27.AGO Sábado, 2016
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LA PORTADA DE HOY

Descarta 'Escuadrón de la Muerte'

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Opinión

Exijamos prisión preventiva para José Luis Minaya Janampa. La Séptima Fiscalía Penal del Callao debe acusarlo por tentativa de asesinato de Joao, su hijito de 5 años.

Quiero comenzar contándoles lo que vi. Para quienes no han visto las infames imágenes del video que fue grabado por sus vecinos de Bellavista, para quienes tienen niños pequeños y se han negado a verlo porque no lo soportarían, quiero contarles lo que vi. Vi cómo un tipo despreciable de 45 años de edad y 100 kilos de peso –Minaya Janampa– agarra del pelo a un niño de 5 años, flaquito y semidesnudo –Joao–, lo levanta en peso y lo arroja con furia dentro de un lavadero de granito. Insensible al llanto de la criatura aterrorizada, Minaya Janampa abre el grifo de agua y deja que el chorro caiga en la cara de Joao, ahogándolo. El niño se retuerce y patalea mientras su verdugo lo somete. Parece la lucha desigual de un carnicero y un conejo que se resiste a ser beneficiado. Los gemidos del pequeño parten el alma. Los vecinos no entienden por qué lo odia tanto. Siempre escuchan cómo lo grita, cómo lo llama bastardo, animal. De pronto, el abyecto sujeto lanza al niño contra el piso y es entonces que se produce este dialogo escalofriante:

- ¿Me vas a hacer caso?

- Sí, papá.

- ¿Me entendiste?

- Te entiendo, papá.

Pero el sadismo de Minaya Janampa no ha sido saciado, de modo que el suplicio del infortunado Joao comienza otra vez: vuelve a zamaquearlo de los pelos, vuelve a meterlo de cabeza en el lavadero, vuelve a abrir la llave del agua para someterlo a esa siniestra técnica de tortura tan utilizada en interrogatorios policiales a delincuentes avezados. Pero Joao es solo un niño y no soporta más, se está ahogando y, como su cuerpecito está mojado, se resbala y logra escabullirse de las garras de la bestia, cayendo nuevamente al suelo, desde donde vuelve a ser objeto del mismo perverso ritual de sumisión:

- ¿Una más?

- No, papá.

- ¿Me vas a hacer caso?

- Sí, papá.

- ¿Seguro? No me mientas…

- Sí, papá. Te lo prometo, papá.

Mientras todo esto ocurre, Bélgica Cabezas Salazar, la actual esposa de Minaya Janampa, permanece absolutamente impávida, sin hacer el menor intento de intervenir, dejando en claro que se trata de una escena de rutina. No le afecta el modo salvaje en que martirizan a ese niño frente a ella y a sus otros tres pequeños. No le duele. No le importa. No es su hijo. Es el hijo de la otra. La otra es Maritza Luis Vásquez, la relación extramatrimonial, la madre del pobre Jairo, la mujer que, cuando estaba embarazada de él, denunció haber sido brutalmente golpeada por Minaya Janampa, que no quería tener ese bebé, que le gritaba que ese hijo tenía que nacer muerto, que le dio tanto miedo que ni siquiera se atrevió a pedirle el apellido pese a que una prueba de ADN del 2014 demostró que él es el padre biológico. Y, sin embargo –nadie entiende por qué–, ahora Maritza se lo entrega, lo deja a su cuidado porque dice que un día “cambió”, que un día regresó cargado de regalos y juguetes y entonces le entregó a Joao, “solamente por tres días”, puso a su hijo en las fauces del mismo monstruo que antes la masacraba. Y esos tres días se transformaron en meses. Dice que, una vez, en las fotos que le mandaban, lo vio con la cara hinchada, pero que le dijeron que no, que no era hinchazón, que estaba gordito. Y cuando volvía a casa lo veía raro, callado, retraído, respondiendo a todo “sí, mamá”, como un robot o un soldadito. Todas las alarmas fueron ignoradas y ahora, un día después de que el video ha sido difundido, un día después de que todo el Perú ya vio esa película de horror en que la víctima indefensa es su hijo, Maritza lo reconoce en las imágenes y llora: “¿Cómo iba a saber yo que este hombre iba a vengarse de esta manera? ¡Maldito, maldito, mil veces maldito!”.

Pero mil maldiciones son muy poco castigo para este torturador de niños cuya culpabilidad está absolutamente fuera de duda. Y no solo porque el horrendo video es irrefutable y porque los vecinos son testigos de este abuso sistemático y porque las lesiones y los daños ya fueron constatados por los médicos legistas y los peritos psicólogos, sino, sobre todo, porque cuando la reportera Alicia Retto, de ATV, se acerca al pequeño Joao y le pregunta por qué tiene todas esas marcas y cicatrices, una niñita de dos años –su media hermana– se asoma de pronto y –como si quisiera salvarlo de la desidia adulta– responde la pregunta por él diciendo: “¡Mi papá le pega!”. Lo dice dos veces, como para que nos quede completamente claro. Cuando, tras larga espera, la periodista, finalmente, confronta al cobarde Minaya Janampa, este se comporta en todo momento como el delincuente que es: primero trata de hacerse el buenito, admite que el del video es él y explica que lo que pasó fue que su hijo no quiso bañarse. Pero soporta muy mal el asedio de las preguntas y pronto termina delatándose solo, amenazando a la periodista con el típico “no creas que porque eres mujer no me voy a defender” para terminar mandando a todos a la concha de su madre. Algunos fragmentos de la entrevista, sin embargo, deberán ser tomados muy en cuenta por el doctor Roger Rodríguez Rojas, titular de la Séptima Fiscalía Provincial Penal del Callao: – Si mi hijo bota la comida, no quiere bañarse… le hablo.¿Metiéndolo al caño?A veces, hay que corregirlo (…) ¿Me tengo que ir preso? ¡Que me enmarroquen!
Luego de que la policía efectivamente se lo llevó detenido (para soltarlo un rato después porque no había “flagrancia”), luego de que dos especialistas del Inabif se llevaron a Joao a un Centro de Atención Residencial (que equivale a que la víctima se vaya presa) y luego de que su cara de psicópata ya es reconocida como un símbolo vivo del maltrato infantil en el Perú, Minaya Janampa ensayó ante las cámaras este patético mea culpa: – Se me pasó pues, ¿qué puedo hacer? Lo lamento. Que me disculpe la sociedad. Si me pudiera matar, me mataría, pero lamentablemente tengo que vivir.

Lamentablemente tienes que vivir, pero en una cárcel, para que, por lo menos, sirvas como ejemplo, miserable.


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