Si la actitud de permanente confrontación, desprecio por las críticas, y de cierta soberbia que muestran el presidente Ollanta Humala y los miembros de su gabinete –empezando por el Primer Ministro– son producto de la recomendación de algún o algunos asesores, el Jefe de Estado debería despedirlos de inmediato y enmendar el rumbo.
La unidad nacional duró una semana. ¿Qué ha hecho que el mismo presidente Ollanta Humala que convocó a los líderes políticos a Palacio para promover un ambiente de concordia por el fallo de La Haya, altere ese ambiente una semana después atacando con fiereza a uno de sus invitados?
El gobierno y un grupo de empresarios están tratando de hacer olvidar los difíciles momentos de la relación entre ambos, por lo de Repsol y los ataques del Ejecutivo.
El Gobierno ha lanzado siete medidas para generar confianza entre los inversionistas privados, lo que es bueno como gesto. Pero al hacerlo ha señalado que el bache por el que pasa la economía peruana tiene su origen en causas externas (caída del precio de los minerales y turbulentos procesos electorales en varios países), lo cual es malo como punto de partida para lo que debería ser una saludable rectificación.
El Presidente y su esposa bajaron 5 puntos en la última encuesta de Ipsos, y dicen que fue por querer comprar Repsol, y apoyar a Maduro. Y debe ser cierto. Pero hay algo más.
Siendo las encuestas un instrumento sumamente útil para el análisis político y social, suelen convertirse –lamentablemente– en origen de extraños comportamientos y apresuradas ilusiones.
¿Qué mensaje le envío Ollanta Humala a Nicolás Maduro que le satisfizo tanto como para voltear la página rápidamente?, ¿Humala se reafirmó en la posición de su canciller sobre Venezuela?, ¿le pidió a Maduro que cumpla con recontar los votos y establecer el diálogo con la oposición?, o, en cambio, ¿le pidió disculpas?, ¿le prometió que el canciller no volvería a tratar el tema?
Tome la decisión que tome con relación a los activos de Repsol, el Gobierno ya se ha hecho mucho daño y, principalmente, se lo ha hecho al país. Y no solo por la intención misma, sino por la falta de transparencia y consecuencia con la que se vienen manejando estas negociaciones y evaluaciones técnicas, que hasta el momento no sabemos quienes las están haciendo.
Es verdad que el Presidente de la República dirige la política exterior del Perú. Lo señala la Constitución Política.
Las últimas amenazas, pedidos y sesiones de interpelación a los ministros del actual Gabinete nos han mostrado –una vez más– gran parte de las debilidades de los grupos llamados de oposición.
Las últimas semanas hemos sido testigos del enfrentamiento abierto entre el Gobierno y el Apra. Las próximas semanas escucharemos, seguramente, los reclamos del fujimorismo ante el rechazo del indulto.
¿Por qué el gobierno tiene esa actitud de confrontación con muchos sectores, que lo está llevando a un cierto aislamiento que no va a favorecer en nada al país?
El primer ministro Juan Jiménez ha endurecido su lenguaje y tiene expresiones muy duras contra quienes lo critican o contra quienes discrepan con él, mostrándose hosco y hostil, muchas veces sin razón ni sustento alguno.
La alcaldesa de Lima se salvó de ser revocada, aunque se quedaría sin sus regidores. Carlos Basombrío, Enrique Castillo y Ricardo Vásquez Kunze desmenuzan los resultados.
El No le ganó al Sí, y Susana Villarán seguirá siendo la alcaldesa. Pero mal harían ella y su equipo al considerar esto como un triunfo. No puede serlo cuando casi la mitad de Lima quiso que dejara el cargo.
Ayer se difundieron las últimas encuestas que podían publicarse en este proceso de revocatoria. Los últimos resultados no han sido alentadores para el Sí. Y aunque falta una semana en la que muchas cosas podrían pasar, nos parece interesante hacernos dos preguntas, pertinentes en este último tramo.
Análisis.21: Enrique Castillo, analista político.
Nadie puede dudar de la honestidad, sana intención, compromiso social, dedicación, apertura –aunque últimamente se ha visto mermada su tolerancia para recibir críticas y para tratar con personas que no piensan como él– y la caballerosidad del ministro Wilfredo Pedraza.
Lamentablemente el Gobierno actúa reaccionando a los hechos, y luego que las situaciones límite se lo exigen.
En esta campaña por la revocatoria de la alcaldesa Susana Villarán no hemos tenido la oportunidad de tener hasta el momento ningún debate político entre el SÍ y el NO que nos permita conocer y contrastar argumentos sólidos y válidos.
Durante las próximas cuatro semanas, los limeños viviremos inundados de encuestas, de declaraciones y de propaganda a favor y en contra del SÍ y del NO, y de denuncias y retos para los debates, en medio de un clima cada vez más sofocante y de un ambiente político cada vez más caliente.
Usualmente, los tres primeros meses del año solían ser bastante tranquilos, debido a que muchos aprovechaban los meses de vacaciones en la costa y de lluvias y festividades en la sierra para bajar las revoluciones de sus actividades y dedicarse más a temas personales o al descanso.
Los resultados de las últimas encuestas sobre la revocatoria, son muy poco alentadores para Susana Villarán. No solo ha subido 5% la desaprobación a su gestión y ha caído 5% la aprobación, sino que, además, se ha incrementado en 7% la adhesión al Sí.
Fernando Rospigliosi advierte que la eventual liberación de Antauro Humala tendría un fuerte impacto. Analista Enrique Castillo considera que el mandatario vive en un “oasis de popularidad”.
Analista Enrique Castillo considera que el mandatario vive en un “oasis de popularidad”.
El comunicado emitido ayer por Susana Villarán, a través del cual informa que ha decidido no brindar declaraciones públicas sobre temas vinculados al proceso de revocatoria cuando se encuentre desarrollando actividades propias de su condición de alcaldesa de Lima y utilizando recursos del Estado, pareciera reafirmar una tendencia a la victimización en esta parte del proceso.
Al cerrar la semana, dos decisiones políticas mantienen a los involucrados en el ojo de la tormenta y como principales protagonistas de los titulares de los medios.
Iniciamos un año que será políticamente complicado. Durante el 2013 se tomarán varias decisiones que no serán fáciles.
Difícil situación en la que se han puesto todos los congresistas, incluida la ministra de la Mujer, por no haber hecho las cosas bien.
El equipo peruano ante La Haya –que no es lo mismo que el actual Ministerio de Relaciones Exteriores– le ha dejado la valla bien alta al presidente de la República, al mismo canciller, y a la Cancillería en general.
La Primera Dama, Nadine Heredia –con las ministras mujeres del Gabinete, Trivelli y Triveño–, y el Primer Ministro, Juan Jiménez, le han dado a conocer a todos los peruanos –en los hechos y con un ejemplo vivo– la nueva política del Gobierno sobre la violencia contra la mujer.
¿Con qué autoridad moral el actual ministro de Trabajo podrá exigirle –o si quiera pedirle– a cualquier huelguista que no recurra a la violencia, si él mismo agredió verbal y físicamente a una dama que cumplía con su trabajo, amenazó a trabajadores y trató de violentar los accesos en un aeropuerto?
El Gobierno está envuelto en varios temas políticos controversiales como la solicitud de indulto a Fujimori, el constante traslado de Antauro Humala, la supuesta candidatura de la Primera Dama, el avance del Movadef, entre otros.
A pesar de que la población está de acuerdo con el cierre de La Parada, así como con la reforma en el transporte, un 65% de los encuestados por Ipsos Apoyo cree que Susana Villarán debería dejar el cargo de Alcaldesa de Lima.
La solicitud presentada por los Fujimori ya no es solo el inicio de un controvertido procedimiento que busca la libertad del ex presidente.
La presencia narcoterrorista en el Vraem y los movimientos del Movadef a nivel nacional e internacional se han convertido en un verdadero dolor del cabeza para el Gobierno.
De una día para otro pasamos de las peores noticias a los titulares de triunfo. La tragedia se convirtió en victoria.
No es usual que una comisión de indultos resuelva con tanta celeridad los pedidos de gracia presidencial, como ha sucedido en los últimos días con cuatro casos, y, sobre todo, los difunda a través de notas de prensa y hasta con declaraciones del titular de ese grupo de trabajo en fechas que no tienen nada que ver con la Navidad, Fiestas Patrias o el Día de la Madre.
Singular situación la del actual premier Juan Jiménez Mayor. Durante los primeros momentos de su gestión como Presidente del Consejo de Ministros hizo todos los esfuerzos posibles para marcar distancia del estilo y de las actitudes de su antecesor Óscar Valdés. Sin embargo, cada vez se está pareciendo más a él.
El primer ministro le pidió a los medios de comunicación que busquen otros temas para tratar y no se enfoquen en un solo asunto como el del indulto. Lamentablemente, el delincuente narcoterrorista ‘Gabriel’ le tomó la palabra, y provocó la destrucción de tres helicópteros de propiedad de una empresa privada, que se usaban para dar mantenimiento a las operaciones en Camisea, lo que pone sobre la mesa, nuevamente, el tema de la vigencia y fuerza de las huestes asesinas en el VRAEM.
Resulta difícil saber, hasta este momento, por qué razón el presidente de la República, Ollanta Humala, prácticamente “apuró” a la familia Fujimori para que presente la solicitud del indulto para el expresidente.
Tal parece que el presidente Ollanta Humala ha querido demostrar que él es quien lleva las riendas del Ejecutivo, pero, lamentablemente, en su intento ha mostrado que todavía son muy pocas las cosas que tiene claras.
Resulta comprensible que un ex militar defienda sin reservas la actuación de las Fuerzas Armadas en el VRAEM; pero no se entiende que un presidente, político, que dice defender a los más pobres, que vivió en carne propia el papelón de la Operación Libertad, y que ya conoce del asesinato de una menor de 8 años, critique a los políticos y a quienes cuestionan los errores que cometen quienes dirigen y quienes quieren utilizar a las Fuerzas Armadas.
Quizás ese sea el verdadero problema del presidente Ollanta Humala, que no sabe por qué lo critican. Si lo supiera, podría empezar a desplegar sus esfuerzos en hacer aquello que el país está necesitando con urgencia para no perder ese impulso que hoy tiene.
De nada ha servido que el Primer Ministro haya acompañado al Gobierno en toda la gestión; que haya marcado distancia de la gestión de Óscar Valdés; que hayan “refundado” la Oficina de Gestión de Conflictos Sociales de la PCM; que hayan nombrado un Alto Comisionado para el Diálogo; que se haya gritado a los cuatro vientos que ahora sí se iba a privilegiar el diálogo.
Hoy se presenta el Gabinete Jiménez al Congreso a buscar un voto de confianza que se da por descontado que le será otorgado. El reto, por tanto, no será el de convencer a los parlamentarios. Hay una tarea mayor, que es la de convencer a la población de que esta nueva gestión tiene la capacidad y creatividad como para hacer algo distinto y mejor a lo hecho por los gabinetes Lerner y Valdés.
Varios gobiernos han intentado reformar las Fuerzas Armadas (FF.AA.) y la Policía Nacional del Perú (PNP), pero todos estos esfuerzos han terminado, por temor y por intereses poco claros, en reestructuraciones parciales y cambios cosméticos.
Las mejores pruebas de que el Ejecutivo anda sin rumbo claro y sin manejo político son: la decisión de prorrogar por 30 días más el estado de emergencia en tres provincias de Cajamarca; y el mal manejo que se viene haciendo de la anunciada nueva ley sobre el magisterio.
Si hiciéramos un repaso tratando de encontrar la reforma o la obra más importante que se haya hecho en cada ministerio durante este primer año de gobierno, nos encontraríamos con muy poco.