16.AGO Miércoles, 2017
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LA PORTADA DE HOY

En capilla

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Uso de la Palabra

El personal de migraciones del aeropuerto internacional Jorge Chávez trabaja en turnos de 12 horas, de 9:00 p.m. a 9:00 a.m. No les pagan horas extras, se encuentran sometidos al régimen CAS y encima están botando a mucha gente, se quedarán los antiguos. Dependen del Ministerio del Interior, pero viven en un purgatorio donde nadie se alarma por su situación propia del siglo XIX. “Como no hay trabajo, la gente atraca”, dice un empleado. El régimen CAS es lo más cavernícola que existe en el planeta. El principal ‘CASero’ es… el gobierno, este y los anteriores, aunque en el régimen de Ollanta Humala se abusó más.

Estoy fuera de Lima, con poca conexión, metida más en el campo que en las ciudades hiperconectadas, y solo puedo escribir desde esta pequeña gran ventana. De modo que haré un análisis, miope y a la vez profundo, de lo que pasa en mis redes. Hay una buena cantidad de gente molesta por un libro de la autora Cecilia Villegas, tuitera, abogada, columnista, analista política, etc. Parece que Villegas concluye que las esterilizaciones forzadas no son atribuibles a la larga lista de delitos cometidos durante los fujigobiernos, y esto indigna a mucha gente que reacciona con apanado mediático. Una de las faltas que le reclaman es no haber entrevistado a las mujeres esterilizadas a la fuerza para escribir su ensayo. Entiendo la indignación, pero creo que ya es momento de apagar las alarmas y dejar a cada fanático con su monotema. Pensándolo bien, está tan parcializada nuestra población, que son los mismos fujimoristas de siempre los que comprarán el libro, y los antis no lo leerán ni regalado. La Villegas es naranja y es fan de los fujitrolls más lumpen, listo. Fin del tema.

Una de las clásicas discusiones cuando se habla de hidrocarburos es si la modernización de la Refinería de Talara es rentable, o si es una obra creada solo para generar más empleo y recursos para la región Piura. El petróleo es un combustible cuyo precio internacional va en picada y aún así insistimos en explotarlo y refinarlo en lugar de importar uno de mejor calidad. El Perú hace muchos años dejó de ser competitivo en hidrocarburos. El Lote 192, en Loreto, con un crudo pesado y costoso de refinar, tiene la producción paralizada luego de que una coladera interminable por la vejez del Oleoducto Norperuano (40 años de construcción) nos dejara con el vergonzoso saldo de 13 derrames solo en 2016.

Vengo de ver la alucinante (esa es la única palabra posible, me perdonarán) revolución de la mandarina en la costa peruana. Estamos criando, cosechando, empacando y exportando millones de kilos de mandarina que se van, sobre todo, a Europa, Estados Unidos y en los últimos años también China. Esto genera decenas de miles de empleos temporales y miles de empleos permanentes, con una mayoría visible de mujeres. En Chincha, como en Chao, he visto una interminable producción de mandarinas que en estos días de Fiestas Patrias no para, continúa pagándole a la gente que decide chambear en su feriado, y sigue. No puede parar. Tiene una fila de camiones esperando que el producto sea cargado en sus tolvas para ser llevado a puertos, a barcos y al resto del mundo. Desde el Alto Larán hasta Pekín, el negocio exige mantener una cadena de frío, la mandarina viaja todo el tiempo como si estuviera dentro de un refrigerador. Un solo árbol peruano de menos de 5 años, si se le nutre y se le mantiene sano, llega a tener 2 mil mandarinas colgadas de sus ramas. Me he comido unas 20 en estos días, no tienen pepa, son dulces, fáciles de pelar, algunas más bonitas que otras pero todas deliciosas. Me he curado de gripes, he calmado la sed y las ansias de dulces, he disfrutado. Me he sentido orgullosa del Perú, como siempre.

En 2015, el gobierno de Ollanta Humala defenestró a la procuradora de Lavado de Activos, Julia Príncipe. Fue por denunciar a Nadine Heredia y entregar las agendas al fiscal Juárez Atoche, a quien le fueron muy útiles. Álvaro Gutiérrez, ex fundador del Partido Nacionalista, pidió al fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, que lo recibiera para entregarle las reveladoras agendas, la ruta del dinero. Sánchez lo derivó a su asistente. Gutiérrez confió en Príncipe y ella en Juárez Atoche. Una buena sinergia, aunque seguro soltarán a la ex pareja presidencial.

El viernes pasado, como cada día que me da la gana porque mi papi no es un preso cualquiera, fui a visitarlo. Lo encontré un poco más positivo, pues ya habían metido a la cana al capitán y es chévere no ser el único. Antes de irme pensé en el nuevo inquilino y pedí verlo. Como soy el niño congresista más simpático del Perú, me abrieron. El capitán estaba con su abogado, buscando opciones que lo libren de ser injustamente condenado por matar a terrucos que no eran terrucos (siempre lo mismo).

Minuto a minuto. Entras a Twiter, prendes la tele, escuchas la radio. Juzgas. Sentencias. Te vacilas, celebras. Que ya se van a la cana, que se jodan, ahora falta Toledo, ahora falta Alan, seguro que lo de Humala ha sido un arreglo entre Keiko y PPK, seguro… Con sus hijos no se metan, no tienen culpa de nada los niños. Es verdad. Pero igual quieres ver todos los memes: ya viste los de Alan y el Cholo pasando piola, incluso uno de Abencia Meza celebrando la entrada de Nadine al penal. Y te ríes, por supuesto… Pero qué tal si esta vez profundizas y vas un poco más allá, porque ni eres el público de un espectáculo callejero de humor –como para reírte sin pensar–, ni es este un show tan chistoso.

Pocas certezas tenemos en un país como el nuestro, diverso y complejo donde a la vez vivimos el chuponeo telefónico, vil y obsceno, con una cuna de civilización –5,000 antes de Cristo– como Caral y sus posibilidades de asombrar y seducir al mundo, igual que Machu Picchu, Choquequirao, El Brujo, la Huaca de Sol y la Luna, Kuélap, Líneas de Nasca y tantos espacios más. Poco nos ocupamos de ellos y menos los valoramos. Sí sabemos que mañana tendremos los rebotes de la protocolar ‘cumbre’ Keiko-PPK (las damas primero).

Hace unos días circuló entre los medios una nota de prensa absolutamente ambigua que habla de la posibilidad de traer delfines amaestrados al Parque de Las Leyendas. La nota fue enviada por una supuesta organización sin fines de lucro llamada Nemus Custodis.

Kenji Fujimori –el congresista más votado en la última elección con 326,037 adherentes– ha salido con fuerza inusitada a la palestra política, apoyándose en el interesado entusiasmo de algunos medios periodísticos. El hijo del ex presidente Fujimori tiene un ‘monopropósito’ manifiesto: sacar a su padre de la cárcel. Para sus pares, peca de ingenuidad en creer que siendo obsequioso con el gobierno y con los medios que alucinan hasta el extremo a Alberto Fujimori, convencerá y logrará que salga de prisión.

El cardenal George Pell, ecónomo del Vaticano y asesor cercano del Papa, tendrá que declarar ante la justicia de Australia, su país, por acusaciones de pedofilia. El papa Francisco creó en 2014 una comisión para protección de menores con la intención de cambiar la ley de silencio de la Iglesia católica respecto a los sacerdotes pedófilos y trabajar en la prevención. Para el periodista napolitano Emiliano Fittipaldi, sin embargo, si Benedicto XVI hizo poco, el papa Francisco no ha hecho nada contra la pederastia en la Iglesia. Sus opiniones se pueden leer en las entrevistas que dio tras la reciente publicación de su libro Lujuria a comienzos de año, cuya versión en español se lanzó hace un mes. El libro da cuenta de cómo varios encubridores de violaciones forman parte del núcleo duro de toma de decisiones: el famoso C9, un grupo de asesores principales que rodea a Francisco. Para Fittipaldi, el cardenal australiano Pell, miembro importante del C9, es “un auténtico criminal”.

Hoy se decide el destino del contralor general de la República. Con la montaña de críticas que tiene encima, resulta improbable que se mantenga en el cargo. Pocas veces se ha visto una caterva tal de acusaciones contra un funcionario de tan alto nivel, tiene rango de ministro. La memoria nos lleva a las siniestras campañas de la época de Fujimori-Montesinos. No hay ser humano que no sea demolido cuando enfrenta una artera campaña mediática diaria y sistemática. Solo falta que se le impute no ser peruano y ser marciano.

Señora Fujimori, ya estuvo bueno. A usted y su bancada se les ofreció el arresto domiciliario de su padre y lo despreciaron, luego se dedicaron a bajarse a uno y otro ministro, argumentando razones que tienen que ver con recelos pero no con mejoras. Hasta hace poco la mayoría seguía el espectáculo político que usted suele generar, pero cada vez es menor la audiencia porque nos estamos cansando de su rabieta. Usted ha sido niña también, de modo que sabe muy bien a qué me refiero: a boicotearlo todo cuando no se consigue lo anhelado. El problema mayor es que ese anhelo ya nada tiene que ver con nuestro bienestar, porque no es el poder lo que nos conduce al desarrollo, sino la acción, y para eso se necesita parar la rabieta.

Luego del lío sobre si nuestro legítimo pisco participaba o no con el nombre de aguardiente en un concurso internacional en Chile, el siempre equilibrado y confiable pisco Demonio de los Andes (Tacama) ganó una medalla de oro en Francia y otra en Inglaterra, donde cosechó dos preseas adicionales. En Bruselas, nuestra bebida nacional obtuvo distinciones.

Últimamente suenan las alarmas porque Donald Trump (el popular zanahoria gorda) ha dejado claro, una vez más, que el cambio climático lo tiene sin cuidado. Que Trump diga y haga lo que quiera, pues aunque nos afecten sus decisiones, el Perú tiene mucho trabajo cama adentro y este sí que es urgente. Este verano tuvimos calores inéditos, llegamos a soportar la mayor radiación solar del mundo en febrero y uno de los desastres más fuertes de nuestra historia en marzo. Los fenómenos naturales pueden convertirse en desastres cuando no se han tomado medidas de prevención o cuando el ecosistema se altera producto de la actividad humana. Por ejemplo, demasiada agua que la tierra no puede absorber puede provocar inundaciones. Esta situación se agrava más aún con la deforestación, pues se destruye una barrera natural y el suelo se vuelve muy seco y polvoriento, provocando la erosión. El régimen hídrico también se ve seriamente afectado con la pérdida de árboles, alterándose los ciclos de las lluvias y la disponibilidad de agua en general. Podemos mitigar las inundaciones y huaicos restaurando los bosques que, además, contribuyen a capturar el carbono que ocasiona el cambio climático.

Vivimos en bronca permanente. El diálogo, necesario para la democracia, termina siendo un recuerdo tan vago como poco relevante para quienes, mal que bien, están a cargo de la marcha de nuestro país. Hay broncas estridentes, otras sordas, las de baja intensidad siempre sostenidas e irremediables. De todo como en botica. La más vistosa fue la irreconciliable ruptura de la izquierda. Los grupos de Marco Arana y Verónika Mendoza se aborrecen intensamente. Llegaron juntos al Congreso gracias a la organización de Arana. Los ‘mendocistas’ fueron tentados por el deseo del partido propio y terminaron masacrándose.

Las ocasiones en las que he entrado a algún colegio público durante los recreos he visto siempre a niños comiendo golosinas y “panchos” (salchichas ensartadas en un palito) con bastante mayonesa, y a solo 1 sol, cómo no. Comer porquerías es delicioso, seamos honestos. Me río un poquito (disculpen) cuando una mamá dice orgullosa que a sus hijitos les encanta el brócoli y que ella les dice que son arbolitos. Qué lindo, pero lamentablemente la mayoría de niños prefiere empujarse una hamburguesa con papas y su gaseosa bien dulce, y si pueden quitarle el tomate y la lechuga, mejor. Por eso la batalla contra la comida chatarra, colorida y deliciosa es cada vez más dura, y en muchos países del mundo. Una profesora que conocí en Estados Unidos me comentaba que el gobierno (Obama entonces, claro…) estaba haciendo una fuerte campaña para que los niños de colegios públicos conocieran las verduras, porque de tanto comer procesados ya no distinguen una zanahoria de un tomate, si les muestran un par de imágenes. Este drama, naturalmente, era mayor entre la niñez de menores recursos. Y es que comer sano es, casi siempre, más caro. Por eso nuestros índices de anemia son tan altos, con más del 40% de bebés entre 6 meses y 3 años afectados con esta deficiencia en 2016, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar del INEI.

Lástima que nuestro amigo Juan Javier Salazar –irónico y agudo pintor– ya no esté con nosotros y en medio de esta grave crisis política. Se habría inspirado para alguna creación cercana a su obra “Perú, país del mañana”, donde los presidentes de nuestra historia aparecen diciendo ‘mañana’, cada uno a su manera. O quizá nos hubiera brindado otro otorongo con la forma del mapa del Perú, donde la cola es Chile, reflejo de épocas tensas entre los dos países, hoy afortunadamente superadas.

Una encuesta realizada por Unicef revela que el 60% de los niños latinos tiene celular desde los 12 años. Si podemos comprarles celulares a nuestros hijos (a menos que ellos mismos ahorren para eso, como la mía), probablemente lo haremos, entre otras cosas porque así podremos comunicarnos cuando estén fuera de casa. Y en ese aspecto admiro cómo nuestros padres podían dormir cuando nosotros salíamos y, hasta que no regresáramos, ellos no sabían si estábamos vivos o muertos. Esa es la parte noble del asunto y la que nos otorga lo que yo llamo “la fantasía del control”, fantasía, insisto, porque lo que no vemos en los celulares de nuestros hijos es bastante más peligroso.

Lo bueno, ‘rebueno’ en realidad, la exposición ‘Donde nace’ sobre la obra Gerardo Chávez en la galería Pancho Fierro. El curador, su hijo, muestra magníficamente cómo trabaja la imaginación de este gran pintor peruano. El alborozo interior será grande y podrá abstraerse de lo ‘refeo’ que nos rodea, por lo menos un momento. Es sumamente ‘refeo’ que el ex presidente regional César Álvarez esté ¡¡¡cuatro años!!! tras las rejas con prisión preventiva. Un abuso que no inquieta a ninguno de los miembros del sistema judicial. La injusticia que ejercen no es su problema. Repudiable, suéltenlo ya y demuéstrenle su crimen; si no, jubílense por ese accionar propio de dictaduras.

Esta semana se ha hablado y escrito acerca de la protesta de algunos vecinos de Barranco por la proyección de una obra parecida a la Rosa Náutica en la playa Los Yuyos. Las playas de Chorrillos, Miraflores y Barranco han cambiado mucho. Las obras de infraestructura en la Costa Verde afectan la forma de algunas olas, convierten playas de arena en playas de piedra y, en el peor de los casos, se apropian de espacios públicos para sus locales y estacionamientos privados. Pero también hay títulos antiguos otorgados hace un siglo que delimitan los predios hasta “la quinta ola”. Recién desde 1997 existe la Ley 28656 que declara de uso público a las playas, cuyo reglamento no se aprobó hasta el año 2006.

En general, el equipo de gobierno está ligado al sector empresarial y a los negocios. La lista es larga. No la citaremos aquí porque nadie quiere un pogromo (linchamiento multitudinario) como durante el estalinismo y otras épocas contra los judíos. Los entusiastas con el régimen de Kuczynski esperaban que esa mentalidad dinámica se transmitiera al manejo del elefantiásico Estado que tenemos. Pero el gobierno defrauda a sus adláteres.

Un video lanzado esta semana por la revista H, devuelve nuestra mirada sobre un tema grave que hoy pasa desapercibido, merced a asuntos supuestamente más urgentes. Los periodistas Vanessa Romo y Antonio Escalante se sumergen en la espesura de Loreto, donde ciudadanos wampís siguen sufriendo las consecuencias de un derrame provocado por el Oleoducto Norperuano en febrero de 2016. La quebrada Cashacaño en el distrito de Morona es la protagonista esta vez. El video empieza con el hipócrita mea culpa del entonces presidente del directorio de Petroperú Germán Velásquez, en una audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en junio del año pasado, en Chile. Los nativos del Morona se indignan cuando ven al ex funcionario pidiendo perdón y asegurando haber destinado 350 toneladas de víveres y agua potable a las comunidades afectadas, haciendo alarde de un supuesto plan de contingencia que según los wampís nunca se dio. Cashacaño era un lugar de caza y pesca para nativos amazónicos expuestos, como tantos miles de peruanos, al abandono del Estado.

El solo hecho de que dictadores como Hugo Chávez y Nicolás Maduro y presidentes poco democráticos como Rafael Correa, Cristina Kirchner o Evo Morales hayan tenido un programa en la TV, ya es un razón poderosa para resistirse a la tentación de tener o creer tener más poder por contar con un espacio televisivo. En la Venezuela dictatorial hasta la esposa de Chávez aparecía en pantalla. Esta tenebrosa e inevitable asociación debió hacer pensar a los asesores del Presidente Kuczynski que no necesita más pantalla.

Los proyectos de ley últimamente no buscan el bienestar, buscan la controversia. Y quizás no solo los de ley, también los de infraestructura, los educativos, incluso los de la reconstrucción, aunque en este campo ha habido consenso gracias a que hay conciencia de lo cruel que sería postergarlo por divergencias políticas. Aplausos para nosotros. Lo triste es que seguimos careándonos, pechándonos cuando nos encontramos yendo en direcciones opuestas, buscando quién pasa primero por la calle estrecha, tanto que al final nadie puede pasar. Y creo que no crecemos nada con eso. Una comunidad de gente que solo se enfrenta no camina, siempre está reparando torpezas, bloqueando pasos, denunciando, juzgando, señalando y, en el mejor de los casos, disculpándose. En consecuencia no somos libres, más bien andamos con mucho temor a volver a echarlo todo a perder.

Estamos atosigados con las tardías denuncias contra Ollanta Humala. Estas refriegan a la moral pública que, gracias a la injusticia de la justicia, tuvimos un presidente violador de derechos humanos. Pero debatimos intensamente si se le reabre el juicio o no. Otra discusión nacional, cansina e inútil, es el improbable indulto a Alberto Fujimori y la pretensión gubernamental de dividir al fujimorismo.

Cada vez que un político decide negociar con mineros ilegales es, o porque su carrera política está por encima del interés nacional o porque tiene intereses en alguna región o porque alguno de sus amigotes los tiene. Así, a la congresista Aramayo se le ha ocurrido que, para pagar políticamente las promesas hechas por Keiko Fujimori a los mineros ilegales en campaña, hay que retroceder en la lucha contra una actividad criminal que genera más ganancias que el narcotráfico. Una actividad tan poco solidaria que está representada por dirigentes que se meten cientos de millones de soles al bolsillo cada año, sin tributar, pero luego se hacen las víctimas en representación del pequeño minero artesanal oprimido. Hay minería artesanal en el Perú desde hace miles de años, son personas que usan herramientas elementales, zarandas, y cuyo impacto no es comparable al de Madre de Dios. Pero estos pequeños mineros les interesan un comino a los personajes que ahora quieren hacerse las víctimas para que proceda la iniciativa de Aramayo. Y como Fuerza Popular está en deuda con ellos, ahora circula un pronunciamiento que defiende el proyecto de Aramayo con sutilezas como estas: “…por considerar que su inclusión en dicha figura delictiva implica sobrecriminalizar una actividad económica realizada por cientos de miles de peruanos (…) cuyos funestos resultados son: mayor ilegalidad en la actividad; corrupción generalizada de las entidades públicas vinculadas al sector; contrabando y fuga de oro a Brasil, Chile y Bolivia; evasión de impuestos; crecimiento de la delincuencia común; y hasta la invasión de la Reserva Nacional Tambopata”.

Se equivoca el titular de Defensa al responsabilizar del supuesto reglaje a su persona a los rezagos del ‘fujimontesinismo’ en los ministerios. Le falta memoria. Durante el gobierno de Ollanta Humala fuimos reglados, atropellados por los servicios de inteligencia grosera e ilegalmente. El Ejecutivo quiere cerrar los ojos a las tropelías realizadas por Humala y señora en el Poder Judicial, ministerios y Ejército (el informe de la llamada comisión Bernales quedó en nada).

Felizardo, Rambo y Juan Gómez viven en Santa María de Nieva, Condorcanqui, Amazonas, y pertenecen al grupo social que los nativos denominan colonos, como suele llamarse en la selva al que llega de la sierra. Cada cual más chambero que el otro, los tres hermanos se han casado con mujeres nativas y han aprendido a construir casas de madera, tejer techos con hojas de palmera, cazar animales, cultivar plátanos y yucas, pescar con redes y lanzas, hacer canoas e incluso hablar awajún. Pero nada de esto sabían hace unos 50 años, cuando llegaron.

Es difícil detectar cuál es el núcleo sólido del odio al fujimorismo por parte de un sector de nuestro país. Quienes lo han padecido y son medianamente racionales no lo sienten tan vibrante ni tan potente. ‘Peinando’ los posibles basamentos, resulta bastante evidente que el antifujimorismo –su antípoda– vende enormemente. Sobre todo se benefician quienes hacen política. Les procura presencia mediática para seguir con la letanía tonta de que arruinó la democracia, las instituciones, etc., y ser ciego frente al presente.

Me gusta la gente respondona. Me encanta que una persona renuncie a argumentos rebuscados para defenderse de manera políticamente incorrecta, callejera, frontal. Soy una convencida de que la elegancia, a ciertas alturas del debate, no sirve de nada. Y también me encantan los silencios por respuesta, cómo no, pero qué rico se siente una buena mandada al carajo a quien se lo merece.

Según Marcelo Odebrecht, su empleado Fernando Migliaccio desvió US$3 millones para la coima solicitada por Ollanta Humala y Nadine Heredia. Fue a pedido del intermediario Antonio Palocci, ex ministro de Lula, acogido también a la delación premiada. Antes, el colaborador eficaz Jorge Barata declaró lo mismo. Detalló que Vlademir Gareca, socio del publicista Luis Favre, asesor de campaña de Humala, transportó el dinero, inicialmente US$1 millón. Luego Favre trabajó con Félix Moreno –hoy preso–, fina cortesía de Odebrecht.

Hace un mes, una joven de origen peruano defendió a una pareja de los insultos racistas que era víctima por parte de otra mujer en el metro de Nueva York. El video se hizo viral y la mayoría de usuarios en las redes reconoció la actuación de Tracey Tong como un ejemplo a seguir. Tong se hace presente en la escena, se para junto a la mujer agresora y le increpa su actitud en español, en inglés, en el idioma que haga falta. “Tenemos que estar juntos, no odiarnos”, le grita Tong a la mujer racista. Tracey Tong se expone, se la juega, podría haberle caído un insulto o quién sabe un lapo, no importa, está ahí.

Luego de un cuarto de siglo vemos con estupor que el malhadado 5 de abril de 1992 sigue siendo recordado como si fuera ayer. Un medio llega a poner en sus cortes comerciales el dramático: ‘para que no se repita’. Critican acremente personas que no evidenciaron repulsa alguna en la aciaga fecha, incluso que trabajaron para el gobierno de Alberto Fujimori Fujimori siendo más tolerantes entonces. Y todos nos regimos, guste o no, por la Constitución de 1993.

La alianza del fujimorismo con la iglesia evangélica se oficializó hace un año, entre primera y segunda vuelta, cuando su lideresa se reunió con una serie de agrupaciones ante 4 mil personas para firmar un acuerdo político/eclesiástico de esos que deberían estar prohibidos por ley, si nos tomamos mínimamente en serio que somos un Estado laico. En el documento oficial la candidata se compromete a rechazar la unión civil. Su rechazo contradecía el discurso en Harvard meses atrás, pero no importa, todo vale en campaña. El peligro es que la lideresa en cuestión siempre, y desde hace más de 10 años, está en campaña. Lo cierto es que la reunión de los evangélicos con la candidata terminó un poco mal, pues le dieron demasiado micro a un tal pastor Santana que se despachó contra los homosexuales diciendo que eran una aberración, delincuentes, portadores de enfermedades venéreas y una serie interminable de calumnias.

Las lluvias disminuyen lentamente y aunque continúan en el norte del Perú, el fenómeno de El Niño está amainando. Pero nos deja un gigante: la incertidumbre en todo sentido. Luego de los picos exultantes de solidaridad, utilizados por algunos para la promoción de la autoimagen y de una unidad nacional bien ‘hipocritona’ –detrás del telón estuvieron la zancadilla y el aprovechamiento político–, vienen interrogantes serias.

Los periodistas que han entrevistado a la congresista Letona acerca de su proyecto de ley de control de medios gritan demasiado y no la dejan hablar, lo cual no ayuda, de modo que intento analizar con calma esta propuesta tan extraña. Que saltemos es normal, puesto que estamos alterados por lo vivido este verano interminable, entre los aluviones de corrupción y los que ahora mantienen a unas 100 mil personas con el agua hasta el cuello. Pisemos o no el barro, todos estamos dolidos y alterados. Y además tenemos memoria.

Hace tres semanas estuve trabajando en Chao, Virú, Tambogrande, Huanchaco, zonas que hoy están inundadas o devastadas por las lluvias. Era un viernes 3 de marzo cuando, de la nada, el biólogo Giuliano Ardito, con maestría en Ecología, me escribió un mensaje por Facebook, vaticinando lo siguiente: “… en noviembre decían que se asomaba un fenómeno de La Niña. En diciembre se empezó a transformar. Pero seguían diciendo que era una Niña, luego en enero ya no sabían qué decir. Y bueno, es otro Niño que empezó en diciembre y nadie esperaba. Lo llaman Niño costero y va a hacer mucho daño”.

En ocasiones como esta, lo más saludable es el silencio, a menos que nuestras palabras sirvan. Por eso, consciente de que las mías no servirán de nada, me siento bastante ridícula ante esta página en blanco. En mi cabeza solo hay gritos, barro y miles de personas, animales y objetos cayendo en avalancha y a toda velocidad hacia la costa ante nuestra mirada impotente.

Michael Callow, el primer ministro de una monarquía británica recibe, una madrugada, la llamada de un desconocido que le comunica que ha secuestrado a la princesa. El premier tiene las horas contadas: si no sale en televisión fornicando con una chancha antes de las 4 p.m., el plagiador matará a la infanta. Callow entra en pánico, está casado y tiene un hijo de meses, su esposa está traumada. En pocas horas ya se ha reunido con sus asesores, intentando contrarrestar la propuesta con un plan más digno o deseando con toda su alma que la llamada sea falsa. Mientras agoniza de desesperación, lo llama también la reina para presionarlo. El secuestrador ya hizo público su pedido en YouTube, el video ya se viralizó y la prensa ya hizo lo suyo, sabiendo cuánto puede vender una historia como esta. Pasan las horas, los asesores del premier contratan a un actor porno y a un experto en montajes digitales. Cuando el actor está a punto de abusar de la chancha, uno de los camarógrafos tuitea la foto del doble, generando una reacción masiva en las redes sociales, que no van a aceptar que les quemen el show con una estafa, y la ira del secuestrador: que una vez que descubre en Twitter que iba a ser engañado con un falso premier envía el dedo cortado de la princesa a Callow. Mientras tanto, un país entero se pega al televisor.

En medio de este indecoroso festival de escándalos por corrupción, lavado de activos, sobornos, tiradas de dedo, ex presidentes requeridos en la cana, y el descarado pánico de cierta fauna parlamentaria ante la sensata negación de la Fiscalía de compartir los detalles de la investigación sobre el caso Odebrecht, sale a la luz un tema que no había tenido cobertura, pese a reiteradas manifestaciones de madres desesperadas. La asociación Buscando Esperanza, formada por un grupo de madres que han recurrido al aceite medicinal de cannabis para atenuar los terribles síntomas de sus hijos epilépticos o con cáncer, ha sufrido el allanamiento de un pequeño laboratorio donde se dedicaban a preparar el milagroso remedio, o por lo menos alivio. Si bien estas mujeres, con sus hijos incluidos, ya se habían manifestado varias veces frente al Ministerio de Salud sin conseguir ser atendidas, lo cierto es que ahora sí tienen el foco de atención, pero por el morbo mediático de haber sido pescadas como si fueran delincuentes, y lo peor es que se han quedado sin la urgente medicina, hasta que los poderes Legislativo y Ejecutivo determinen si se legaliza o no su uso.

Cuando era niña mis padres me decían (cariñosamente) “gorda”. Pero yo era, más bien, una niña fibrosa, intrépida, deportista. Aun así, nada de lo que hiciera podía librarme del adjetivo supuestamente tierno. Yo era la gorda. Los primeros años el sobrenombre no me llamaba la atención, pues mi cabeza no se detenía en conceptos, pero conforme fui creciendo se convirtió en una obsesión. Me veía gorda, me sentía gorda. Es más, hasta hoy mis hermanos tienen la fantasía de que yo era gorda. Lo único real es que engordé mucho entre los 16 y los 18 años por la ansiedad de ser la supuesta oveja negra en un mundo gordofóbico que en los ochenta ya empezaba a perfilarse, y que hoy reluce su más extrema versión. Entonces el apodo cariñoso se convirtió en una profecía cumplida y, mientras más ansiedad sentía por creer que estaba condenada a no agradar a los demás, más comía. Mis padres me veían abrir el refrigerador y hacían comentarios respecto a mi sobrepeso, la gorda de cariño había empezado a hacer honor a su apodo y se convertía en un motivo de terror.

Quien insista en que el cambio climático es un invento merece ser censurado por irresponsable. Además de ser evidente, el problema del cambio climático no es un capricho de los ambientalistas, sino un asunto que afecta a nuestros bolsillos. En 2015, el Ministerio de Economía y Finanzas indicó que para el año 2025 el cambio climático le costaría al Perú el 4,4% de su PBI anual (más que el 3.8% del PBI asignado al sector educación en el presupuesto de 2016) y generaría pérdidas por 10 mil millones de dólares al año. Achachau.

El Sodalicio de Vida Cristiana, con su inacción tras el archivamiento del caso Figari, no solo ha legitimado el abuso sexual y sicológico como prácticas inherentes a su particular acopio de fieles, sino que ha echado mano de un estilo vandálico recurrente. Un documental reciente de la cadena de televisión Al Jazeera con el periodista peruano Daniel Yovera, muestra la decadencia de esa institución, a propósito del escabroso caso Figari. Perú: The Sodalitium Scandal es un impactante registro de cómo el Sodalicio, en el año 2014, contrata a una banda de asesinos en Piura para el desalojo de los pobladores de las tierras que hoy forman parte del proyecto Miraflores Country Club, de la inmobiliaria Miraflores Perú, que en Registros Públicos le pertenece en un 99% al Sodalicio. Negocios millonarios que no tributan, gracias al Concordato Perú Vaticano firmado en 1980.

Mientras viajamos a la sierra por fin de año, la artista visual y performer Kylla (Mónica Piqueras) organiza por teléfono los cuidados de su tío Juan mientras ella estará ausente, que le laven el poncho, que le lleven comida.

Quienes se divirtieron con este juego recordarán que era veloz, quien pestañeaba caía, y muchas veces podía ser violento, cuando el pelotazo caía con fuerza y la ‘muerte’ era imposible de evitar. Así será, desafortunadamente, el caso Lava Jato, que empieza a sacudir con estruendo a nuestro país. Algunos dicen que la corrupción Fujimori-Montesinos es menor frente a este megacaso porque abarca a tres gobiernos y puede alcanzar al actual. El tiempo lo dirá.

Prácticamente ya está aquí el año venidero. Por las proyecciones realistas, pinta parco y de poco movimiento económico. Hasta el más ‘naif’ sabe que la economía de un país es lo que sostiene la democracia y el bienestar de sus ciudadanos. Aquellos que viven en el mango, ajenos a esta certeza, que vayan bajando del árbol.

El título original, “El manifiesto comunista”, lectura obligada e inspiradora en la generación de los setenta, empezaba de manera misteriosa: “Un fantasma recorre Europa…”. Emulándolo podríamos decir: una alucinación intoxica al Perú, el antifujimorismo. Quienes están ajenos a pasiones tan básicas, sobre todo en un país como el nuestro, siempre nos preguntaremos el porqué. Hay hipótesis, bien informadas, que apuntan a una disputa algo cainita por el “premierato” (así es el poder, no necesariamente la práctica política).

A seis escasos meses de gobierno, el presidente Kuczynski dice con auténtica y sentida pena: “Mi bancada no me obedece”, evidenciando algo muy preocupante: no tiene control sobre ella. Y no puede tenerlo porque el grupo de los ppkausas que llegó al Congreso es una suma de voluntades individuales. Al no pertenecer a un partido político siquiera algo estructurado, cada uno de sus integrantes se dispara a su modesto entender y/o hígado, órgano tan usado en estos días para pensar.

Desde Aristóteles, la ética nos orienta a discernir entre lo adecuado y lo que no lo es. Exige poner en práctica principios y valores que todos debemos respetar sin discriminación. En suma, el dicho “a mis amigos, todo; a mis enemigos la ley” es absolutamente antiético. En estos días hemos debatido el caso de la esposa del ministro de Educación, Cecilia Ames. Los hechos: en octubre del 2016, la SBS la contrata para el cargo de “jefe del Departamento de Comunicaciones e Imagen Institucional, nivel 2, de la Superintendencia Adjunta de Asuntos Internacionales, Capacitación y Comunicaciones”.