidente venezolano Chávez, internado en una clínica cubana por un cáncer que parece haberle, finalmente, ganado la batalla.

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Oliver Stark,Opina.21
Columnista invitado

Métete en la cama y verás quién llama pareciera ser la consigna a seguir por el moribundo presidente venezolano Chávez, internado en una clínica cubana por un cáncer que parece haberle, finalmente, ganado la batalla. Además de nuestro presidente Humala, también la argentina Kirchner ha confirmado querer estar unos momentos a su lado, claro, todo bajo la excusa de firmar importantes acuerdos bilaterales con la económicamente quebrada isla.

¿Qué es lo que esta casi extraña coincidencia de viajes caribeños quiere decirnos? ¿Por qué Humala quiere irse a ver con alguien que, si bien es cierto lo apoyó abiertamente durante esta y la anterior campaña presidencial, hoy, en su lecho de muerte, representa el comienzo del fin del llamado Socialismo del Siglo XXI y, más bien, le va a quitar –en vez de agregar– puntos en las encuestas de opinión recientemente en alza? Los políticos y la opinión pública en general, salvo Kenji Fujimori, están todos de acuerdo en que el viaje es, por decir lo menos, inoportuno.

Por otro lado, cuando Humala viajó a Buenos Aires (el viaje se destacó más que nada porque no fue Nadine) reforzó en uno de sus discursos que el Perú seguía apoyando a Argentina en su diferendo sobre las Malvinas, detalle que sonó a cliché típico de este tipo de visitas, pero que a la luz del presente viaje cobra importancia, sobre todo si sabemos que a lo que se refería nuestro presidente era al apoyo militar.

Estando tan cerca la posible exitosa conclusión de nuestro contencioso limítrofe marítimo ante La Haya y estando el Perú, para variar, en condiciones operativas de defensa subnormales y casi totalmente a merced de un equipo chileno superior, estos aparentemente misteriosos acurrucamientos a Argentina, vecina de los mapochos, y a Venezuela, poseedora del más sofisticado equipamiento militar ruso, no hacen más que confirmar que Humala está jugando un sofisticado ajedrez geopolítico y multiplicando, de un porrazo, su capacidad operativa militar. La palabra disuasión en este sentido está más vigente que nunca, y Chile debe de estar recibiendo muy claro el mensaje. Si esto es así, punto para Humala


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