29.MAY Lunes, 2017
Lima
Última actualización 10:08 am
Clasificados

LA PORTADA DE HOY

Lo complican

Compartir:

Columna Ricardo Lago

Las malas ideas en economía son como las cucarachas, no importa cuántas veces te deshagas de ellas, tirando de la cadena del inodoro, que siempre aparecen de nuevo. En los países en desarrollo, una de esas malas ideas es la banca de fomento, es decir, los bancos públicos para atender a ciudadanos supuestamente desatendidos por los bancos. La idea es noble en teoría pero en la práctica casi siempre acaba en robo.

Les voy a contar una anécdota. Corría el año 2014 y mi amigo MR participaba en uno de esos limeñísimos y concurridos almuerzos tertulianos. Un comensal (Mr. X) le espeta en voz alta: “que bien le ha contestado Prialé a Lago, refutando lo de las comisiones”; a lo que MR replica “¿Alguien cree que no se pagan coimas para conseguir proyectos?”. Y Mr. X responde: “sí, se pagan pero si eres del estabishment eso no se puede decir, creía que Lago era del establishment”.

Resulta que al supuestamente “mediato” ex-presidente –el que paró la hiperinflación y derrotó al terrorismo– le dan 25 años de cárcel en tanto que al presuntamente “inmediato” le fabrican un sobreseimiento –amén de indulto por golpe de Estado chicha– para que sea presidente. Y también resulta que en ambos casos el fabricante es el mismo juez. Qué tal sistema de incentivos: al que construye, palo; al destructivo, presidencia. No es que no se haga justicia, sino peor, el sistema judicial lo que administra es la injusticia.

El viernes pasado el índice S&P500, de la bolsa de los EE.UU., registró un nuevo máximo histórico. Ayer, el sabio de las finanzas Warren Buffett, en su reunión anual con inversionistas, contestaba a una pregunta de un participante con estas palabras: “Las bolsas tienen una faceta de casino que las hace muy atractivas a muchos cuando ven que, a su alrededor, algunos se están haciendo ricos. Los que no han vivido varios ciclos bursátiles son más propensos a especular que los que hemos experimentado los desenlaces de ciclos de especulación salvaje”. El Profesor Jeremy Siegel –en su popular best-seller de los noventa “Stocks for the Long Run”– nos explicó cómo en el largo plazo ningún activo supera en rentabilidad a un portafolio diversificado de acciones. En concreto, el rendimiento anual promedio del índice S&P500 desde 1802 hasta la fecha, es decir en doscientos años, ha excedido el 6% anual en términos reales (una vez descontada la erosión de la inflación). Los rendimientos de las otras clases de activos: bonos, oro, commodities y bienes raíces, han estado muy por debajo de la bolsa. Pero hablemos del corto plazo bursátil, en el que el “timing” lo es todo. Hay rachas de bonanza y rachas de penuria, fases de optimismo y fases de pesimismo; a veces el optimismo deviene en euforia y las valoraciones saltan por las nubes durante varios meses o incluso años, como en el periodo 1996-2000 que se conoce como de “exuberancia irracional”. Le sigue una fase de pánico en la que las valoraciones caen por los suelos. Ocurrió en 1929, en 2001 y en 2008. Es ahí cuando la bolsa adquiere los tintes de casino que nos cuenta Warren Buffet. En esos trances el gráfico de las cotizaciones tiene más de comportamiento maniacodepresivo que de racionalidad.

Saltó a la palestra el indulto. El día de Navidad escribí en mi columna:

El FMI acaba de actualizar su informe periódico sobre las perspectivas de la economía mundial. Sube su proyección de crecimiento del PBI mundial a 3.5%, una décima más que en su actualización anterior de enero y cuatro décimas por encima de la tasa de crecimiento del 2016.

Abundo en el tema que me ha ocupado en las dos columnas anteriores. Son los bancos centrales los que emiten moneda. Lo hacen bien comprando títulos de deuda –normalmente pública aunque a veces también privada– o prestando el dinero al sector público o a los bancos. En un primer momento las emisiones monetarias provocan caídas en las tasas de interés y aumentos en el precio de los activos (acciones, bienes raíces, metales, etc.).

En mi última columna comentaba que los bancos centrales de las mayores economías del planeta se resisten a retirar del mercado las gigantescas emisiones monetarias suministradas desde la crisis del 2008. En trece años, desde 2003 a 2016, las emisiones combinadas de los nueve principales bancos centrales han provocado un aumento en la liquidez primaria del 500%. De momento, solo el banco central de los EE.UU. –la Reserva Federal– ha dado el paso de iniciar el proceso de retirada, pero a paso de tortuga y con titubeos; a finales del 2015, subió la tasa de interés a la que presta a los bancos comerciales de 0.25% a 0.5%; era la primera subida desde el 2006. Dieciséis meses después, la tasa todavía está a 1%, muy por debajo del 3% como mínimo al que los expertos consideran que debía de estar en condiciones normales. El banco central europeo continúa con su política de barra libre, inyectando en el mercado 50 mil millones de euros por mes.

“Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, es una frase que algunos atribuyen a Albert Einstein. Aprendemos de nuestros errores, pero los repetimos porque nos cuesta romper con los hábitos. Eso lo saben bien los banqueros centrales que desde hace un cuarto de siglo, y más desde la crisis de 2008, se resisten a retirar del mercado las abundantes emisiones de dinero que suministraron en momentos de crisis; salvado el bache siempre hay un buen pretexto para aplazar la normalización monetaria.

Ese es el adverbio más socorrido por comentaristas y entrevistados ante los estragos de los huaicos. Vocablo que infunde tristeza ante una desgracia, con el toque fatalista de que lo ocurrido es de “fuerza mayor” e inevitable. Suena como una lamentación al dios de la lluvia.

Vayan las primeras líneas en solidaridad con los afectados por los huaicos y en reconocimiento de los trabajos de rescate. Subscribo ese “me uno en oración por mi Perú” que ha difundido el cantante Alejandro Sanz.

Planteaba en esta columna la semana pasada la paradoja que suponen las altísimas valoraciones de las acciones en la bolsa de los EE.UU. en vista de las malas perspectivas de la economía mundial. Decía, además, que con el proteccionismo que se avecina (Brexit, Trump, ¿Le Pen?), el comercio mundial podía estancarse y hasta contraerse con la secuela recesiva que sabemos que ello tiene en las economías del planeta y más en las de menor tamaño.

Las bolsas han recibido con optimismo a Donald Trump; por ejemplo, el índice bursátil más popular, el S&P500 –que agrega las cotizaciones de las quinientas empresas estadounidenses con mayor valoración de mercado–, ha aumentado 7% en lo que va del año. Si comparamos su nivel actual con el punto más bajo en que comenzó este último ciclo alcista (marzo de 2009), la cotización se ha triplicado.

En las últimas semanas se ha producido un interesante y alturado debate sobre el modelo económico y la corrupción que ojalá continúe porque, en mi opinión, lograr un diagnóstico compartido sobre este problema puede ser determinante para definir la estrategia económica a futuro. Algunas de las contribuciones, que emplazo a los lectores a revisar, son las contribuciones de Martín Tanaka (“El fin del sueño tecnocrático I y II”), Jaime de Althaus (“Esta corrupción no es tecnocrática”), Carlos Meléndez (“Se roba pero se crece”) y Fernando Vivas (“¡Tu proyecto se pudrió, tecnócrata!”).

Un señor de profesión mesero compara su nivel de vida con el de uno de sus comensales que es gerente de un banco. Repasa mentalmente la letanía: él maneja un Audi nuevecito y yo un Toyota de 20 años; vive en una casa en Miraflores y yo en un depa en Los Olivos; sus hijos van al Markham y los míos a la escuela pública de la esquina; pasa sus vacaciones en Europa y yo en mi pueblo de Ayacucho; trabaja cinco días por semana y yo seis, etc.

Parafraseando a Beto Ortiz, en su magistral radiografía de la hipocresía criolla (http://peru21.pe/opinion/beto-ortiz-democracia-algo-relativo-2264629 ), podríamos decir que la corrupción es algo relativo.

El gobierno tenía en sus manos la oportunidad dorada para lanzar una señal clara contra la corrupción rompiendo con el pasado de estafas disfrazadas en proyectos de infraestructura. Pudo poner fin al apestoso proyecto de aeropuerto en Chinchero. No solo no lo hizo, sino que lo facilita promulgando una adenda para que la empresa constructora –y después operadora durante 40 años– que ha sido incapaz de levantar el financiamiento para ejecutar el proyecto, lo ponga en marcha con el Estado aportando la mayoría de los fondos.

La solidez de las instituciones destaca entre los factores que propician la prosperidad. Los países que cuentan con división y contrapeso de poderes, y justicia independiente progresan aunque no tengan recursos naturales. La economía funciona con eficiencia cuando —salvo en lo público— las decisiones de producción e inversión las toman las empresas privadas de forma descentralizada; cada cual pone en juego su dinero y asume los riesgos. Los EE.UU. tienen todo eso.

“Ay caracho, que las cifras no dan”, exclama el Sargento Lituma, rascándose la cresta, mientras examinaba la hoja de cálculo; “parece que aquí hay gato encerrado, o jato lavao”.

Imagínese que el Estado garantiza a las empresas un mínimo de ingresos anuales independientemente de lo que vendan o incluso aunque no dispongan de nada que vender o ni siquiera se empeñen en buscar compradores. Invierta usted 10 mil soles en un chifa, en una bodega o en un taller de reparación de autos y el Estado le garantiza ingresos mínimos de 10 mil soles anuales durante 34 años.

¿Cuándo logrará el Perú tener la infraestructura de un país desarrollado de la OECD? A menos que se ponga fin a la cultura de corrupción e impunidad, la respuesta es: nunca.

Desde Madrid les envío un cordial saludo con el deseo de que tengan un feliz 2017. Escribo a pocas horas del ritual de las doce uvas que había planeado celebrar en la Puerta del Sol –como es de rigor– al son de las doce campanadas, pero con los termómetros hoy a bajo cero, después de una semana de deliciosos días templados, habrá que despedir al 2016 a cubierto.

Mi deseo para los lectores de esta columna de una feliz Navidad y un próspero 2017. Ojalá en este nuevo año el Perú consiga avanzar frente a la inseguridad y la corrupción, que son los dos problemas más perentorios. Como he venido manteniendo en esta columna, para lograrlo es imprescindible llegar a un pacto de gobernabilidad entre el gobierno y el fujimorismo. La reunión del presidente con Keiko, el lunes pasado, fue un primer paso positivo. Esperemos que le sigan otros pronto.

Economista y asesor financiero

Las pruebas PISA no son un “psicosocial”, como afirmó un congresista en la interpelación al ministro Saavedra, sino la evaluación del rendimiento escolar más respetada internacionalmente. Tampoco son pruebas “bamba”, como dijo otro, porque las preguntas las diseña un organismo internacional, la OECD, que además controla la administración de los exámenes y analiza los resultados. Es una lástima que no haya un PISA para congresistas. A ver si se anima la OECD.

Economista y asesor financiero

Economista y asesor financiero

Economista y asesor financiero

Economista y asesor financiero

Convertir una carretera de 2,600 km en autopista y llevar agua potable y desagüe a las viviendas de toda la población no parecen metas excesivamente ambiciosas para un cuarto de siglo en un país, como el Perú, al que le ha ido bien económicamente en el período. Seguro que la mayoría de ciudadanos están de acuerdo en la prioridad de ambas metas.

Dicen los entomólogos (estudiosos de los insectos) que por cada cucaracha que uno ve en casa hay otras cien escondidas. Y así es como se debe interpretar el caso del asesor Carlos Moreno. No es un caso aislado sino uno de muchos. No es solo en este gobierno, sino en todos los anteriores. No fue detectado por los sistemas de control o la justicia, sino por la grabación de una conversación que realizó un ciudadano. Venía actuando desde hace bastantes gobiernos, y hasta en la última campaña Lourdes Flores y Alan García lo presentaban como gurú para reformar el sector Salud.

Nadie en su sano juicio puede estar favor de que continúe la violencia y en contra de la paz, por lo que si yo fuera colombiano votaría hoy Sí en el llamado referéndum por la paz. Pero lo haría sin entusiasmo, tapándome la nariz, y con la convicción de que el gobierno del presidente Santos ha negociado un precio demasiado alto.

Estamos perdiendo precioso tiempo para hacer reformas. Hay varias razones que lo explican pero la principal es que los fujimoristas no han entendido que el futuro político de Pedro Pablo Kuczynski y su partido se agotan en julio del 2021 y que es justo entonces cuando podría comenzar el tiempo de Keiko Fujimori, si es que Fuerza Popular juega bien sus cartas.

Economista y asesor financiero

Economista y asesor financiero

Economista y asesor financiero

En mi última columna conté un tipo de extorsión ahora en boga en EE.UU., uno que explota la laxitud del sistema de copyright y que incomprensiblemente se realiza a través del sistema judicial, dándole tintes de legalidad. Son casos para el FBI más que para los tribunales pero sorprendentemente de momento de FBI poco. Y cuando digo extorsión cito al Juez Otis D. Wright de Los Ángeles en una sentencia sobre Copyright Trolling que es como se conoce esta práctica. Funciona así. Un Mr. RAQ accede a la tienda internet del retailer VIC –pongamos en 2015– identifica una prenda con algún diseño caprichoso (por ejemplo dibujos de una manta inca) y verifica en el Facebook del retailer que todavía hay pocas fotos de dicha prenda y son recientes. Luego compra la prenda por internet, corta un retazo y le saca una foto; de ahí, accede al Copyright en línea, envía la foto, una declaración jurada de que la creación es suya de 2014 y 35 dólares. En días, el Copyright le envía un certificado de registro que reza que el diseño es propiedad de Mr. RAQ en modalidad de “trabajo de arte bidimensional”.

¿Estará el Perú mejor o peor en 2021? ¿Cuánto mejor? Depende de muchos factores, externos y locales, pero lo cierto es que los dos más importantes son un gobierno eficiente y una oposición constructiva y responsable.

Es una suerte para el Perú porque el país confronta grandes retos de desarrollo y también porque se vienen tiempos complicados para la economía y finanzas mundiales, lo que va a afectar al Perú, y no puedo pensar en un peruano más capacitado.

Con el referéndum británico del 28 de junio, la Europa de los 28 pasa a ser la de los 27. Bueno no todavía, en realidad ni siquiera sabemos cuándo, porque según el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que es el que establece el procedimiento de salida, primero el Reino Unido tiene que comunicarlo formalmente al Consejo Europeo y a partir de ahí empieza a contar un periodo máximo de dos años para negociar un acuerdo de retirada. Hasta llegar a dicho acuerdo el país saliente mantiene las obligaciones y derechos de cualquier país miembro.

El resultado de la segunda vuelta es bueno para el Perú y, aunque ella no lo crea, bueno también para Keiko. Este era el último tren presidencial para Kuczynski, pero Keiko tiene treinta años de vida política por delante. Los próximos cinco años le ofrecen la posibilidad de consolidar su liderazgo, realizar una mayor limpieza en sus filas, y sobre todo de llevar a cabo una oposición constructiva y responsable; si juega bien sus cartas, los electores se lo recompensarán en 2021.

En unas pocas horas, el país tendrá presidenta o presidente electo para 2016-21. Desde hace un par de años parecía que se avecinaba un fin de gobierno caótico e imprevisible, pero, por fortuna, finalmente, todo transcurre dentro de la normalidad institucional.

El plato fuerte del éxito económico del Perú, durante los últimos 26 años, ha sido la política macroeconómica. Si un ángel vidente, caído del cielo, me hubiera asegurado el 8 de agosto de 1990, día del anuncio del plan de estabilización, que la buena política macroeconómica se mantendría hasta hoy, por supuesto que no le hubiera creído.

Hoy arranca en el Centro de Convenciones de Lima la Conferencia Anual de la Organización Internacional de Comisiones de Valores o IOSCO, por sus siglas en ingles. En ella se agrupan los reguladores de las bolsas de valores de más de cien países. El año pasado la conferencia tuvo lugar en Londres y fue ahí donde Lilian Rocca, la jefa de la Superintendencia de Valores del Perú, consiguió que el Perú sea el país anfitrión en el 2016 .

El 5 de junio, y por vez primera desde 2001, muchos peruanos podrán acudir a las urnas sin el miedo apocalíptico de que el resultado de la votación ponga en riesgo la estabilidad económica del último cuarto de siglo. No solo porque Keiko y Kuczynski estén comprometidos con la economía de mercado, sino porque, además, no menos de tres cuartos de los congresistas elegidos también lo están, lo que significa que esta vez sí se van a poder emprender reformas y enmendar retrocesos. Oportunidad singular para avanzar en la agenda de desarrollo que probablemente no se vuelva a presentar. ¿Cuáles deben ser las prioridades? ¿Qué se puede aprender de otros países?

Es la continuidad del modelo de economía de mercado que se adoptó en el Perú en 1990, sobre las cenizas de una economía destruida y un Estado fallido a punto de convertirse en la Camboya americana. Como nos recordaba Juan Mendoza ayer en su columna, en el último cuarto de siglo la incidencia de la pobreza se ha reducido de casi dos tercios a un quinto de la población, y el ingreso per cápita ha mejorado 3.5% por año en promedio. Mientras que en el cuarto de siglo anterior, primero con el socialismo tropical de los militares y luego con el populismo, se deterioró el nivel de vida y proliferó la pobreza. En el Perú de hoy, en cambio, progresan las clases medias y el ciudadano emprendedor de a pie –ahora sí– puede convertirse en empresario.

Edición Impresa
Lo más leído