29.MAY Lunes, 2017
Lima
Última actualización 01:14 am
Clasificados

LA PORTADA DE HOY

Lo complican

Compartir:

Columna Rosana Cueva

En solo unas horas, el tema Chinchero recolocó a los actores políticos y técnicos del proyecto, desnudó una vez más las debilidades del Ejecutivo y pone en cuestionamiento el modelo APP. Martín Vizcarra ya no es ministro de Estado. El consorcio Kuntur Wasi se quedó sin la concesión del aeropuerto no sin antes anunciar acciones legales por incumplimiento de contrato. El Cusco anuncia un paro indefinido.

No me encuentro entre los detractores extremos del estrenado programa “Conversando con el presidente”. Se puede cuestionar que el programa no figura en la lista de urgencias nacionales por atender, que su gestión no se puede quejar de una falta de cobertura de parte de los medios, pero no deja de ser interesante la búsqueda de nuevas formas de comunicación a través de plataformas cada vez más accesibles. En un día, el espacio presidencial ha tenido en Facebook cerca de 30 mil visitas. No es un mal debut, que, sin duda, ha revelado también algunos puntos por afinar.

Bienvenida la reconstrucción y la designación de Pablo de la Flor como director de la autoridad responsable. Apenas investido en el cargo, ha dicho que serán necesarios tres meses para diseñar el plan de trabajo. Habrá que esperar. Hay, sin embargo, urgencias que, a pesar de no figurar en el ámbito de funciones de esta autoridad, el Ejecutivo no puede descuidar: la lucha contra el mortal dengue que ha costado, a la fecha, 16 vidas en Piura.

Francisco Soberón, fundador de la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh), una de las más reconocidas instituciones en su ramo, ha dicho que no se arrepiente de nada y le resbalan las críticas. Soberón se reafirma en que, durante la campaña electoral de 2011, tenía la convicción de que Humala estaba seriamente involucrado en las denuncias de tortura y muerte en Madre Mía, pero, políticamente, había que apoyarlo frente a Keiko Fujimori.

Una decena de mujeres son asesinadas cada mes en manos de sus parejas y no estamos alarmados. Un miserable viola a una joven en una discoteca de Santa Anita y, de manera insólita, todo el salvaje ritual es grabado con pulso casi profesional. En el video incriminatorio se escuchan vivas al violador, otros que se acercan solo le piden que se vaya a otro lado para seguir con la vejación y el camarógrafo sigue grabando. Ninguno lo detiene.

Desde la presidencia de la Corte Suprema de Justicia, Duberlí Rodríguez se ha pronunciado de manera excepcional sobre el caso del ex presidente Ollanta Humala. Rodríguez puso a un lado el principio de imparcialidad y con sus declaraciones transmite un mensaje temerario para los jueces y fiscales que llevan el caso Humala.

Los destapes de Odebrecht llegaron al Callao y, por primera vez, la cuestionada hegemonía de Chim Pum Callao parecería amenazada. Supremacía que durante más de 20 años se ha sostenido, en muchas de sus facetas, con prácticas lumpenescas.

Nuevos vientos podrían estar soplando en nuestro país. Venezuela fue, una vez más, el centro de atención en los medios de la región. Latinoamérica ha sido testigo nuevamente de un golpe de Estado chavista, que no necesitó de una mayor intervención de militares armados, sino de una usurpación judicial, dirigida por el Tribunal Supremo de Justicia, sometido a la fuerte influencia del régimen de Maduro.

Piura está viviendo uno de sus momentos más difíciles. El desborde del río Piura, tras casi tres meses de incesantes y torrenciales lluvias, ha sido devastador. Sus defensas resistieron cifras históricas de caudal hasta la madrugada de ayer, en la que no soportaron más el embate extraordinario de más de 3,000 mt3 por segundo.

Desgarrador, en medio de la tragedia, el grito de una pequeña: “¿Por qué, Diosito, por qué nos castigas de esta manera?”. Qué difícil explicar a esta pequeña y otras víctimas que lo sufrido no proviene de una causa divina, sino del resultado de sobrevivir en un país marcado por la informalidad, en el que la palabra prevención se resiste a instalarse en el vocabulario de muchos. La factura la estamos pagando y muy caro.

El jueves “la primera póliza de seguro” del presidente Kuczynski (dicho así por el mismo PPK en campaña) ingresará a un campo minado en el que, pese a que varios congresistas lo niegan, corre el alto riesgo de salir censurado. Martín Vizcarra, ministro de Transportes y Comunicaciones, pero también primer vicepresidente de la República, llega débil a la interpelación por el caso del aeropuerto de Chinchero.

Desde el Ejecutivo se insiste en irradiar señales de incertidumbre y hasta de temor. La respuesta a las denuncias de los procuradores ha sido muy mal manejada desde la oficina del primer ministro. Excesiva, fuera de lugar: sobre todo porque, más allá de la falta de consistencia de las denuncias, los supuestos acusados son el presidente y su primer vicepresidente y también miembro de su gabinete; por tanto, Zavala era el menos indicado para confrontarlos. Inoportuno, además, por reflejar una susceptibilidad propia de quien se encuentra a la defensiva en momentos que se exige liderazgo.

Si algo parece caracterizarnos son nuestras contradicciones. Según la última encuesta de GfK, 52% de los encuestados (11% más que el año pasado) considera que la corrupción es el segundo mayor problema del país. En octubre del año pasado, una encuesta de Pulso Perú revelaba que el 63% de encuestados consideraba que a los peruanos en el fondo les da lo mismo la corrupción, 45% aceptaba ser tolerante con ella.

La tragedia de Independencia todavía nos conmociona, duele y conmina a repensar sobre nuestra convivencia como sociedad. La muerte de cinco personas y nueve heridos de bala producto del trastorno psicológico de un joven marca un nuevo hito en la escala de violencia nacional.

“Dead man walking”, en español “hombre muerto caminando”, es una conocida frase utilizada en las prisiones estadounidenses para los sentenciados rumbo a su condena de muerte. Alguna vez la escuché en referencia a un ministro cuya salida era un secreto a voces y, por tanto, su poder estaba en vías de extinción. Otra más común y conocida es la de “pato rengo”, traducción de la expresión, también estadounidense, “lame duck”, término sarcástico con el que se refieren a presidentes o congresistas próximos a dejar el cargo. En los hechos, ya no mandan.

Desde el inicio de su gobierno había más de una denuncia en contra de Alejandro Toledo. Una tuvo especial relevancia en mi vida profesional. En el 2004 me tocó la tarea de estar al frente de una investigación sobre la denuncia de falsificación de firmas del entonces presidente para la inscripción de su partido. Meses previos a ese trabajo me tocó colaborar con una organización cuyo lema era la verdad ante todo, para crecer como sociedad, para curar las heridas. Eran tiempos de trabajo de la Comisión de la Verdad. Esfuerzo que siempre consideraré necesario e imprescindible en nuestro país. Cuando apareció el caso de Carmen Burga, entonces principal testigo de la falsificación, dispuesta a contar su testimonio, se presentó también la necesidad de contar con el apoyo de un equipo de abogados para su defensa. Qué mejor apoyo legal que uno de parte de una organización que tenía experiencia en ese tema y espíritu fiscalizador. La respuesta, sorprendentemente, fue un rotundo y decepcionante no. Era, dijeron, el momento de apoyar la democracia. ¿Y la verdad, que tanto se pregonaba? Se postergaba para otro momento. Momento que nunca llegó.

Los grandes procesos anticorrupción en el mundo han tenido en común, entre otros puntos, la presencia de un liderazgo sólido y reconocido, que no se limitó a la tarea investigativa sino que logró contagiar y movilizar ciudadanía e instituciones. La batuta puede recaer en un juez, fiscal o procurador. Manos Limpias en Italia lo tuvo en la figura del fiscal Antonio di Pietro: forjado en pesquisas contra el crimen organizado, saltó a la fama en 1992 con la detención del político socialista Mario Chiesa, hecho que dio origen precisamente al proceso “Mani Pulite”. Brasil ha demostrado que en un momento crucial pudo tener a su alcance no una sino varias figuras, todo un equipo en el que destacaba el recientemente fallecido juez Teori Zavascki o Sergio Moro, el hombre al frente de Lava Jato. Moro se convirtió en juez federal a los 26 años, con estudios en el Harvard Law School, así como especializaciones en programas de lavado de activos en los Estados Unidos. Ha puesto contra las cuerdas a los más poderosos políticos y empresarios de su país. En Brasil es considerado casi un ídolo.

Enrique Cornejo se resiste a aceptar responsabilidad política por el caso de los sobornos de Odebrecht en la Línea 1. Se ha confirmado, con números de cuentas y montos, que el hombre que él escogió y nombró viceministro de Comunicaciones, Jorge Cuba, recibió en coimas 2.5 millones de dólares, según todo indica, por este proyecto. No es el único. Otro funcionario, Edwin Luyo, quien fuera miembro del Comité de Licitaciones y quien recibió igualmente depósitos ilícitos en Andorra, fue también designado y nombrado por Cornejo mediante una resolución que lleva su firma. Pero él no acepta siquiera un error en esos nombramientos bajo la excusa de que sus currículos profesionales eran los idóneos. Está claro que no fue suficiente.

Las delaciones del caso Odebrecht podrían generar efectos mucho más perjudiciales de los que a simple vista aparecen. Apenas percibimos la punta del iceberg de las revelaciones y una demoledora desconfianza se ha instalado en los peruanos contra todo el establishment. Desconfianza ante los políticos, empresarios, abogados, periodistas y, por supuesto, el sistema de justicia. Según encuesta de Pulso Perú publicada en Perú21, 54% cree que no pasará nada con el caso. Y la caja de Pandora aún no se ha abierto.

Más allá de que tuvieron que pasar seis meses para que se diera la esperada reunión entre el presidente Kuczynski y Keiko Fujimori o de que no fuera el jefe de Estado quien la convocó, el que esta finalmente tuviera lugar es un importante paso para intentar sacar al país de esta especie de círculo vicioso de la confrontación en el que nos encontramos.

Una vez más y en escasos cuatro meses. Otra vez, rabiosamente divididos, preocupados sin saber a ciencia cierta qué escenario político nos deparan los próximos cincuenta y seis. La interpelación llegó y, con ella, la anunciada censura que deja un sabor amargo. No porque algunos peruanos toleremos la corrupción, sino por la desproporción de la respuesta.

Mañana miércoles y los próximos días serán jornadas en las que se pondrá a prueba la madurez política de nuestros representantes del Parlamento y de los miembros del Ejecutivo. Apenas cuatro meses de nueva gestión, en uno y otro lado, y el nivel de enfrentamiento alcanzado en los últimos días llega a extremos que, incluso, ponen en riesgo la gobernabilidad. Congreso y Ejecutivo han entrado en línea de colisión por una interpelación que no puede ocultar objetivos ajenos de los que formalmente aparecen puestos sobre la mesa.

Un vuelco inesperado ha surgido en el guion de escape de Nadine Heredia. Es verdad que ella, legalmente, no fugó del país. Partió con todos los papeles en regla. La película, sin embargo, aún no acaba. El anuncio hecho ayer por la FAO imprime un giro imprevisto en la trama elaborada con dedicada anticipación por la ex primera dama. Contra todo pronóstico, la FAO de Graziano da Silva –que en un primer momento se mostró inflexible frente a los reclamos de la Cancillería peruana, que defendió en su página web la contratación a Heredia– anunció de manera oficial que ha aplazado la asunción de funciones de la señora Heredia como Directora de su Oficina de Enlace en Ginebra.

Algo anda muy mal en nuestro país para que la informalísima Mesa Redonda y la cosmopolita Larcomar resulten ser lo mismo cuando de respeto a la vida humana se trata. En Larcomar, el horario de poca concurrencia hizo que la tragedia no alcanzara las dimensiones mortales de la primera, pero la apuesta por administrar cualquier negocio, incluso el centro comercial más importante y turístico del país, bajo la más absoluta informalidad, amerita una reflexión sobre nuestra naturaleza empresarial.

Pasó lo que tenía que pasar. El congresista Roberto Vieira fue separado definitivamente de la bancada de Peruanos por el Kambio. El acuerdo unánime de este grupo parlamentario señala que la decisión se adoptó por el incumplimiento de las normas de comportamiento que rigen para los congresistas. Todo esto ocurre en una bancada en la que casos como el de Vieira son el factor común, no la excepción. En los hechos, el hoy parlamentario sin bancada Vieira fue el expediente más rápido, visible y efectivo a sancionar en el intento por empezar a poner orden en una bancada sobre la que el propio PPK ha reconocido que le falta disciplina.

El periodismo es esencialmente verdad y pluralidad. La convergencia de distintos puntos de vista de tal forma que el hecho noticioso se nutra y fortalezca, y el beneficio sea mayor para el ciudadano. La lucha que algunos dimos en gran parte de los 90 contra el fujimorismo fue una batalla contra la corrupción reinante, la ausencia de Estado de derecho y también por una libertad de expresión que recoja todas las voces. No más un coro con una sola melodía. Los 90 quedaron atrás; sin embargo, la intolerancia entre los peruanos y entre periodistas no solo pareciera estar intacta, sino con un vigor notable. El que no sigue mi partitura es un comprado, y si piensa distinto, de inmediato satanizado. Personal y públicamente he reconocido y felicito el aporte que viene realizando IDL-Reporteros sobre los whastsapp y correos sobre el caso OAS-Parque Rímac-By pass que nos ha permitido “probadamente” conocer todas las concertaciones para boicotear un proyecto. Juego sucio y con un reparto de peligrosos coprotagonistas. Falta, aún, probar el hecho de corrupción. La nula transparencia de parte de la gestión de Castañeda aviva, además, todas las sospechas.

La legítima indignación de un ministro sobre una resolución judicial que deja en libertad a 29 miembros de una peligrosa banda pone nuevamente el dedo sobre la llaga. Esta vez fue el juez Ismael Orozco, el magistrado que pese a admitir en su dictamen todos los hechos inculpatorios, incluso el peligro de fuga existente, concluye que una detención preliminar de 18 meses no es proporcional. Y, a sola firma, el juez Orozco se trajo abajo una operación de 8 meses de labor, en la que participaron 500 policías y 30 fiscales. Deja en libertad a 29 delincuentes que por años habrían estado involucrados en delitos de alta lesividad y violencia en el norte chico.

Sueño con el día en que los consumidores seamos ciudadanos, como se habla tanto hoy, empoderados. No la llanta de repuesto en el carro de la modernidad o simples billeteras listas para ser trasquiladas. Hace meses que, a través de las redes sociales, algunas radios y desde Panorama, se muestran casos probados de cobros injustificados. Mientras en los estantes aparece un precio, a la hora del pago aparece otra completamente distinta y no son céntimos de diferencia. Se ha acreditado cómo una promocionada oferta de 2.99 soles se convierte en caja en 11 soles. Cómo un vino cuyo precio en estante es de 21.90 en boleta aparece 37.90 y ocurre, de manera coincidente, en casi todos los supermercados.

El primer caso de corrupción durante el gobierno de Kuczynski apareció más pronto de lo esperado. Y dado que ya llegó, no queda otra que tomar nota de las varias lecciones que deja.

No una, varias compras militares durante el gobierno de Humala llevan a sospecha. Se han gastado 8 mil millones de soles pero los fiscalizadores de siempre prefieren mirar a un costado.

Aunque la frase completa de Napoleón a un nervioso valet en vísperas de la batalla de Waterloo, según su biógrafo Emil Ludwig, fue “Vístame despacio, que estoy apurado”, el espíritu del mensaje es claro. A mayor urgencia, más calma.

Suponer que estamos bien y que no hay nada que mejorar en los medios de comunicación sería de una medianía penosa. Estoy segura de que esa no es la posición del periodismo, como tampoco la de una apuesta por la censura de parte de la segunda vicepresidenta, Mercedes Aráoz, a quien sí hay que pedirle más rigurosidad en sus palabras.

Edición Impresa
Lo más leído